Un rascacielos con vistas a París

Alejandro Valverde no cesa de generar expectativas. Hoy apareció en la anunciada batalla de abanicos en la primera etapa de París-Niza, entre trotón y trotón. Supo aprovechar el trabajo de sus compañeros de Movistar, y especialmente el de su compañero de entrenamiento José Joaquín Rojas. Un hito más para el murciano en su retorno tras año y medio sin competir por mor de la sanción del TAS. Otro hecho para cimentar el rascacielos de expectativas que está construyendo sobre sus hombros.

Nadie dudaba de la calidad de Valverde. La había demostrado, más allá de turbiedades, durante años; desde que era cadete y le llamaban ‘Imbatido’ hasta su victoria, triste postre antes de ser suspendido, en la Vuelta a Romandía de 2010. Las reservas venían sobre si esa calidad se habría conservado bien, enlatada en entrenamientos y abdominales. Era factible que la fuerza del ‘Bala’ se hubiera anquilosado, que la inmensa explosividad que le caracterizaba hubiera envejecido, por mucho que impresionara en las concentraciones a sus compañeros de Movistar.
La prueba definitoria sería la competición; el murciano no la retrasó, quiso afrontarla lo antes posible en el Tour Down Under y sólo una exigua bonificación separó a su resultado de ser inmejorable. Las sensaciones, en cambio, sí fueron perfectas y se refrendaron un mes después en la Vuelta a Andalucía, donde Valverde realizó una crono decente y manejó a su antojo las llegadas en alto del Santuario de la Virgen de Araceli y La Guardia de Jaén. En adición, el líder de Movistar derrotó a una concurrencia de alto nivel (que incluía corredores con sus objetivos aún lejanos como Menchov, Samuel Sánchez o Frank Schleck, y otros que ya venían en gran forma como Täaramae o Coppel) y dio algunos golpes de mano para controlar el pelotón mediadas las etapas que inspiraron gran respeto en el resto de componentes del pelotón y levantaron voces…
¿Podrá Alejandro Valverde ganar el Tour de Francia tras su sanción? Algunos de sus coequipiers contestaban, sin vacilar, que sí; otros, rivales, lo veían igualmente posible. La facilidad con la cual había sometido a todos sus rivales, tanto en Australia como en Andalucía, así lo atestiguaban. Frente a sus capacidades físicas estarán las inmensas dudas que siempre ha ofrecido su solidez en una competición de tres semanas (teóricamente despejadas con su victoria en la Vuelta a España 2009, pero aún sin ratificación) y el recorrido de la ‘Grande Boucle’ en 2012, con casi cien kilómetros de contrarreloj tremendamente perniciosos para sus opciones.
Más allá de cuestiones que sólo podrán ser disipadas en julio, aparece una incógnita cercana con esta París-Niza, en principio no contemplada en su calendario (planteado como eminentemente español) pero incluida a raíz de sus excelentes prestaciones. Su nivel en la crono fue digno, pero no brillante (41º a 30” del ganador, Gustav Erik Larsson); su papel hoy en los abanicos, más que notable. Su gama de rivales en la lucha por la general de la carrera se ha reducido, con apenas Wiggins y Leipheimer en su nivel, y Van Garderen, Jeannesson, Spilak y Kiserlovski en una segunda fila. Y las seis jornadas restantes, con tres finales en cuesta consecutivos (a partir de mañana se afrontarán Le Lac de Vassiviére -3º-, Rodez -3ª- y Mende -1º-), dos jornadas de media montaña y una cronoescalada postrera al Col d’Eze, le son considerablemente favorables.
Quizá sea un buen momento para seguir apuntalando su rascacielos de expectativas… e incluso añadirle un par de pisos más desde los cuales otear París.
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Era tan fuerte el deseo… – El retorno de Valverde

Era tan fuerte el deseo que la realidad sólo podía adaptarse a él. Parecía incluso una predestinación. “Mis dos últimos compañeros de habitación en el Tour Down Under, Luis León Sánchez y Fran Ventoso, ganaron en Willunga Hill”, tuiteaba José Joaquín Rojas. “Imaginad quién es mi compañero de habitación”, escribía cómplice. Quién iba a ser. Alejandro Valverde.

