Un rascacielos con vistas a París

Alejandro Valverde no cesa de generar expectativas. Hoy apareció en la anunciada batalla de abanicos en la primera etapa de París-Niza, entre trotón y trotón. Supo aprovechar el trabajo de sus compañeros de Movistar, y especialmente el de su compañero de entrenamiento José Joaquín Rojas. Un hito más para el murciano en su retorno tras año y medio sin competir por mor de la sanción del TAS. Otro hecho para cimentar el rascacielos de expectativas que está construyendo sobre sus hombros.

Nadie dudaba de la calidad de Valverde. La había demostrado, más allá de turbiedades, durante años; desde que era cadete y le llamaban ‘Imbatido’ hasta su victoria, triste postre antes de ser suspendido, en la Vuelta a Romandía de 2010. Las reservas venían sobre si esa calidad se habría conservado bien, enlatada en entrenamientos y abdominales. Era factible que la fuerza del ‘Bala’ se hubiera anquilosado, que la inmensa explosividad que le caracterizaba hubiera envejecido, por mucho que impresionara en las concentraciones a sus compañeros de Movistar.
La prueba definitoria sería la competición; el murciano no la retrasó, quiso afrontarla lo antes posible en el Tour Down Under y sólo una exigua bonificación separó a su resultado de ser inmejorable. Las sensaciones, en cambio, sí fueron perfectas y se refrendaron un mes después en la Vuelta a Andalucía, donde Valverde realizó una crono decente y manejó a su antojo las llegadas en alto del Santuario de la Virgen de Araceli y La Guardia de Jaén. En adición, el líder de Movistar derrotó a una concurrencia de alto nivel (que incluía corredores con sus objetivos aún lejanos como Menchov, Samuel Sánchez o Frank Schleck, y otros que ya venían en gran forma como Täaramae o Coppel) y dio algunos golpes de mano para controlar el pelotón mediadas las etapas que inspiraron gran respeto en el resto de componentes del pelotón y levantaron voces…
¿Podrá Alejandro Valverde ganar el Tour de Francia tras su sanción? Algunos de sus coequipiers contestaban, sin vacilar, que sí; otros, rivales, lo veían igualmente posible. La facilidad con la cual había sometido a todos sus rivales, tanto en Australia como en Andalucía, así lo atestiguaban. Frente a sus capacidades físicas estarán las inmensas dudas que siempre ha ofrecido su solidez en una competición de tres semanas (teóricamente despejadas con su victoria en la Vuelta a España 2009, pero aún sin ratificación) y el recorrido de la ‘Grande Boucle’ en 2012, con casi cien kilómetros de contrarreloj tremendamente perniciosos para sus opciones.
Más allá de cuestiones que sólo podrán ser disipadas en julio, aparece una incógnita cercana con esta París-Niza, en principio no contemplada en su calendario (planteado como eminentemente español) pero incluida a raíz de sus excelentes prestaciones. Su nivel en la crono fue digno, pero no brillante (41º a 30” del ganador, Gustav Erik Larsson); su papel hoy en los abanicos, más que notable. Su gama de rivales en la lucha por la general de la carrera se ha reducido, con apenas Wiggins y Leipheimer en su nivel, y Van Garderen, Jeannesson, Spilak y Kiserlovski en una segunda fila. Y las seis jornadas restantes, con tres finales en cuesta consecutivos (a partir de mañana se afrontarán Le Lac de Vassiviére -3º-, Rodez -3ª- y Mende -1º-), dos jornadas de media montaña y una cronoescalada postrera al Col d’Eze, le son considerablemente favorables.
Quizá sea un buen momento para seguir apuntalando su rascacielos de expectativas… e incluso añadirle un par de pisos más desde los cuales otear París.

Era tan fuerte el deseo… – El retorno de Valverde

Era tan fuerte el deseo que la realidad sólo podía adaptarse a él. Parecía incluso una predestinación. “Mis dos últimos compañeros de habitación en el Tour Down Under, Luis León Sánchez y Fran Ventoso, ganaron en Willunga Hill”, tuiteaba José Joaquín Rojas. “Imaginad quién es mi compañero de habitación”, escribía cómplice. Quién iba a ser. Alejandro Valverde.

