Goss triunfa en una San Remo de las largas

Milán – San Remo siempre está rodeada de un halo especial. Es el primer plato ciclista de la temporada: lo anterior, enero, febrero, medio marzo, son meros entremeses a la espera del suculento Poggio, una subida que junto a su bajada culminada en el Lungomare Italo Calvino configura cada año quince minutos a guardar en la videoteca del buen aficionado al ciclismo.
Los quince minutos en los cuales suelen decidirse las ocho horas de Milán – San Remo fueron, por una vez, insuficientes para resumir todos los momentos para la historia que nos brindó esta 102ª edición de Milán – San Remo, probablemente la mejor de lo que llevamos de siglo. Se ha dejado sentir que el ciclismo actual no es tan unidireccional como en la pasada década; está lleno de alternativas por cuanto la máxima de “los mejores equipos en las mejores carreras” ya no es lo excepcional sino lo habitual. Buena muestra de ello es esta San Remo donde cada uno de los ocho corredores que se jugaron el triunfo pertencen a una escuadra distinta.
Contrariamente a lo acostumbrado en la Classiccisma, la carrera de verdad inició a casi cien kilómetros de meta; la fuga lejana no murió al pie de la Cipressa, sino recién terminado el descenso de Le Manié, la segunda subida de mayor entidad de la carrera tras el Turchino. Y no fue tanto por la dureza intrínseca del repecho, sino por las circunstancias que lo rodearon: una montonera en su inicio detuvo a medio pelotón, incluyendo al favorito Thor Hushovd, y un asfalto húmedo en el descenso eliminó a Freire y el equipo Rabobank al completo, que como ya conté en la previa está pagando ciertos problemas con las cubiertas de sus ruedas.
La carrera estaba ya servida: esta Milán – San Remo iba a ser de las largas. La cincuentena de hombres que había quedado por delante distanció al resto propulsada por el colmillo Leopard Trek de Cancellara y Bennati. Tomaron el relevo Omega Pharma (Gilbert, Greipel), Katusha (Pozzatto) y BMC (Ballan) para desesperación del conglomerado de escuadras que buscaba la fusión del pelotón.
La distancia entre ambos grupos se mantuvo entre uno y dos minutos hasta el pie de la Cipressa, momento en el cual el pelotón trasero fue dinamitado por un Scarponi superlativo, probablemente el hombre más fuerte del día. Impresionó el momento en el cual el corredor de Lampre encendía la mecha y sacaba de punto progresivamente a quienes viajaban a su rueda, impotentes ante una ‘grinta’ que llevaba al blu-fucsia a trazar las curvas de la subida como si de un descenso se tratara. Finalmente, Scarponi culminó su exhibición el llano previo al Poggio, reintegrándose en un grupo delantero cuyos componentes saludaron su machada con admiración.
El segundo ataque para el recuerdo del día llegó en pleno Poggio. Cuatro corredores se habían marchado por delante y tomado medio minuto de ventaja ante el pasmo general de unos favoritos indecisos: Van Avermaet (BMC), O’Grady (Leopard), Chainel y Offredo (FDJ). Vincenzo Nibali decidió tomar cartas en el asunto, en principio buscando ayudar a su coequipier Peter Sagan; dio un primer tirón y cesó al no encontrar a su rueda al eslovaco. Después vino un segundo demarraje; éste no se interrumpió hasta coronada la subida. Nibali, en una demostración de clase, rebasó a todos los fugados excepto a un Van Avermaet crecido que encaró la bajada hacia San Remo con quince segundos sobre ‘lo Squalo’ y un grupo de favoritos en el cual Cancellara, encendido, tomó la responsabilidad.
En apenas un par de kilómetros, el belga vio finalizada su aventura. Apenas restaban tres mil metros, de inclinación favorable, y ocho superclases cuyas escuadras habían trabajado todo el día en espera de este momento histórico. Ballan, Cancellara, Gilbert, Goss, Nibali, el valiente Offredo, Pozzatto y el inconmensurable Scarponi. Los estacazos se sucedieron: cada ataque fue neutralizado y respondido en tres minutos de ciclismo ofensivo, sin horizonte más allá del Lungomare.
A 300 metros de meta Scarponi probó buscando la sorpresa, pero halló rápidamente la respuesta de un Gilbert cuya táctica era similar, Goss y Cancellara. En un esprint de pura fuerza, con todos abiertos cara al aire a falta de casi 150 metros, el australiano de HTC se llevó el gato al agua. Esta mañana había tuiteado su desayuno: “Pasta, cereales y un poco de café… ¡Espero que me lleven a la meta!”. En realidad, lo han llevado directamente a la historia y le han asegurado un puesto como líder del futuro GreenEdge. Es la justa recompensa por ganar una San Remo de las largas, que va a durar lo que duran las leyendas.