La historia del murciano, de los últimos años de su vida, es dramatismo. Más allá de justicia o injusticia, de espadas de Damocles o de marcas de Caín, el hecho es que Valverde convivió cuatro años con la sombra de la sospecha primero y la persecución después; la presión, infame, acabó por estallar y devenir sanción retroactiva en junio de 2010. A partir de entonces siguieron dieciocho meses de pura voluntad, apoyo encubierto desde la estructura que siempre le sostuvo (Caisse d’Épargne, Movistar: el equipo de Eusebio Unzué) mientras el murciano cumplía su parte del trato a base de abdominales, entrenamientos e incluso concentraciones.
Concentrado estaba en Sierra Nevada cuando murió Xavi Tondo en aquella estremecedora mañana de mayo. Hoy, en la entrevista televisiva de meta, Valverde tuvo un recuerdo para él. Sollozando, envió un agradecimiento “a quienes me han apoyado siempre”; a pesar de su sanción y la saña de la UCI, a Alejandro jamás le faltaron cariño o atención. También reconoció la labor de su equipo: “ha estado genial”.
Y no era para menos. Movistar deseaba la victoria de Valverde en Willunga Hill tanto o más que el principal interesado. No aportará puntos para el ránking de mérito de la UCI, ese artefacto siniestro que determina quién está en primera division y quién no, por obra y gracia de un “malu” o penalización de dudoso calado; pero importaba poco. Los telefónicos querían recibir al que ha sido su líder en la sombra con el honor merecido, y pusieron toda la carne en el asador.
Imanol Erviti controló en el llano; David López marcó un paso demoledor en la primera subida a Willunga Hill; Iván Gutiérrez y José Joaquín Rojas colaboraron con RadioShack en mantener un ritmo vertiginoso en el llano previo a la segunda y definitiva ascensión a la cota australiana; Ángel Madrazo marcó distancias con uno de sus habituales y desaforados demarrajes; Javi Moreno fue sorprendentemente el último eslabón que enganchó a los favoritos con los fugados Tiago Machado y Rohan Dennis para colocar a Valverde en la mejor disposición posible con apenas 500 metros hasta meta…
… Y final feliz. Al murciano casi le marra el triunfo verse obligado a tomar la curva final por el exterior. Pero eran tan grandes las ganas de campeonar, de poder decir con la cabeza bien alta que había vuelto, estaba limpio y seguía ganando… que superar al astuto Gerrans en el último golpe de riñón supuso una dulce tarea. Ahora tiene frente a sí un reto: imponerse al australiano en la general del Tour Down Under, misión harto complicada de cumplir toda vez que el potencial de su GreenEdge en el llano es enorme y obviamente superior al de Movistar. Pero el mayor de los desafíos ya está satisfecho. Valverde ha resistido su sanción y conseguido a las primeras de cambio una victoria en la élite para confirmar su retorno, su condición de superclase, su fuerte deseo de emocionar y emocionarse sobre la bicicleta.

Foto: Movistar Team

Sobre Paco Mancebo y la Operación Puerto, por Carlos Arribas

En primer lugar, hay que reseñar que el texto que sigue a continuación no es ni mucho menos un trabajo original mío. El autor del mismo es Carlos Arribas, de El País, y si no me equivoco constituye la ponencia que el periodista madrileño dio en las jornadas sobre “Los nuevos caminos del ciclismo” en Melbourne (Australia) con motivo de los recientes Campeonatos del Mundo. De hecho, el texto aparece en la página web de dicha conferencia. Es de justicia reseñar que accedí a este trabajo a través del blog Ciclismo 2005.

Desde un punto de vista técnico: la traducción es prácticamente literal, apenas desplazando comas de sitio e introduciendo notas para facilitar la comprensión del texto entre corchetes y, en algunos casos, con la etiqueta NdelT. Hay una única nota al pie, señalada con un asterisco. Como fuentes he usado un diccionario físico bilingüe (Larousse CompactPlus), un diccionario virtual bilingüe (WordReference) y otro virtual en inglés (extensión de Google Chrome). Sin más, el esclarecedor texto de Carlos Arribas; de mi opinión quizá dé cuenta en un post aparte.