La historia del murciano, de los últimos años de su vida, es dramatismo. Más allá de justicia o injusticia, de espadas de Damocles o de marcas de Caín, el hecho es que Valverde convivió cuatro años con la sombra de la sospecha primero y la persecución después; la presión, infame, acabó por estallar y devenir sanción retroactiva en junio de 2010. A partir de entonces siguieron dieciocho meses de pura voluntad, apoyo encubierto desde la estructura que siempre le sostuvo (Caisse d’Épargne, Movistar: el equipo de Eusebio Unzué) mientras el murciano cumplía su parte del trato a base de abdominales, entrenamientos e incluso concentraciones.
Concentrado estaba en Sierra Nevada cuando murió Xavi Tondo en aquella estremecedora mañana de mayo. Hoy, en la entrevista televisiva de meta, Valverde tuvo un recuerdo para él. Sollozando, envió un agradecimiento “a quienes me han apoyado siempre”; a pesar de su sanción y la saña de la UCI, a Alejandro jamás le faltaron cariño o atención. También reconoció la labor de su equipo: “ha estado genial”.
Y no era para menos. Movistar deseaba la victoria de Valverde en Willunga Hill tanto o más que el principal interesado. No aportará puntos para el ránking de mérito de la UCI, ese artefacto siniestro que determina quién está en primera division y quién no, por obra y gracia de un “malu” o penalización de dudoso calado; pero importaba poco. Los telefónicos querían recibir al que ha sido su líder en la sombra con el honor merecido, y pusieron toda la carne en el asador.
Imanol Erviti controló en el llano; David López marcó un paso demoledor en la primera subida a Willunga Hill; Iván Gutiérrez y José Joaquín Rojas colaboraron con RadioShack en mantener un ritmo vertiginoso en el llano previo a la segunda y definitiva ascensión a la cota australiana; Ángel Madrazo marcó distancias con uno de sus habituales y desaforados demarrajes; Javi Moreno fue sorprendentemente el último eslabón que enganchó a los favoritos con los fugados Tiago Machado y Rohan Dennis para colocar a Valverde en la mejor disposición posible con apenas 500 metros hasta meta…
… Y final feliz. Al murciano casi le marra el triunfo verse obligado a tomar la curva final por el exterior. Pero eran tan grandes las ganas de campeonar, de poder decir con la cabeza bien alta que había vuelto, estaba limpio y seguía ganando… que superar al astuto Gerrans en el último golpe de riñón supuso una dulce tarea. Ahora tiene frente a sí un reto: imponerse al australiano en la general del Tour Down Under, misión harto complicada de cumplir toda vez que el potencial de su GreenEdge en el llano es enorme y obviamente superior al de Movistar. Pero el mayor de los desafíos ya está satisfecho. Valverde ha resistido su sanción y conseguido a las primeras de cambio una victoria en la élite para confirmar su retorno, su condición de superclase, su fuerte deseo de emocionar y emocionarse sobre la bicicleta.

Foto: Movistar Team

Proseguir la estampida

Qué feliz era el porvenir de Juanjo Cobo este mes de septiembre. El ‘Bisonte de la Pesa’ acababa de triunfar en la Vuelta a España, una de esas victorias que cambian vidas y a veces también personas completas, consumando una estampida gloriosa que recompensaba su capacidad de superación y dejaba a sus piernas libres del yugo de su cabeza para mostrar el potencial, crudo, existente en ellas. Su particular ‘Jumanji’ (véase el número 27), sin embargo, se vio contrarrestado por uno en dirección contraria a cargo de la empresa de Geox, que tras un año de convulsa esponsorización decidió poner todos sus huevos en la cesta de la Fórmula 1 a costa de destrozar un gallinero muy rentable.