El imbatible Gilbert otoñal dominó en Lombardía

Las últimas pedaladas del Giro de Lombardía, por ser también las últimas de la temporada ciclista europea, tienen un sabor especial. La conocida como “clásica de las hojas muertas” (sobrenombre que en ocasiones se adjudica erróneamente a París-Tours), el último Monumento de la temporada, constituye la pasarela postrera para que los mejores ciclistas hagan desfilar sus cualidades delante de los aficionados que les tienen por ídolos. Su recorrido, quebrado en la parte final con subidas que se encuentran justo en la frontera donde los clasicómanos flaquean y los escaladores puros aún no son superiores, es una garantía de movimiento; su prestigio forjado a lo largo de un centenar de años la convierten en un suculento postre para aquellos corredores que no ha saciado su hambre de victoria en el resto de la temporada.
Las condiciones ideales para Philippe Gilbert. El valón adquirió hace años la buena costumbre de reservar parte de sus naves para el final de temporada, con objeto de preparar los Mundiales y causar estragos en las clásicas y semiclásicas otoñales, sacando rentabilidad a su fondo físico y a sus cualidades de rodador potente y explosivo escalador de repechos de menos de tres kilómetros. Los réditos obtenidos de esta costumbre no podrían ser mejores: dos París – Tours y dos Giros de Lombardía en tres temporadas, amén de varias pruebas de un día de segundo nivel.

Más allá del palmarés, la gran herencia que han dejado estas campañas otoñales a Gilbert es la sensación de imbatibilidad. En octubre es el máximo favorito allá donde va, lo cual añade un plus de dificultad a su habitual empresa de vencer las mejores carreras con las mejores actuaciones. Porque lo que distingue al corredor de Omega Pharma de la mayoría de ciclistas contemporáneos es que, como los modernistas de la literatura, le importa más el cómo que el qué. Le gusta parecerse al flamenco Eddy Merckx, o quizá sólo sabe actuar como lo hacía el Caníbal. Eso depara días frustrantes como los Campeonatos del Mundo de hace un par de semanas, donde su espectacular derroche físico no alcanzó premio alguno; pero también jornadas gloriosas como la recordadísima Het Volk que ganó en 2008 rodando en solitario sesenta kilómetros, ganando el pulso a galgos como Hushovd, Nuyens o Cancellara.
Esta mañana, en la salida de Milán, todos los corredores miraban de reojo a Gilbert. Sabían que la suya era la rueda a seguir, que iría a por su segunda victoria en la clásica de las hojas muertas y que intentaría que ésta fuera más legendaria que la primera, conseguida en un agónico esprint con un Samuel Sánchez que por cierto estuvo presente pero anónimo en la cita de hoy. Los únicos puntos débiles del ciclista francoparlante podían ser su equipo, un Omega Pharma que siempre está bastante por debajo de la calidad de sus líderes, y sus nervios, tendentes a desquiciarse cuando recibe un marcaje como el que le hizo Filippo Pozzato en la París-Tours del pasado fin de semana.
Sin embargo, ni una ni otra flaqueza salieron a relucir: las circunstancias jugaron a favor del belga. La fuga del día estaba formada por ciclistas débiles y fue echada abajo fácilmente por sus coequipiers, que desaparecieron antes de Madonna del Ghisallo (primera de las tres subidas decisivas del Giro de Lombardía) como estaba previsto. Los primeros movimientos en la citada cota los dejó hacer Gilbert con sangre fría: Gusev, Visconti, dos jovencísimos reflejos de grandes nombres del ciclismo reciente como el cántabro Madrazo (sucesor de Valverde) y el holandés Bauke Mollema (sucesor de Boogerd)… no eran problema para el belga.
Fueron los otros favoritos quienes se pusieron algo más nerviosos y le hicieron la carrera a Gilbert. Saxo Bank no hizo valer su gran bloque: un Fuglsang algo atenazado no supo decidir cuál era el momento para romper pero sí hizo trabajar a su equipo. Nibali y Scarponi, solos sin estar para nada acostumbrados a ello, se movieron en la Colla di Sormano que seguía al Ghisallo y permitieron al resto de favoritos que no les fuera el caballo sin hacer mayores esfuerzos. Fue un sorprendente Pablo Lastras quien hizo la selección definitiva, en la cual se filtró junto a los citados Gilbert, Nibali y Scarponi, dignificando a Caisse d’Épargne en su última carrera como espónsor de la estructura de Eusebio Unzué.
En el complicado descenso de Sormano tuvo lugar un suceso que marcó el devenir de la prueba. Nibali, el mejor bajador del grupo, cayó por efecto de la lluvia; su infortunio cortó definitivamente a Lastras, un poquito menos a Scarponi, y dejó a Gilbert en solitario como cabeza de carrera. Quedaban unos veinte kilómetros de llano hasta la siguiente subida, la definitiva al repecho de San Fermo della Bataglia, y la carrera se planteó como un pulso entre el crack belga, Scarponi y un grupo de diez ciclistas que viajaba a un minuto de distancia.
Llegó entonces el otro momento decisivo de la carrera, cuando el director deportivo de Omega Pharma Hendrik Redant se puso en paralelo a Gilbert y le sugirió detenerse para formar un dúo en cabeza con Scarponi y tener más garantía de éxito en la lucha con la decena de corredores que venía, justita de fuerzas, por detrás. El valón mandó al cuerno a su director con un gesto explícito, pero aún así le hizo caso; renunció al cómo por unos kilómetros en pos del qué.
No se puede decir que le saliera mal la táctica. Scarponi tiró sin guardar nada, quizá ingenuamente por llevar en carroza a Gilbert, quizá inteligimente por cuanto se garantizaba un segundo puesto cuyos puntos permitían a su equipo Diquigiovanni-Androni desbancar a AG2R de la decimoséptima plaza del Ránking Mundial y asegurarse así el derecho a participar en 2011 en las tres grandes vueltas… siempre que la caótica situación normativa del ciclismo mundial no cambie de aquí a la próxima campaña.
Tras pasar más de tres cuartos de la subida a San Fermo en paralelo a Scarponi, sin realizar apenas esfuerzo, Gilbert aceleró progresivamente y doblegó al italiano, que cedió importunado por un badén que rompió su ritmo. En el descenso ya se vio ganador; el triunfo no se le escapaba, así que además pudo celebrarlo a lo grande, tomándose el tiempo que quiso en alzar los brazos al cielo. En meta entró segundo Scarponi y tercero un inspirado Lastras que tuvo piernas y, de no haberse cortado en el descenso de Sormano, quizá pudiera haber andado cerca del ciclista de Diquigiovanni… pero nunca de un Gilbert colosal, dominador en Lombardía como en todo el otoño ciclista.