La “Operación Puerto”, la intervención policial acaecida en Madrid contra una red organizada de dopaje, fue el resultado de la curiosidad de un detective, de un tentiente de la Guardia Civil que, tras romper algunas tramas de falsificación y distribución a gran escala de esteroides anabolizantes, quería saber cómo se organizaba el último escalón, la de distribución de sustancias y métodos entre los atletas. Para hallar esto, necesitó que un juez le autorizara a realizar ciertos pinchazos telefónicos y a vigilar a uno de los más reputados médicos deportivos de España, Eufemiano Fuentes.
Las consecuencias de sus hallazgos le superaron, la falta de entusiasmo de los jueces por sacar a la luz los secretos de Eufemiano le paralizaron. Lo suyo no eran las interpretaciones políticas, y al final le dejaron con la sensación del trabajo sin terminar porque ni las autoridades deportivas nacionales ni las internacionales quisieron terminarlo. Siguió desvelando la vida secreta de los deportistas de élite, las claves de un mundo que hoy, inalterado, sin tocar, sigue discurriendo y siendo manejado por las mismas personas que cuatro años y medio antes.
El Teniente Enrique es ahora capitán y se encuentra destinado en Afganistán, donde trabaja en los servicios de Inteligencia. Probablemente algún otro equipo de la Guardia Civil española esté pinchando teléfonos o vigilando e interceptando a Eufemiano y otros doctores. Algunos corredores implicados fueron sancionados y han vuelto a correr; otros aún están corriendo sin ni siquiera haber sido sancionados; otros están sancionados en este momento; otros retirados porque ningún equipo les quiere contratar; otros dieron positivo, fueron sancionados y no han vuelto; otros confesaron, han escrito libros, han dado entrevistas, se han arrepentido, han roto el código de silencio y no han sido aceptados de vuelta; otros siguen en el limbo, corriendo por una miseria en pequeños equipos de lejos, en carreras exóticas…
En la tarde del 23 de Mayo de 2006 Paco Mancebo sintió que su vida cambiaba para siempre cuando una radio española [N.delT.: Cadena Ser] informa de la detención de Eufemiano Fuentes, Manolo Sáiz y otros, así como del descubrimiento de docenas de bolsas de sangre en dos apartamentos en Madrid. Justo después un amigo telefonea a Mancebo, que está en su casa de Ginebra. “Estoy jodido, realmente jodido”, dice el corredor. “Una semanas antes estuve en casa de Eufemiano preparando sangre para el Tour. Dejé ahí un par de bolsas”. Toda la carrera y la vida de Mancebo se reduce a esas dos bolsas, junto a varias más que había dejado preparado en meses anteriores, y de repente se ve sumergido en un escéptico y paralizador estupor del cual le intenta sacar su mujer Luisa. “Algo hay que hacer”, dice, “algo tiene que poder hacerse. Y lo haré”.
Luisa piensa. En ese momento no ha sido revelado el nombre de ningún corredor implicado y, a pesar de que todo el mundo en el mundillo ciclista sabe que Mancebo es uno de los clientes de Eufemiano, aún puede evitarse que su nombre se haga público si coopera con la investigación. Unos días después, a través del CSD [N.delT.: Consejo Superior de Deportes], Mancebo se pone en contacto con Enrique, el teniente que había iniciado los pinchazos telefónicos unos meses antes, como en ‘The Wire’, monitorizando, interceptando e investigando los movimientos de Eufemiano Fuentes y sus amigos que iban a desencadenar la Operación Puerto. Mancebo se reunió con él un par de veces. Le ayudó a interpretar algunos documentos, a esclarecer las claves tras las sustancias prescritas por el galeno a docenas de ciclistas. Mancebo cuenta al teniente su vida.
Le explica como unos años antes su director, cansado de verle acabar siempre sexto o séptimo en las grandes carreras a pesar de su gran clase, calidad y capacidad de sufrimiento, le dijo un día: “Paquito, tienes que ir al médico, el médico decide quién gana la carrera, la clasificación general de la Vuelta y el Giro, todos los que no van con él no valen un pimiento”.