A pesar de la desastrosa noticia, de estar abocada a la desaparición la estructura que iniciara su andadura en el profesionalismo con el nombre de Saunier Duval, Cobo se mantuvo fiel a su amo como sólo saben hacerlo las fieras. Agarrado a que Matxin o Gianetti encontraran un clavo ardiendo, como David De la Fuente y otros excelentes corredores que se han visto obligados a colocarse como saldos en un mercado ya de por sí persa como el ciclista, el ‘Bisonte’ esperó mientras su mánager Antonio Sánchez Sabater lo dejaba querer y anunciaba periódicamente que su cliente disponía de prolijas ofertas.
Desvanecida las ilusiones de Matxin, un lacónico artículo en El País adelantó lo que hoy se ha confirmado: Movistar ha hecho un hueco en su plantilla para Juanjo Cobo. Eusebio Unzué, mánager de la escuadra telefónica, apelaba aquel día a una especie de responsabilidad social: “si Cobo no encuentra equipo, nosotros le acogeríamos”. A través de su aparente condescendencia, el técnico navarro hacía ver cierta contradicción interna, como si acogerlo fuera un favor al ciclista y no una prebenda del mercado de fichajes que, a través de la desgracia ajena, le había proporcionado una figura de primer nivel a precio de ganga.
Tal vez pensaba Unzué en el Cobo que había tenido en plantilla la campaña anterior. En 2010, el corredor cántabro padeció un periplo desolador por el entonces llamado Caisse d’Épargne. “Una espina clavada”. No terminó ninguna de las cuatro carreras ProTour en las cuales tomó la salida; su mejor clasificación fue un discretísimo 35º lugar en la general del modesto Brixia Tour italiano. Los técnicos de Caisse no cesaban de preguntarle. “¿Qué te pasa? ¿Qué te hace falta?”. Juanjo no funcionó; se marchitó lejos de Matxin, el biombo que le protegía de sus propias tempestades.
Una Vuelta a España después, es de esperar que todo haya cambiado. Cobo tiene un motivo menos para sus dudas, pues ya sabe de qué es capaz. En la carretera puede someter sin pestañear a ciclistas de caché muy superior; fuera de ella es motivo para la inspiración de todos los enfermos de abulia. En Movistar tendrá el ambiente ideal para consolidarse y un calendario ilusionante, con el redebut en el Tour y la defensa de su campeonato de la Vuelta a España. Su reto será proseguir su estampida lejos del influjo de Matxin; la capacidad de superarlo la lleva consigo, dentro de ese cuerpo de potencial inigualable y esa mente cuya actividad ha de manejarse con tiento.

Bendita costumbre de combatividad

Tras el monumental sobresalto de ayer, la etapa de hoy no ha llegado a sorprender a nadie. En este Tour, la combatividad se ha convertido en una bendita costumbre.
La jornada camino de Pinerolo respondió al guión acostumbrado en un día de media montaña de una gran vuelta, más aún si éste se sitúa en la tercera semana de carrera: una fuga numerosa se marchó ante la pasividad del pelotón, corredores de segunda fila buscaron moverse para dar un salto en la general, el equipo del líder controló y en los postres se atizaron los favoritos con escasa significación mientras quienes marchaban por delante se jugaban la victoria. Pura, emocionante, normalidad.
Bien sabe de esto Rubén Pérez, ciclista de Euskaltel, el esforzado de la ruta que más escapadas del día (6) lleva acumuladas en este Tour junto a Mickäel Délage y Jérémy Roy (FDJ). Hoy se filtró entre los catorce de turno e incluso a estos les atacó en la subida a Séstriere; dejaba atrás al meritorio Andrey Amador, fugado a pesar de su esguince de tobillo, y a grandes escapistas como Sylvain Chavanel o Sandy Casar. También estaba en el grupo el irresistible Edvald Boasson Hagen, quien le adelantó en la subida a Pramartino y se resarció imponiéndose en meta de su derrota de ayer ante Hushovd. Precedió a Bauke Mollema, incapaz de neutralizarle y afectado por la mala suerte de su compañero en la empresa de cazar al gigante noruego, un Jonathan Hivert que desperdició la última oportunidad del modesto Saur-Sojasun de llevarse un parcial de esta Grande Boucle con un accidentado descenso que incluyó un derrape, una caída y una salida de bandera hacia un patio vecino a la calzada.
En el mismo descenso atacaron, desaforados y en conjunto para regocijo de Pepe Martí, preparador físico personal de ambos, Samuel Sánchez y Alberto Contador. El español ya lo había probado en la subida previa; su demarraje, sin embargo, estaba cantado y encontró la firme resistencia de unos hermanos Schleck dispuestos a no ser ridiculizados de nuevo por el ciclista de Saxo Bank. La bajada suicida de asturiano y madrileño apenas se tradujo en meta en 27 segundos de ganancia, para ellos y para el resto de favoritos, sobre el líder Thomas Voeckler (casi calcó el descenso de Hivert) y un Ivan Basso cuyo punto fuerte jamás fue la suerte del descenso.
El italiano de Liquigas es, precisamente, uno de los grandes interesados en las etapas que mañana y pasado decidirán en gran parte el Tour, en vísperas de la definitiva contrarreloj de Grenoble (sábado). La acumulación de dureza beneficiará a los fondistas como él. El viernes se afrontará el interminable Galibier por el lado de Télégraphe y, tras un larguísimo descenso, el legendario Alpe d’Huez. Antes, el jueves, se subirán tres puertos de categoría especial: el eterno Agnello, el durísimo Izoard y otra subida de enorme longitud como el Galibier encarado por la vertiente de Lautaret, poco adecuada para exhibiciones dada su exigua pendiente media de menos del cinco por ciento.
Serán dos jornadas, especialmente la de mañana, donde quien desee hacer daño deberá ser ofensivo desde lejos para ver su traducida su agresividad en diferencias en la meta. La posición ventajosa de un Evans cuyo punto [apenas] débil está en la alta montaña y la ausencia de un equipo verdaderamente dominante incentiva esta posibilidad de ataques lejanos. Unos Schleck heridos en su orgullo y ridiculizados en el mundillo ciclista, el sufridor Basso, los acostumbradamente combativos Contador y Samuel Sánchez e incluso un Movistar dispuesto a dejar fuera de control a Mark Cavendish para precipitar el maillot verde de la regularidad sobre los hombros de José Joaquín Rojas tienen mañana y pasado terreno de sobra para traducir sus intenciones en hechos. O, al menos, en honrosos intentos que dejen una marca en la memoria del aficionado, ávido de gestas que pongan la guinda a este intenso Tour de Francia.