Foto: CyclingNews

Italia incendió, Gilbert mereció y Hushovd emergió

El ciclismo nunca morirá. Al menos mientras se sigan viendo espectáculos tan legendarios como el de esta madrugada. Hoy la irresistible combatividad de Italia, la fuerza de Gilbert, el portentoso esprint de Hushovd e incluso el bochornoso papel de España han hecho olvidar la tristísima semana vivida por el ciclismo mundial y especialmente por el patrio y nos han recordado una de las condiciones insobornables de nuestro deporte: que nunca morirá.
El circuito de Geelong fue criticado a priori por ser considerado demasiado blando y ha acabado constituyendo el ejemplo más fehaciente e impepinable de que el factor que hace una carrera dura no es el recorrido, sino la actitud de los ciclistas. Al principio, en el camino desde Melbourne hasta Geelong, se dejó ir una fuga de corredores pertenecientes a selecciones modestas como es tradición en los Mundiales. Esta vez fueron Rodríguez (Venezuela), Tamayo (Colombia), Brammeier (Irlanda), Elammoury (Marruecos) y Kvachuk (Ucrania) los anecdóticos protagonistas que cogieron una veintena de minutos de ventaja a disolver paulatinamente con el transcurso de la carrera. El serbio Esad Hasanovic también quiso entrar en el combo, pero no pudo y navegó entre dos aguas un centenar de kilómetros. Tampoco tuvo mayor trascendencia; para cuando cazaron al último fugado en resistir, Kvachuk, su presencia allí delante o en las catacumbas no importaba.
Se dice que los equipos son reflejos directos del carácter de sus directores, y la verdad es que hoy la selección italiana difícilmente ha podido ofrecer un mejor retrato de la manera de ser de su ‘Commisario Tecnico’, Paolo Bettini. El ‘Grillo’ planteó la táctica de su equipo con el objetivo de que la carrera deviniera una prueba de resistencia, consciente de que contaba con un fortísimo colectivo de ciclistas al que beneficiaba la eliminación de los hombres más rápidos, vulnerables en esfuerzos sostenidos por definición. Andrea Tonti y Matteo Tosatto tensaron en cada paso por los dos repechos que se atravesaban en el circuito hasta provocar un corte de una treintena de ciclistas donde se introdujeron la mayoría de hombres fuertes. Iban los dos máximos favoritos, el italiano Pozzato y el belga Gilbert, con gregarios que poner a su servicio; también Evans, Greipel o Boasson Hagen, algo menos acompañados.
Pero faltaban hombres representativos de dos selecciones fuertes. Rusia y España no habían introducido a Kolobnev, Gusev, Luis León, Samuel o Freire. La selección española, que había quemado ya a dos gregarios y llevaba a tres hombres por delante que no se descolgaron seguramente por no tener pinganillos que les dieran la orden, puso a trabajar a sus dos ‘outsiders’ apellidados Sánchez y al ‘capitano’ Gárate con objeto de controlar la fuga y proteger las opciones de Freire; los rusos jugaron a ser listos y les dejaron la tostada. Al final, tuvieron que trabajar a la desesperada para empalmar con la cabeza de carrera. Les salió bien la jugada porque su arreón coincidió con el momento en que escasearon las fuerzas de los escapados y los más fuertes pararon al comprender que esa no era la fuga buena.
Una escaramuza de Mooerenhout, Serpa, Chris Sörensen, Visconti y Nibali después, quedaba una vuelta al circuito y la carrera empezaba de nuevo con un pelotón de una cuarentena de ciclistas donde brillaban las debilidades de dos selecciones que habían quemado sus naves prematuramente. Una, Italia, por un ímpetu excesivo; otra, España, por una abulia quizá emanente de un Freire que no tuvo su mejor día y a lo mejor arrastró a un desagradecido sacrificio a sus compañeros. Estos, por otra parte, pecaron de no haber estado atentos cuando la imponente claridad de la táctica italiana hacía necesario estarlo.