Paquito va y ve al médico, Eufemiano, que le hace sentarse en una silla y le pregunta: “¿cuánto te queda para acabar tu contrato? ¿Dos años? Pues el primero vamos a ir con calma, sin tomar riesgos, y en el segundo iremos con todo”. Le prescribe anabolizanes (“alubias”) para el invierno, EPO desde enero y HMG (HGH?) (“poder”) para las grandes carreras. La primera vez que tomó Andriol (el anabolizante), Paco no pudo dormir por la noche pensando que a la mañana siguiente un inspector de la UCI pudiera venir y pasarle un control antidopaje. Nadie viene y, a pesar de que Eufemiano intenta calmarle diciéndole que no hay peligro, se deshace de todos los medicamentos. A pesar de todos los tratamientos, a pesar de todos los riesgos, Mancebo no mejora sus actuaciones, ni las empeora: sigue donde estaba. Se rompe el mito. Mancebo no gana. Y tampoco lo hace al año siguiente, cuando comienza a recibir transfusiones de sangre. Un día va a la oficina de Eufemiano y éste le hace sentarse para extraerle más de un litro de sangre. “Eso es todo”, le dice, “cuando el Tour inicio la sangre te estará esperando en Limoges para el día de descanso, así lo organizo yo, tengo compañeros que se harán cargo de todo, no te tienes que preocupar de nada”.
Paco se lo cuenta todo a Enrique, que lo transcribe y se lo da para que lo firme como una declaración oficial para el registro, pero Mancebo rechaza firmarlo. Dice que no tiene nada contra Eufemiano, que le visitó voluntariamente, que le pagó regularmente por el tratamiento, que no tiene por qué traicionarle. Así que Mancebo pierde su inmunidad porque no quiso firmar una declaración que por otro lado ayudó en poco a la investigación.
Enrique, el teniente de policía español, debe instruir un caso de crimen contra la salud pública (recordemos que en Mayo de 2006 aún no había entrado en vigor la ley antidopaje que criminaliza la acción de quienes promueven u organizan actividades de dopaje) y para probarlo necesita pacientes, deportistas, que hayan puesto su vida en peligro por seguir las instrucciones de Eufemiano. Mancebo no puede ayudar con eso. No puede inventarse un choque anafiláctico, una reacción alérgica, una enfermedad derivada de las sustancias que le suministró Eufemiano o causada por transfusiones practicadas sin medios sanitarios sino el hoteles, casas o cuartos de baño de estaciones de tren.
Inevitablemente, el nombre de Mancebo aparece entre la lista de docenas de ciclistas del primer informe de Enrique. Ese precipitado y chapucero informe no lo produce la Guardia Civil a petición del juez, a quien le da igual los nombres de los ciclistas que dieron y recibieron sangre, sino de l Tour de Francia.
Una semana antes del Tour, El País empezó a publicar documentos encontrados entre los archivos que habían sido mantenidos en secreto hasta entonces. A la mañana siguiente, los ciclistas españoles boicotearon el Campeonato Nacional de ciclismo, que no se disputó por primera vez en su historia. Sólo dos corredores, Pedro Horrillo y Paco Mancebo, tomaron la salida. Dieron una vuelta al circuito y se fueron a casa.
El Tour, alarmado por la posibilidad de que algunos corredores implicados [en la OP] empañaran su carrera, pide un informe oficial al presidente del CSD, Jaime Lissavetzky (sic), para entregárselo a los equipos en una reunión mantenida en Estrasburgo con objeto de que éstos iniciaran una purga interna. Mancebo, como Basso, Ullrich, Sevilla y todos los corredores de Libery, deben irse a casa antes de la salida. Poco después AG2R, el equipo donde creía que iba a hacerse rico, le despidió, aun pagando el resto de su contrato.
Allan Davis está en la lista. Valverde no está en la lista
Como Mancebo, docenas de corredores quedan de repente en el limbo. No pueden correr porque se sabe que han sido dopados por Eufemiano, pero tampoco pueden ser castigados porque el juez niega a las federaciones las suficientes pruebas como para instruir un caso. Precisamente entonces, en agosto de 2006, es cuando todo se tuerce, todo se encalla en oficinas, los ciclistas se niegan a cooperar, falta voluntad política de sacar lecciones de lo aprendido en la Operación Puerto y organizar una comisión de investigación que esclarezca cómo de extendido está el dopaje en todo el deporte, de proponer una salida razonable para todos los ciclistas, saltarse la ley y empezar de cero en 2007.
El mundo del ciclismo organiza su Zonderkommando [NdelT.: unidad nazi especializada en eliminar reclusos dentro de un campo de concentración], los equipos lucharán unos contra otros por corredores más baratos, traicionarán a sus vecinos, pensarán cómo sobrevivir, se acusarán mutuamente, harán una lista negra, organizarán una caza de brujas.
La UCI y la AMA, ahogadas en papeleo, dejan todo en manos de sus abogados. Como francotiradores, las autoridades antidopaje alemana e italiana sólo se preocupan de castigar a los nombres más famosos.
No investigan las franquicias de la red de Eufemiano en sus propios países, los médicos que trabajan con él, que ayudaban a establecer “bancos de sangre” seguros durante Giro y Tour. Enrique colabora con Italia y Alemania. Les ayuda a encontrar agujeros lejos que les habilitarán para tomar muestras de las bolsas de sangre, hacer confesar a Basso, castigar a Ullrich y otros muchos. En Francia, donde también había ramificaciones, nadie hace nada.