The Sparrow of Cazoña can really fly

My friend Matt, the man behind that awesome blog called The Inner Ring, sent me this morning a link to an australian forum where aussie cycling fans are choosing their ‘obscure rider’ for 2011 Tour Down Under. What does this mean? Well, every year the members of PACC.org.au forums take one anonymous rider and make him a star, giving him big support, painting his name on the road… That stuff. In 2010, they took FDJ’s rider Artur Vichot; this year, their ‘obscure rider’ is going to be… ¡Movistar’s Ángel Madrazo!
And, of course, receiving a DM from Matt with that information, being me a Spanish U23 journalist… It was kind of a challenge I was eager to accept… Defend Ángel Madrazo and demonstrate he is pretty much a name to follow, a future world-class rider… rather than a geek, laughable cyclist. [[But also admiting that he looks alike that famouse McLovin]]
Born in 1988, Madrazo has always been one of the most promising young riders in Spain. During his juniors years (16-17 yo) he gathered 25 wins; as sub23, he won the prestigious Copa del Porvenir, a Challenge for amateur riders composed by around half-dozen one day races. In 2008, he raced a few days as stagiaire with Scott-American Beef (ex Saunier Duval) and was later signed by Caisse d’Épargne, biggest team in Spain with French sponsor.
His performance on this two first complete seasons as professional rider has been, at least, satisfactory. His lack of results is explained by the fact he has only taken part in difficult races, mostly the least prestigious ProTour competitions, like Tour de Pologne or Eneco Tour… but also in Classic Monuments like Roubaix or Lombardia. The sensations given by Madrazo have been fair, although his highest clasification has been a 9th place in a stage of Route du Sud.
For example, in the last Giro de Lombardia, he was in a good breakaway during the final part of the race with some well-considered riders as Vladimir Gusev and Giovanni Visconti; he was only dropped in Colma di Sormano climb. Furthermore, in a stage of latest Tour de Pologne edition, he was caught by the peloton at only one kilometer to the end of the race after a strong attack on a climb in a very Zoidberg performance.
The future looks bright for Madrazo. Nowadays, he is a decent climber and rouleur; a complete rider. His first shines as pro are expected for the final part of this year or in the start of the next season in hilly classics and one week races like Tirreno-Adriático or País Vasco, courses where Madrazo can fly like the Sparrow of Cazoña he is claimed to be.
You can name Madrazo ‘obscure rider’ and tease him, but you can also be sure that you will talk about Madrazo in a few years as a huge cyclist… and maybe still tease him.

Falso esprinter, verdadero superclase

El día de Año Nuevo, el Departamento de Prensa de la empresa de representación deportiva KEC Pro Sport difundió unas declaraciones de Rojas acerca de la próxima temporada. “Llevo unos años dando al palo y éste tiene que ser el de mi gran salto como corredor”. Una declaración de intenciones lógica y esperada de un hombre cuyo destino es ser por derecho propio uno de los cinco mejores ciclistas del mundo.