La carrera navegó en la indefinición hasta que se llegó al primer repecho, el duro, y Philippe Gilbert soltó el mejor demarraje de toda la carrera saliendo la estela de su inspirado compatriota Bjorn Leukemans. En lo que constituyó la mayor exhibición de toda la semana mundialista, el valón puso veinte segundos entre él y sus perseguidores tras subir las dos cuestas reseñables del circuito encendido de coraje y ansia de triunfo. Todo ello viniendo de la fuga, donde también había estado muy activo.
Da la sensación de que a Gilbert lo que le gusta no es ganar, sino ganar a lo campeón; y eso lo paga en ocasiones como hoy donde hay que correr con algo más de cabeza y menos de víscera. En cualquier otro circuito mundialista el valón hoy hubiera campeonado, pero el de Geelong no era apto para solistas; se necesitaba una banda, y ésta la tuvo Eslovenia. El sorprendente país balcánico tiró con Janez Brajkovic y Simon Spilak para brindar una oportunidad a Grega Bole, que finalmente no la pudo aprovechar y acabó undéicmo en el esprint que sus compañeros propiciaron anulando el ataque de un genial Gilbert.
Se llegó al último kilómetro entre un caos de escaramuzas tras el cual los velocistas preparaban su último ‘do’ de pecho. Niki Terpstra ensayó un demarraje que fue neutralizado por un impresionante Ander Lund, infravalorado gregario de campanillas que lanzaba el esprint para su compañero de equipo y selección Matti Breschel. El futuro ciclista de Rabobank se abrió hacia el centro de la carretera, triunfante, sacudiéndose de su rueda a Greg Van Avermaet y forzando a Allan Davis a la remontada. No advirtió que por su izquierda emergía imperial Thor Hushovd, noruego superlativo que desplegó toda su potencia avanzando de manera irresistible hacia la meta.
Ganó. Breschel acabó segundo y golpeó con rabia su manillar (segundo podio mundialista de su carrera); Davis consiguió un tercer lugar que no le gustó, sabedor de que era el gran tapado y había perdido una buena oportunidad; Pozzato casi rapiña el bronce en un esprint portentoso pero insuficiente por su mala colocación; Freire, la otra cara de la moneda, acabó sexto, falto de fuerzas y compañeros toda vez que sólo un notable Zubeldia le acompañó hasta los compases finales de la prueba. Toda su carrera ha echado de menos el cántabro tener alguien más a su lado en los metros finales…
La imagen final que nos dejó la carrera fue un podio agradable, pero copado por ciclistas que no dieron la cara hasta los metros finales mientras otros hacían la carrera por ellos. Davis era el rostro de la decepción; Breschel, el del sinsabor; Hushovd, el de la felicidad. El noruego ha puesto hoy el colofón a su carrera deportiva, que iniciara siendo un esprinter de cierto caché en Crédit Agricole y ha acabado convertido en un excelente clasicómano más consistente pero menos veloz. El año que viene afrontará en las filas del Garmin – Cervélo su duodécima temporada como profesional, y a sus 33 primaveras honrará el precioso maillot arcoiris en los adoquines de Roubaix como lo ha hecho en 2010 Evans en las montañas de Giro y Tour. Será una campaña inolvidable para un ciclista cuya ausencia lamentaremos esta década que inicia una vez se retire.
El ciclismo nunca morirá. Es imposible que lo haga mientras queden aficionados tan abnegados como los europeos que hoy nos hemos pasado la noche en vela, mientras queden ciclistas tan dignos como los que hoy se han dejado hasta el último gramo de sus fuerzas rompiendo sus bielas con pura potencia y ansia de victoria, mientras queden carreras tan emocionantes como esta… No. Quizá los escándalos arrebaten ídolos; sin embargo, como dice la máxima, quitarán las flores pero no la primavera. El ciclismo nunca morirá.