En 2007 Mancebo corre en Relax, un equpio de segunda división que quiere dar una oportunidad a todos los perdidos en el limbo como Sevilla, Santi Pérez o Vicioso. Busca acuerdos con el CSD, quiere controles médicos oficiales, probar que puede empezar desde cero. El expermiento falla y se hunde una vez que la Vuelta rechaza la participación de los sospechosos. Al año siguiente Mancebo se va a Portugal, ganando 900 euros al mes. Nadie le sanciona, pero no hay ningún equipo importante que se atreva a contratarle. Está en la lista negra.
Alejandro Valverde también está en la lista negra, acosado y acusado desde todas partes, manteniéndose a flote sólo por la fuerza de su equipo Caisse d’Épargne. Su nombre es el símbolo de la Operación Puerto. Incluso cuando Eufemiano estaba bajo arresto en la comisaría de policía preguntó si irían a por Valverde, uno de sus clientes que aseguró que estaba envuelto*.
De cualquier manera, a pesar de que una lista de bolsas de sangre incluye la nota “Valv (Piti)”, Enrique no pudo encontrar suficientes pruebas, ni grabaciones telefónicas, diarios, calendarios de dopaje… como para añadir el nombre de Valverde a su listas. Manolo Sáiz y su mánager, Carlos Bueren, llaman a los periodistas: “¿por qué no habláis de Valverde?”, les retan, “mencionad a Valverde, no tengáis miedo”, y acompañan la invitación con un envoltorio de recortes de un diario [NdelT. Probablemente, AS] en el cual se ve a Valverde con su perro, llamado Piti. Y todo el mundo sabe que el perro de Basso se llama Birillo, y que todos los alias usados por Eufemiano son los nombres de las mascotas de los deportistas (excepcto para Mancebo, llamado Goku por el personaje de Dragon Ball) y se preguntan por qué Valverde sigue corriendo y ganando como si nada hubiera pasado.
Mancebo no significa nada y Valverde es el símbolo. Ambos sufren como presas de caza. La Operación Puerto se reduce a una persecución. La de Valverde acaba con una sanción mundial aplaudida por los supervivientes, que han conseguido cambiar únicamente lo justo para que el negocio siga siendo igual, a pesar de que el CONI se haya saltado todos los procedimientos legales, las precauciones normales, los estándares judiciales. La persecución a Mancebo, que tiene ahora 34 años, continúa y persistirá hasta que se retire. En 2009, gracias a su amigo [Óscar] Sevilla, exiliado en Colombia donde encontró el amor y un equipo donde sigue en su mal camino y acaba de dar positivo, Mancebo experimenta la locura del equipo yanqui Rock & Racing.
Incluso gana una etapa de la Vuelta a California, siendo líder hasta que el equipo RadioShack de Leipheimer tira en bloque para eliminarle y sufre una caída en la etapa reina.
En 2010 el equipo americano desaparece, Mancebo se queda sin empleo, participa en carreras de mountain bike y encuentra un espónsor griego para un equipo en Murcia [NdelT. Heraklion Kastro – Murcia]. Brilla en la Vuelta a México y el Tour de Utah, gana la Vuelta a Guadalupe. Viendo que su futuro parece asegurado con un gran espónsor, llama a su antiguo director Eusebio Unzué para que le contrate, para volver al ProTour cinco años después de la Operación Puerto. Unzué rechaza la opresación.
Ha recibido alguna información de la Federación Española. “Cuando el proceso por crimen contra la salud pública empiece contra Eufemiano, Merino Batres, Sáiz y otros acusados, pediremos al juez las bolsas de sangre”, le cuentan a Unzué, “y empezaremos con las sanciones, incluido Mancebo, así que no le contrates”.
El ciclismo sigue siendo lo mismo pero sin Mancebo que en Septiembre, en lugar de correr la Vuelta a España, corre la Vuelta a Bulgaria, donde acaba tercero y encuentra que aún hay carreras UCI sin controles antidopaje.
Unos meses después de la Operación Puerto, Enrique se encuentra a José Luis Merino Batres, propietario de un laboratorio de análisis clínicos y el hombre que organizara la logística de las transfusiones de la Operación Puerto, en la calle. Tras saludarle, le dice al teniente:
“El tío del que más me compadezco es Mancebo. ¿Sabes que tenía un hematocrito natural tan alto, 49, que no podíamos darle nada porque sería detectado fácilmente? Sólo le dimos placebos y poco más. Le engañamos durante años”.
* Esto no concuerda con informaciones anteriores del propio Arribas, que decía que Valverde no estaba entre los clientes de Eufemiano ni en la lista referida más arriba. Error de redacción, de transcripción… o de traducción N.delT.