Hace unos años, José Joaquín Rojas (1985, Cieza – Murcia) era uno de los verdaderos ‘cocos’ del pelotón elite y sub23 español, primero enrolado en el Soctec de Fernando Devecchi y luego en el Würth de Juan González (filial del ONCE de Manolo Sáiz). Hay quien dice que su dominio en categorías inferiores sólo era comparable con el ostentado por su paisano Alejandro Valverde, ‘El imbatido’, tiempo atrás. Pasó a profesionales con el Liberty de Sáiz y de inmediato demostró sus condiciones de llegador, potente en contrarreloj y capaz de superar terrenos quebrados con los mejores; en su primera campaña completa en la élite fue capaz de ganar la montaña de Tirreno-Adriático y ser séptimo en los peliagudos Tres Días de la Panne. En los quince primeros días de competición de la segunda, ya en las filas de Caisse d’Épargne, consiguió ocho puestos entre los cinco primeros. Es su sino….
A lo largo de cinco campañas como profesional, el hermano pequeño del malogrado Mariano Rojas se ha clasificado 134 veces entre los diez primeros, ha acumulado un total de 41 podios… y conseguido sólo tres victorias. La lectura, en clave positiva, es una tremenda fortaleza propiciatoria de una sobresaliente regularidad: Rojas es capaz de mantenerse a un nivel altísimo durante prácticamente todo el año y de sacar ciertos réditos de ello. En clave negativa la conclusión es más pesimista: el murciano siempre está ahí, pero nunca remata. Problema grave para un esprinter, como él mismo reconocía en mayo del año pasado tras nueve meses sin conseguir una victoria: “Necesito ganar algo. Es algo obligatorio para un esprinter”.
La cuestión es si José Joaquín Rojas es un esprinter; mejor dicho, si es un esprinter nato. En las llegadas masivas, el corredor de Cieza suele colocarse bien, entre los cinco primeros en la fila de velocistas en condiciones de disputar la victoria. Sin embargo, durante la ‘volata’ suele equivocar sus decisiones, poniéndose demasiado pronto o demasiado tarde de cara al aire y enterrando gran parte de sus opciones con ello. En esas condiciones, debe tener una superioridad física notoria para imponerse; de hecho, sus tres triunfos han llegado en carreras de nivel .1 (etapas en Vuelta a Murcia y Tour de l’Ain, Trofeo Pollença de la Challenge de Mallorca) donde la competencia no era excesiva.
A Rojas le falta, pues, ese punto: el que distingue a los esprinters puros y ganadores de los esprinters segundones. Su calidad diferencial va por otros derroteros, y radica en su capacidad para escalar repechos y hacer rápidamente acopio de energías tras esfuerzos intensos… En otras palabras: condiciones ideales para pruebas de un día que, complementadas con su envidiable punta de velocidad, dan como resultado un interesante proyecto de clasicómano dominador. Coincide con esta opinión el mánager del conjunto Garmin-Cervélo Jonathan Vaughters, que intentó incorporar a Rojas a su equipo este verano: “Es un talento immenso. Si se dedica a las clásicas, puede ganar en ellas. Si quiere ser como Sean Kelly, puede serlo”.
A sus 25 años, José Joaquín Rojas afronta este 2011 como la primera de las dos temporadas que le ubicarán definitivamente en el escalafón del pelotón mundial. La solución fácil para el de Cieza sería conservar su lugar como esprinter de Movistar y esperar el nacimiento de un instinto ganador para colocarse en la élite. Sin embargo, en mi particular opinión, haría bien en aprovechar la ausencia de Alejandro Valverde en la escuadra de Unzué para probar a disputar Milán-San Remo o las Ardenas con los mayores objetivos. Puede ser su camino para dejar de ser bueno y convertirse en uno de los mejores.

Imagen: KEC Pro Sport / Abarca Sports

Xavi Tondo: "Veo a Sastre ganando la Vuelta"