Las Bielas de Lieja

A lo innoble se le gana con nobleza. No hay mejor manera de dejar en evidencia a quienes les falta coraje que con un corajudo pasándoles la mano por la cara. Hoy Andy Schleck y todo el equipo Saxo Bank ha dejado en evidencia a todos los tuertos que se pretenden reyes, desnudos, en el país de los ciegos. Cuando realmente no son más que pequeñoburgueses sin un ápice de coraje y, lo que es peor, con una capacidad de aprendizaje nula

1. Ya les pasó en la Amstel Gold Race. Eso es lo peor. En los ‘berg’ holandeses, una terna de segundo nivel llegó con ventaja a meta y ocupó el podio, apartando a los grandes (¿grandes?) de la gloria que no se merecían. Porque tenían un kilómetro por delante y a los fugados a tiro de piedra, sólo había que acelerar con decisión y confiar en las propias fuerzas. Pero se especuló, se especuló y se fue el caballo. Victoria para una medianía de clase baja rusa llamada Serguei Ivanov, segundo puesto para una medianía de clase alta como Kastern Kroon, tercer puesto para un futuro ‘top’ llamado Robert Gesink. El resto, con perdón, a chuparla.
Hoy han vuelto a hacer prácticamente lo mismo, pero con el agravante de que había más de un favorito con coequipiers que podían trabajar para él. Alejandro Valverde llevaba a ‘Purito’, Davide Rebellin llevaba a Scarponi. Por citar dos ejemplos. Los dos gregarios tiraron a la risa tonta, sin convicción ninguna y conscientes de que, tal vez, quienes debían agarrar el toro por los cuernos y contrarrestar el ataque ganador de Andy Schleck eran sus propios líderes, o bien ellos como segundas espadas pero sin arrastrar de nadie. Se prefirió, en cambio, esperar a que de repente Schleck estallara en llamas y entonces hubiera oportunidad para la hueste pequeñoburguesa.
2. Sin embargo, la combustión espontánea es un misterio tan insondable… esta vez no vino en ayuda de los reyes desnudos. Cuánto les queda por aprender, no ya del propio Schleck y de un Saxo Bank que ha funcionado tácticamente a las mil maravillas, sino del valón Philippe Gilbert. El de Silence – Lotto jugó a ganador aunque no tenía piernas para ello, quizá sólo por venganza respecto de un Cadel Evans a quien ha criticado públicamente estos días; el ambiente en el equipo parece no ser bueno. Luego de su ataque, Gilbert sufrió y fue rebasado por Andy Schleck, que le desfondó en apenas cien metros. Aguantó después a rueda de los ¿grandes? y les metió el dedo en el ojo ya en Ans: casi consigue el tercer puesto, justísimo premio para su arrojo.
¿De quién más pueden aprender? Tal vez vendrá bien tener ejemplos negativos a mano. Uno: Damiano Cunego, superclase reconocido casi unánimemente. Yo, al menos, tengo debilidad por él a pesar de haber tenido un roce personal en una Clásica de Almería. Ha hecho una campaña de clásicas infame que no se refleja en unos puestos, 5-3-7, inmerecidos a todas luces. No ha aparecido, y su caso es más sangrante que el de otros por cuanto las Ardenas, se supone, eran su objetivo de la temporada. Otro ejemplo: Alejandro Valverde, uno de esos ‘otros’ para los cuales la mira del revólver se sitúa en otro lugar diferente a las Ardenas. Aunque eso no le salva de la quema: es indigno que uno de los tres mejores ciclistas del mundo tenga por bagaje un 21-7-19. Esprinta al menos por las migajas, por favor, aunque no sea fácil con la gente del CONI molestando cada dos por tres.
3. La verdad, estoy un poco desencantado. Dejando aparte que mi vida personal no sea en estos momentos la ideal, que las ideas no me vengan y que me sea imposible escribir buenos textos por una suerte de bloqueo un poco triste, la verdad es que estas demostraciones de falta de nobleza en el deporte más noble de siempre me enervan. El verdadero problema del ciclismo no es tanto el dopaje como la falta de coraje y espectáculo; pregunten a un aficionado a la NBA si le decepcionaría saber que los gladiadores a los cuales aplaude en pabellones y sigue por televisión están rellenos de sustancias exógenas para incrementar su rendimiento. No le importaría porque seguiría viendo a unos hombres batirse el cobre con entrega, llevar a cabo movimientos tácticos en algunos casos intrincados, dejarse la piel por su contrato.
Nosotros, en cambio… nos encontramos con un panorama triste, donde el dopaje y la evolución ha dejado tras de sí una cuadra de pedalistas que no saben tomar decisiones y, lo más importante, no conocen sus cualidades. No saben dónde está su límite, no lo prueban siquiera porque están siempre a rueda. Les falta ambición, les sobra teledirección, les falta también el punto de orgullo que hoy han tenido Andy Schleck y Philippe Gilbert.

El año frenético de Philippe Gilbert

15 de Octubre, Arueda.com
95 días de competición para ser el belga que más ha corrido en este 2008; el octavo entre el total de los ciclistas ProTour. Empezó su temporada el 22 de enero en el Tour Down Under, siendo 15º en la primera etapa. El domingo le puso el broche de oro ganando la prestigiosísima París-Tours con una táctica brillante por parte de su equipo, Française des Jeux. En medio, otras cuatro victorias oficiales más una oficiosa. Diez meses donde no ha dejado de tomar parte en la carrera que tocara. Un año muy activo para el mejor clasicómano valón desde Mathieu Criquelion.