Valverde, el pecado original y la marca de Caín

Hubo un tiempo en que en el ciclismo, como en el cristianismo, existía un pecado original. Una trampa presupuesta, una mala acción que se consideraba prácticamente inherente al corredor que llegaba al profesionalismo y penalizaba su imagen desde el mismo momento en que aparecía en el primer plano mediático subido en la bicicleta. “Ese”, decía el televidente, “es un dopado”. Y ante eso sólo unos pocos ‘rara avis’ podían desafiar a la opinión (¿quizá el saber?) general y decir con la frente alta: “Yo no. Yo estoy limpio”. Al resto no les quedaba sino agachar la cabeza y seguir pedaleando.
La Operación Puerto vino a poner esto de manifiesto. Supuso una purga, la penúltima en la serie de escándalos que inauguró del ‘caso Festina’ y parece haberse clausurado con el pasaporte biológico que, se supone, ha limpiado el ciclismo de cualquier atisbo de dopaje. Aquel 22 de Mayo de 2006 en el cual se destapó la mayor red de “preparación deportiva” (mezquino eufemismo) fue una inmensa catarsis, en especial, para el ciclismo español; se dice que pudo haberlo sido para todo el deporte, pero las autoridades prefirieron no salir de las dos ruedas.
Decenas de corredores cayeron en desgracia gracias a esta operación de la Guardia Civil. Cayeron, sobre todo, dos de los equipos que peor fama arrastraban dentro del panorama nacional y, quizá, mundial: Kelme y ONCE. Dos escuadras históricas, ahora añoradas y en aquel tiempo poco defendidas por el grueso del colectivo ciclista: ni quienes se sentaban en los despacho ni aquellos que aplaudían en las cunetas alzaron la voz. No clamaron. Y quienes sí se atrevieron a moverse, los corredores que se plantaron en el Campeonato de España, fueron comparados por algunos medios con “trileros que se manifestaban porque les han descubierto el truco”. En resumidas cuentas, a decenas de esforzados de la ruta se les destensó la cuerda sobre la cual danzaban en el vacío. Se consideraba que, de alguna manera, habían pagado por su pecado original.
Hubo sin embargo quien siguió teniendo la cuerda tensa. Personas que fueron protegidas de su pecado original con otro artefacto bíblico, la marca de Caín. Ésa que señalaba al hijo de Eva como asesino de su hermano Abel pero, a la vez, le hacía inmune ante cualquier ataque. Los nombres de estos corredores difícilmente saldrán algún día a la luz, sólo hay suspicacias en torno a ellos. Sólo uno vio reflejado su sambenito más allá del rumor: Alejandro Valverde. Posiblemente uno de los tres mayores talentos de lo que llevamos de siglo, el murciano estaba presente de manera prácticamente inequívoca en los papeles de la Operación Puerto. Bolsa 18 de sangre: Valv.(Piti). Del año 2003. Su penúltima temporada en Kelme.
Se dice que, por mucho que corra el hombre, su pasado será más rápido que él y acabará por alcanzarlo. En el caso de Alejandro, el pasado le ha dado caza a lomos del empeño de un jurista italiano, el fiscal del CONI Ettore Torri, deseando cortar la cabeza del superclase español para equiparar su condición de implicado en la Operación Puerto a la de sus compatriotas Michele Scarponi e Ivan Basso, a quienes tuvo que sancionar tras hallarles culpables de relacionarse con Eufemiano Fuentes, uno de los mayores gurús del dopaje de la historia.
Le costó cuatro años y cientos de procedimientos torticeros, pero lo consiguió. Torri abrió procesos disciplinarios insulsos ‘per se’, convocó audiencias que no parecían ir a ninguna parte; movió Roma con Santiago casi sin resultado. Hasta que, en invierno de 2008, el juez que instruía en España la Operación Puerto se fue de vacaciones y su sustituta, que no estaba aleccionada de cómo llevar adelante la marca de Caín que protegía a Alejandro Valverde, le cedió parte de la bolsa de sangre número 18 de las incautadas en los dominios de Eufemiano. A partir de ahí, a través de una serie de maniobras muy lógicas en el bricolage casero pero dudosísimas en el terreno jurídico, Ettore Torri demostró que esa sangre, que contenía EPO, pertenecía a Valverde.
La connivencia de AMA y UCI, cuya manifiesta antipatía hacia el murciano se hizo patente en numerosas ocasiones, hizo el resto. El enroque de la RFEC, la justicia española y el propio Valverde no resistieron más el acoso proveniente de Italia y Suiza. El TAS decidió el pasado lunes en favor de los extranjeros, que construyeron una versión totalmente verosímil de los hechos mientras la defensa del español se centraba en tumbarla mediante defectos de forma, un tibio argumento ante un tribunal más humano que tecnócrata como es el de Arbitraje Deportivo. Alejandro Valverde no volverá a correr más hasta el 1 de Enero de 2012 y perderá todos sus resultados de 2010 con efecto retroactivo.
La astronómica cantidad de dinero gastada por el corredor de Caisse d’Épargne en abogados (los rumores no coinciden en las cifras, pero ninguno baja del millón de euros) sólo ha dilatado el proceso; no habrá servido de nada si no prosperan los deseperados recursos que los abogados interpondrán en los tribunales suizos en las próximas fechas. Tampoco habrán servido su condición de paladín del ciclismo español, ni sus múltiples victorias, ni los centenares de controles antidopaje con resultado negativo que ha pasado estos años. La marca de Caín ha caído y todos estaban dispuestos a vengar a un imaginario Abel. Dispuestos a que Alejandro Valverde pagara por su pecado original, bruma de otro tiempo.

Los jueces que dan y quitan a Valverde

Difícilmente podría haber sido más controvertido el triunfo que se ha llevado Alejandro Valverde en la primera etapa de la Vuelta al País Vasco. Por si no fuera suficiente con la sanción que se cierne sobre el corredor murciano a raíz de la famosa “procura” del CONI y el veredicto favorable de los jueces del TAS (hay quien sostiene que hoy no debería estar participando en la ronda vasca), hoy han sido otros jueces (los de carrera) quienes le han otorgado la victoria después de que Valverde entrara en meta, quejumbroso, tras Óscar Freire. El motivo de la queja se puede ver en el vídeo de RTVE: el velocista de Rabobank realiza una trayectoria oblicua durante su esprint, impidiendo que el de Caisse d’Épargne le supere y forzándolo a cerrarse peligrosamente contra las vallas. El cántabro se ha visto finalmente relegado en las clasificaciones, hecho ante el cual ha reaccionado protestando vehementemente según recoge Biciciclismo.
Lo cierto es que Freire tiene motivos para quejarse. Analizando la grabación de los últimos metros de la etapa, saltan a la vista dos hechos. En primer lugar, el cántabro gana la posición a Valverde incluso antes de que se lance la ‘volata’. En segundo, no realiza ningún cambio en su trayectoria, oblicua desde el inicio para compensar la dirección del viento según contó en la llegada. Desde el punto de vista del corredor murciano, sin embargo, se observa que la mencionada trayectoria del hombre de Rabobank le obliga a corregir la suya y con ello obstaculiza su posible progresión. En todo momento Valverde parece capaz de dar un punto más de sí e incluso superar Freire, pero el hueco existente entre éste y la valla resulta insuficiente para rebasarle (el cántabro defiende lo contrario).
Visto así, resulta comprensible la decisión de darle la victoria a Alejandro Valverde (yo, de hecho, la comparto). El detalle enervante es que los jueces, en un alarde absurdo de corrección política, decidieron no relegar a Freire a la última posición del grupo, como suele ser habitual cuando se descalifica a un ciclista. No; decidieron que el cántabro no merecía caer hasta el 24º lugar, y le dieron el segundo. Esta decisión, destinada a compensar las iras del tres veces ganador de Milán – San Remo, tiene un punto que puede ser interpretado como alivio de conciencia ó como socarronería. Porque, si tan seguros estaban los jueces de la Itzulia de que Freire había maniobrado ilegalmente en el esprint, ¿por qué no se han atrevido a situar al cántabro en el lugar que la ley dicta? Parece que hubieran decidido darle a Valverde una parte de lo que sus homólogos del TAS están dispuestos a quitarle. Y, además, con un proceder igual de dudoso.