Hay en el pelotón muchos gregarios que podrían ser líderes. Xavier Tondo (1978, Valls) es uno de ellos. Escalador fuerte y abnegado, buen contrarrelojista, experimentado pero no exprimido. El catalán lleva ya ocho temporadas como profesional en los cuales ha pasado por siete equipos de los calados más diversos, desde la precariedad de Barbot o Catalunya – Ángel Mir a la exuberancia del Cervélo donde ahora mismo está encuadrado. Conoce lo malo y lo bueno porque, para él, “cada año ha sido diferente”.
Lo único que se ha mantenido constante durante la vida profesional de Xavi Tondo ha sido su entrega, fuera de toda duda. En algunas ocasiones, pocas, faltó suerte; fue el caso del año aciago de Relax, donde las lesiones no le dejaron lucir cuando la oportunidad parecía perfecta. Cuando el infortunio le ha respetado, Tondo siempre ha rendido a buen nivel. Rara vez se le ha escapado un año sin triunfos o actuaciones destacadas, acabando por erigirse siempre en referencia del equipo de turno.
En 2010, su enorme campaña con Andalucía-Cajasur le valió el pase al suizo Cervélo, donde ha sido uno de los mejores lugartenientes de Carlos Sastre. También ha encontrado momento para el lucimiento personal, eso sí, como sucediera en la París-Niza donde consiguió una etapa merced a una cabalgada majestuosa. En el Giro, la segunda gran vuelta de su vida, tuvo un papel brillante en los primeros diez días colándose en los puestos más altos de la general y la fuga de L’Aquila; luego acusó lo cargado de su calendario pre ‘corsa rosa’ y una enfermedad acabó de sepultar sus opciones de destacar. A la Vuelta acude con ánimo, con hambre de bicicleta como siempre, y con el convencimiento de ayudar lo máximo posible a su líder Carlos Sastre y buscar su oportunidad cuando sea posible.
¿En qué estado de forma te encuentras en este momento?
Es una incógnita, apenas he competido desde el Giro; sólo en Polonia, donde estuve únicamente cuatro etapas llanas y después me caí. Las sensaciones eran muy buenas, pero después de la caída he estado mucho tiempo entrenando en rodillo y me encuentro un poco raro. Llego bien, pero no sé exactamente cómo.
¿Notaste en la crono por equipos esa caída? ¿Pasaste miseria?
Al contrario, tuve un gran día, hice un buen trabajo e incluso me felicitaron mis compañeros. Pero la crono por equipos era un esfuerzo corto, de menos de un cuarto de hora… La Vuelta no se decide en un esfuerzo de quince minutos, sino en los de media hora que se hacen después de cinco horas sobre la bici. De todas maneras, me vino bien para coger moral.
¿Cuál va a ser tu papel en esta Vuelta?
Sin duda voy a estar supeditado a Carlos Sastre. Él nos ha expresado que está en el mejor momento de la temporada, tal y como él quería después del año de mala suerte que ha tenido. Las caídas del Giro le impidieron entrenar antes del Tour, ninguna de las carreras le salió como quiso y aquí sí que llega bien. Es un corredor fiable y creo que para mí es incluso es mejor para mí tenerle de líder, es un grande del cual puedo aprender. Aquí en la Vuelta me dejan libertad hasta que lleguen los momentos comprometidos, ya cuando Carlos me necesite lo daré todo para echarle una mano y que él intente ganar.
Como en el Giro, ¿no?
Claro, allí demostramos que podemos hacer muy buena pareja. En Italia estuvimos los dos entre los diez primeros hasta que me puse malo y nunca se sabe; un día se puede jugar una carta, otro otra… Pero eso sí, siempre dejando muy claro que Carlos es el líder.
Entonces le ves a capaz de llegar a lo máximo en esta Vuelta…
Sí, le veo ganando. De hecho la crono fue muy bien, empezamos con buen pie al contrario de lo que sucedió en el Giro
Cambiando de tema, el domingo por la mañana se confirmó tu fichaje por el equipo Movistar. ¿Qué esperas del salto al equipo de Unzué?
Como puse en mi Facebook, cuando empecé en el ciclismo fue por Perico e Indurain. La estructura ha continuado, ahora empieza una nueva andadura con un patrocinador que es prácticamente el mejor posible. Para mí, que tengo mucha ilusión por el ciclismo, esto es una pasada. El año que viene tendré oportunidades, cuando vuelva Valverde quizá las cosas sean diferentes pero eso de momento no me preocupa.
¿Te ha prometido Eusebio Unzué un rol de líder o te ha puesto en la segunda línea junto a Cobo, Rubén Plaza…?
Iremos viendo, depende de la temporada y las circunstancias. Cada año es diferente. Yo trabajaré cuando haya que trabajar e intentaré estar delante cuando me lo pidan. En ese sentido, me adaptaré.
Dices que cada año es diferente, y en tu caso eso se cumple al pie de la letra. En ocho años has estado en siete equipos diferentes.
Sí, pero bueno… ahora tengo un contrato de permanencia de 24 meses con Movistar [risas] Ahora sólo queda esperar que sea fructífero y estemos a gusto.