Philippe Gilbert (1982, Verviers) se caracteriza, como decía a principios de año, por tres virtudes que cualquier corredor desearía: clase, potencia, combatividad. La clase le garantiza elegancia y talento; la potencia, fortaleza y capacidad; la combatividad, presencia en carrera y lucha infatigable.

Precisamente ésa combatividad le ha dado al valón ganas de competir después de un 2007 frustrante. Un melanoma (cáncer de piel) interrumpió su preparación en pretemporada. Después, infortunio y desconfianza: ninguna actuación brillante en clásicas más allá de escaramuzas aún lejos de meta. Fue un año negro, sin resultados, que sin duda le ha espoleado a la hora de exhibir sus capacidades en éste.

Comenzó con el Tour Down Under, donde ya se dejó ver con la victoria en la general de la montaña. Continuó en la Challenge de Mallorca, resultando vencedor en los Trofeos de Mallorca y Sóller, amén de colocarse tercero en Pollença y cuarto en Cala Millor y Calviá. Se anotó la general oficiosa de la carrera balear, el principio de lo que iba a ser un gran año. Diez días después fue quinto en el Tour del Alto Var.

En marzo, inicio de la temporada de clásicas, se impuso en dos semiclásicas: la inaugural Het Volk y el competido Memorial Samyn. En su siguiente parada, París-Niza, sólo lució en las dos primeras etapas para posteriormente pasar al anonimato. Llegó la clasiccisima, Milán-San Remo: pasó el Poggio con los mejores, estuvo en el grupo… pero no pudo hacer nada ante el poderío de Fabian Cancellara y se hubo de conformar con el tercer cajón del podio. Cerró el mes con un segundo lugar en la Flecha Brabançona ganada por Sylvain Chavanel.

Abril, mes central de la temporada de todo clasicómano, lo era también para Philippe. Sin embargo, pasado de forma, sólo tomó parte en Tour de Flandes, Gante-Wevelgem Amstel Gold Race, y Lieja-Bastogne-Lieja. Sus actuaciones siguieron una línea descendente, desde el 15º lugar de Flandes hasta el 92º de Lieja. Cerró así su primer ciclo de carreras de un día, con el sabor agridulce derivado de sus dulces victorias en semiclásicas y sus amargos fracasos en monumentos.

Pero no se rindió, el 17 de Mayo volvió a la competición en el Tour de la Picarda: segundo en una etapa, octavo en la general. Anónimo en el Circuito de Lorena y el GP de Vennendaal, en la Vuelta a Suiza tuvo un chispazo en la primera etapa (quinto) y otro en la última (segundo). Eso y una discreta participación en el Campeonato de Bélgica constituyó su aproximación a la única grande que completó, el Tour de Francia.

Allí presenció en primera persona la impresionante victoria de Alejandro Valverde en Plumelec: fue segundo por detrás del murciano. Después, el desierto: veinte etapas totalmente desaparecido, llegó a París por pura honra en el puesto 111 de la general. Tal vez fundido, tal vez desmotivado, su participación en el Tour fue totalmente olvidable.

Tras este pequeño revés, Gilbert tuvo una buena prestación en el Campeonato contrarreloj de su país (sexto) y una testimonial aparición en el Eneco Tour. En septiembre, como muchos otros corredores, escogió la Vuelta a España para preparar el final de temporada. No se dio mal: segundo en una etapa, bastante presencia en carrera… Un buen presagio de cara al Campeonato del Mundo…

…Que sin embargo no se cumplió. En Varese nada acabó de ir bien; la selección de Bélgica sufrió una desorganización absoluta dentro de la a priori clara táctica de apoyar a Tom Boonen hasta el final, Gilbert no fue el único que tuvo carta blanca a la hora de luchar por sus propias opciones… Un desastre que se saldó con nuestro protagonista cruzando la meta en 15ª posición.

La siguiente parada, la penúltima de la temporada, fue el Circuito Franco-Belga. Allí, mientras el Arquero Flecha se revindicaba tras su no inclusión en la lista de la selección española para el Mundial, Philippe volvía a tener una gran presencia en carrera que no se tradujo en nada más que en el cuarto lugar de la general. Y después llegó París-Tours…

…Y una victoria de las que no justifican por sí solas una temporada entera, pero casi. Aprovechando la presencia de su amigo y compañero de equipo en Française des Jeux (y en Silence-Lotto el año que viene) Mickael Délage en una fuga formada a veinte kilómetros de meta, Gilbert llegó al grupo de delante y mantuvo a raya al pelotón. Una vez arribados a la Avenue de Grammont de Tours, sorprendió lanzando el sprint desde lejos a dos corredores más rápidos que él (aunque menos conocidos) como son el belga Jan Kuyckx (Landbouwkrediet) y el francés Sebastian Turgot (Bouygues Telecom).