"Puedo hacer una gran labor como gregario"

Entrevista a Juan José Cobo (Caisse d’Épargne)
A veces conviene redefinir los roles para alcanzar el máximo rendimiento, y eso Juanjo Cobo (1981, Cabezón de la Sal) lo ha comprendido perfectamente. Después de seis años en el profesionalismo en el seno de la estructura Saunier Duval (Fuji – Servetto el año pasado) en los cuales llegó a conseguir siete victorias, incluida la general de la Vuelta al País Vasco 2007, el cántabro ha dejado su papel como jefe de filas para aceptar el de gregario de lujo dentro de Caisse d’Épargne a las órdenes de Luis León Sánchez y, sobre todo, Alejandro Valverde.

¿Qué tal las sensaciones este inicio de temporada?
Me hubiera gustado estar un poco mejor de forma, pero el invierno no ha acompañado mucho para entrenar. Espero estar a un nivel aceptable en París – Niza y Vuelta al País Vasco para poder ayudar a Alejandro Valverde y Luis León Sánchez
¿Qué grandes vueltas incluye tu calendario de 2010?
En principio, sólo el Tour. Después de este primer pico de forma, haré un segundo para la ronda francesa. Estos años se me ha dado bien, espero poder estar allí a un gran nivel para ayudar a nuestros líderes
Debe de ser fácil trabajar para Alejandro y Luis León sabiendo que son rematadores notas y seguramente tu esfuerzo tenga recompensa…
Cuando se trabajar para un líder se hace siempre con todas las ganas. En este caso concreto, la garantía de éxito que te dan ambos hace que te exprimas al 120%. Trabajas muy a gusto y acabas satisfecho ganen o no, porque son profesionales y siempre van a estar en la pomada para que tu esfuerzo sirva
¿Crees que vas a dar más rendimiento como gregario que como líder?
Yo no he hecho muchas labores de este estilo antes, pero cuando era joven tenía también jefes de filas para los cuales tenía que trabajar. Creo que puedo hacer una gran labor y, como estos últimos años, intentaré aprovechar todas las oportunidades que tenga.
¿Cuáles son tus objetivos individuales esta temporada?
Bueno, en un principio aún no me he marcado ninguno. Tenemos que ver cómo evoluciona la cosa para ver en qué carrera se puede jugar mi baza, dependiendo sobre todo de mi estado de forma
¿Cómo viviste desde dentro del equipo el año de penurias de Fuji?
El funcionamiento del equipo sí tenía el nivel de otras campañas, pero al no haber un calendario no sabíamos qué carreras preparar y cuándo descansar… No era sencillo llegar con el punto adecuado a las competiciones
Aún así conseguiste dos buenas victorias para el equipo…
Tenía el reto de empezar bien la temporada después de los problemas que habíamos tenido en 2008. Quería demostrar que estaba ahí y no tenía ningún problema. Desde País Vasco me vine un poco abajo porque la carrera no salió como yo esperaba. Luego, llegué a la Vuelta a España con un buen estado de forma y me pude llevar una etapa
¿Te ha dado un poco de pena dejar la estructura de Matxin después de tantos años?
Sí, llevaba ocho años con él: mis dos últimas campañas de amateur y las seis de profesionales… Es difícil el cambio. Pero me he integrado bien en Caisse d’Épargne, conocía a gente de antes. No deja de ser un poco diferente, porque en Saunier tenía la sede del equipo a 40 kilómetros de mi hogar y era como correr en casa… Espero que el cambio sea para bien, estoy en uno de los mejores equipos del mundo y espero que se note y mi rendimiento vaya a mejor
¿Dónde están tus límites como ciclista?
Viendo esta Vuelta a España, donde los contratiempos me impidieron llegar a tope aunque en la última semana sí que estuviera bien, creo que en las vueltas de tres semanas puedo dar un poco más de mí. Será difícil que en Caisse d’Épargne lo demuestre individualmente por el gran nivel de los líderes.
¿Cuál es tu sueño para esta temporada?
Sería una victoria en el Tour, pero será casi imposible porque tendré que ser un gregario de lujo para Alejandro… Me gustaría que Alejandro ganase el Tour, porque con eso todo Caisse d’Épargne habría cumplido su objetivo