Por delante aún queda el Giro de Lombardía, al cual está preinscrito, para rematar la gran temporada de un ciclista que siempre apuntó alto. Bien lo sabía Madiot cuando lo probó a finales de 2002 haciéndole correr el Tour de Finistére y el Circuito Franco-Belga. Bien lo sabe Marc Sergeant contratándole para Silence-Lotto de cara al año que viene. Philippe Gilbert es clase, potencia y combatividad: tres virtudes difíciles de encontrar juntas en estos tiempos.

Los tres mejores clasicómanos de la temporada

El dominio de la temporada de clásicas recae en estos tres hombres, tres ciclistas con más denominadores comunes de lo que parece
El comienzo arrollador de André Greipel, con cuatro etapas y la general del Tour Down Under. La inusitada combatividad de Cadel Evans en el que puede ser el mejor año de su carrera, con etapas en Andalucía y París – Niza, además de la victoria en la general de la Semana Coppi-Bartali. Los buenos triunfos del ilustre Davide Rebellin, con la general de París – Niza y el Tour de Haut Var. Todos quedan sin duda alguna pequeños ante la enorme temporada realizada por estos tres corredores: Fabian Cancellara, Philippe Gilbert y Sylvain Chavanel. Los grandes nombres de lo que llevamos de año.


La temporada de Fabian Cancellara asombra a propios y extraños. Se conocía su clase, su fuerza, sus condiciones… Pero este año, además, ha surgido en él un hambre de victoria casi impropia para un ciclista que lleva más de un lustro en la auténtica élite mundial. Su año comenzó con la victoria en el prólogo de la Vuelta a California; siguió con dos semanas de ensueño donde se anotó Monte Paschi Eroica, etapa y general de Tirreno – Adriático y, como joya de la corona, su enorme triunfo en Milán – San Remo. Cuenta con 27 años y un margen de progresión evidente, que puede llevarle a la categoría de leyenda en un futuro. Contrarreloj, pavés o mero llano; salvo la alta montaña, nada se resiste al suizo.

El belga Philippe Gilbert marca sus diferencias también en cualquier terreno. Cierta carencia en contrarreloj y falta de recuperación en las carreras por etapas son sus únicos defectos. Y es que con 25 años (26 en Julio) tiene también margen de mejora para convertirse en un corredor muy importante desde el punto de vista de la historia del ciclismo. Esta temporada reúne un impresionante palmarés: dos trofeos y la general oficiosa de la Challenge de Mallorca, dos victorias casi apoteósicas en Het Volk y Le Samyn. En el monumento de Milán – San Remo alcanzó la tercera posición; ayer, en Flecha Brabançona, fue segundo. Clase, combatividad y potencia son sus virtudes; y, lo más importante, las refleja en cada una de sus actuaciones.

Sylvain Chavanel y Phillipe GilbertPor su parte, Sylvain Chavanel es el primer francés que adquiere la categoría de estrella mundial este siglo. Es el más maduro de los tres, con 29 años; también el más maltratado por una prensa elogiosa que le exigía ser el maillot amarillo del Tour. Sin tener en cuenta que, realmente, sus características establecen que las grandes vueltas no son su terreno. Posee cierta impericia para carreras de más de doscientos kilómetros, lo cual también se evidencia en una capacidad de recuperación entre esfuerzos muy baja. Eso le inhabilita para estar entre los mejores en una gran vuelta. Compensan sobradamente este defecto su genialidad: combativo hasta el extremo, se deja ver en cada carrera y en cualquier terreno. Es capaz de brillar en finales en alto y en contrarrlojes; en carreras de pavé y en perfiles rompiernas. Este año ha acumulado una gran cantidad de puestos de mérito, con victorias de etapa en el Tour del Mediterráneo y París – Niza; además de sus dos bellos triunfos de esta semana en clásicas belgas de prestigio como son A Través de Flandes o Flecha Brabançona. Podría aspirar a ser el ciclista total si no fuera por la citada falta de fondo.

Ahora, estos tres corredores se postulan como los tres grandes favoritos a la victoria en el Tour de Flandes, como lo han sido siempre a lo largo de esta temporada de clásicas que ahora llega a su punto álgido. Deberán luchar entre ellos, además de contra sus limitaciones. Pero no cabe duda de que, mientras pelean, darán un tremendo espectáculo.

Fotos: Diario Sport y PezCyclingnews

Repaso a los favoritos de Milán – San Remo (II)

II – Los outsiders
Este año, la inclusión de la Pomepeiana les da mayor margen. Amplía sus opciones de victoria. Los clásicos Cipressa y Poggio, donde tan importante es la subida como la bajada, constituyen junto al citado Pompeiana el momento en que se jugarán sus bazas, atacando desde lejos; su gran momento, en definitiva. Son aquellos cuyas cualidades están fuera de toda duda, cuya condición física les coloca un punto por encima del resto de ciclistas no-sprinters. Son aquellos que sueñan con imponerse en San Remo, en solitario y por delante del pelotón.

Fabian Cancellara [CSC]
A un nivel diferente, es el próximo Lance Armstrong. El hombre de los siete Tours avasallaba a sus rivales en julio y, como mucho, junio; no sabía [ni quería saber] hacer otra cosa que ganar en los Campos Elíseos. Cancellara, el suizo de CSC que en su día formara parte del memorable GS III de Mapei, es capaz de avasallar a sus rivales en cualquier terreno que no sea alta montaña. Sus cualidades para el llano, el pavé, la lucha en solitario, el plato grande… estaban de sobra acreditadas. Ahora, se unen a la facilidad insultante que ha demostrado para subir muros y colinas de cierta entidad, aunque sea menester para ello sufrir sobre la bicicleta de manera impropia para un ciclista de su clase.
Cuatro victorias jalonan su palmarés este año: prólogo de la Vuelta a California, la novedosa Monte Paschi Eroica, contrarreloj y general de Tirreno – Adriático. Esto constituye una carta de presentación temible para un ciclista capaz de hacer saltar la banca atacando al bravo pelotón en el último kilómetro, como ya hiciera en el Tour 2007 (concretamente, en Compiegne). Así, la reedición de una victoria como la de Tchmil en 1999, con un tremendo demarraje a 500 metros de meta, parece al alcance de su mano.

Alessandro Ballan [Lampre]
Se ha dejado ver con más corazón que cabeza en este principio de temporada, con ataques de pura potencia que dejaban boquiabiertos a sus rivales; estos se limitaban a reorganizarse para cazarle en el llano. Ante él, no había opción a contestar en solitario.
Como puesto de mérito para un ciclista de clase mundial como él solo destaca el segundo lugar de la Monte Paschi Eroica que se adjudicó Cancellara. Sus opciones pasan por el ataque lejano… o incluso el sprint, disciplina donde ha demostrado de sobra desenvolverse perfectamente.

Davide Rebellin [Gerolsteiner]
El veterano clasicómano italiano parece encontrarse ante una de sus últimas oportunidades de triunfar en una carrera que históricamente se le ha resistido; cuarto en 1995 es su mejor resultado. El momento de forma parece propicio, tras adjudicarse el Tour de Haut Var y París – Niza este último mes; el recorrido, con más dureza acumulada, también.

Filippo Pozzato [Liquigas]
Al ‘Príncipe’, con 27 años, le ha llegado la hora de ser Rey. Una reedición de su triunfo en 2006, sorprendiendo a propios y extraños, sería una buena manera de encaramarse al trono. Cuenta con la misma baza de Ballan: poderío suficiente para jugársela al sprint o a la escapada. El Giro de Grosseto y una esperanzadora actuación en Tirreno – Adriático le postulan como un buen candidato a la victoria.

Paolo Bettini [Quick Step]
No inspira la sensación de poder, de respeto, de hace bien poco. Ha demostrado ser humano tras acabar el último la Monte Paschi Eroica, tan solo por la ambición de terminarla; además, su momento de forma parece un tanto precario. Solamente su actitud y su clase innata (que no es poco) le avalan como aspirante al triunfo.

Danilo Di Luca [LPR]
Su exilio en LPR, perjudicado por ese absurdo llamado Pro Tour, hace que Danilo se plantee esta Milán – San Remo con un aire diferente. Sin la presión que implica ser el líder de un gran equipo, podrá llevar a cabo tácticas más “descabelladas”, como el ataque lejano; o esperar a que la carrera se lance para jugársela con más lógica en el desenlace final del Poggio. Los resultados obtenidos no representan su estado de forma, que tiene poco o nada que envidiar al de muchos otros favoritos.

Philippe Gilbert [Française des Jeux]
El belga parece haber perdido ese punto extra, casi mágico, que acompaña al ciclista que además de en forma se encuentra en estado de gracia. Tras sus triunfos en la Challenge de Mallorca, Samyn y Het Volk, un discreto papel en París – Niza hace que sus opciones de victoria en Milán – San Remo bajen enteros.

La segunda fila de outsiders la componen escaladores y clasicómanos cuyo momento de forma no es el ideal; casos como el de Riccardo Ricco’ (Saunier Duval), cuya presencia es dudosa por el momento; o Rinaldo Nocentini (AG2R), cuyo rendimiento en París – Niza fue menor de lo que indica su segundo puesto. También aparecen algunos corredores a los que quizá les falte un punto de nivel para plantear una alternativa real al triunfo, como Sylvain Chavanel (Cofidis), líder un día en París Niza; Joaquín Rodríguez (Caisse d’Épargne), vencedor de etapa en Tirreno – Adriático; o Carlos Barredo (Quick Step), que hizo lo propio en París – Niza.

Fotos: BBC / Cyclignews