Caisse d’Épargne, un año más a por las Grandes

Primera parte: 4 de Enero, Arueda.com
Segunda parte: 5 de Enero, Arueda.com

Después de once años de sequía, Caisse d’Épargne volvió a adjudicarse una Gran Vuelta en 2009 de la mano de Alejandro Valverde. Fue su retorno a la senda donde caminaron durante mucho tiempo, y todos sus movimientos en el mercado de fichajes van orientados a seguir en ella.
Once años sin ganar una Gran Vuelta eran ya demasiados. Más para una estructura como la dirigida por Eusebio Unzué (otrora en comandita con José Miguel Echavarri), cuya ascendente ha sido siempre la de competir por la victoria en las carreras de tres semanas. Desde los primeros años del ya mítico Reynolds de Ángel Arroyo hasta la época de finales de los 90 con Olano, Zülle y el Chaba Jiménez en plenitud, pasando por supuesto por la época dorada de los Banesto de Perico Delgado y Miguel Indurain. Sin embargo, con el cambio de siglo esta tendencia triunfadora se perdió. Los proyectos de vueltómano con los que se contó en plantilla desde entonces no llegaron a cuajar como ganadores dentro del equipo bancario. Fue el caso de, entre otros, Unai Osa, Santi Blanco, Francisco Mancebo ó Denis Mechov; y, más recientemente, de Óscar Pereiro y Vladimir Karpets.

Parecía ser también el caso de Alejandro Valverde. Desde su llegada en 2005 a la estrctura, entonces patrocinada por Illes Balears, se le intentó encaminar hacia la disputa de grandes rondas a pesar de sus prometedoras condiciones (luego refrendadas) para las clásicas. La impresionante victoria conseguida por el murciano en la décima etapa del Tour de 2005, derrotando en la cima de Courchevel al heptacampeón Lance Armstrong, vino a respaldar este propósito de Echavarri y Unzué. Sin embargo, todo lo que sucedió después lo desavaló. Los éxitos de Valverde en las clásicas (resultó ganador en Flecha Valona’06 y Lieja’06 y ’08) llevaban aparejadas decepciones en las carreras de tres semanas, como la Vuelta que perdió ante Vinokourov in extremis en 2006 ó los mediocres resultados en las generales de los Tour de 2007 (sexto) y 2008 (octavo).

Alejandro Valverde, líder e incógnita

Por todo esto, el maillot oro conseguido por Alejandro Valverde en la Vuelta a España 2009 tiene un significado especial: devuelve las mieles del éxito en una Grande al equipo bancario, después de que éste las saboreara por última vez en la Vuelta de 1998 gracias a Abraham Olano. Además, las características y circunstancias del murciano dan a la historia un toque especial; de hecho, Eusebio Unzué reconoció en Meta2Mil que ganar la Vuelta con él era “un reto personal”. Fue el propio director navarro quien nos contó en primera persona las ambiciones de Alejandro para 2010: “Será nuestro jefe de filas en el Tour, donde peleará por el podio. Espero que su comportamiento y el posterior resultado en la última Vuelta a España cambien su mentalidad de cara a las carreras de tres semanas y le hagan más fuerte”.
La cuestión reside, precisamente, en si será capaz de mostrar en el Tour de 2010 la misma solidez y vigor que le encumbraron en la Vuelta del año pasado. Y también si será capaz de discutir de tú a tú en la ronda francesa con otros tres superclases camino de convertirse en míticos (alguno de ellos ya lo es) como Alberto Contador, Lance Armstrong y Andy Schleck. Parece complicado. Alejandro es muy fuerte, y brillante. Pero para conseguir un puesto de honor en el Tour hay que ser algo más. Más regular, más consistente.
El resto de la temporada de Alejandro repetirá en cierto modo el esquema de los últimos años. “Va a iniciar la temporada en enero con el Tour Down Under. La idea es seguir con París – Niza y disputar después País Vasco ó Catalunya. El primer ciclo se cerrará a finales de abril con las clásicas. Después, seguramente tomará parte en Dauphiné para preparar el Tour”. Después, siempre según el propio Unzué, Valverde se exprimiría un poco más para estar en la salida de la Vuelta a España, aunque quizá no en condiciones para defender con éxito su vigente campeonato en la misma. Pero siempre sin perder de vista que el gran objetivo del año es el Tour de Francia.

Unos refuerzos con la vista puesta en el Tour

Los fichajes realizados por Caisse d’Épargne tampoco se apartan demasiado de esta premisa. Si bien entre las seis bajas de la escuadra hispano-francesa se incluyen algunas especialmente apreciables para esta misión como la el ganador del Tour’06 Óscar Pereiro (a Astaná) o las del bronce mundialista Joaquín Rodríguez y el madrileño Dani Moreno (que se marchan a Katusha y Omega Pharma para ser jefes de filas), éstas quedan de sobra compensadas con cinco altas de mucho valor como son Rubén Plaza (Liberty), Juanjo Cobo (Fuji), Juan Mauricio Soler (Barloworld), Christophe Moreau (Agritubel) y Marzio Brusheghin (Lampre).

Todos ellos eran líderes en sus anteriores equipos. La duda parece evidente: ¿aceptarán adquirir un rol secundario? “La temporada es muy amplia, hay objetivos para todos. Habrá momentos en que serán grandes gregarios y otros en los que serán líderes”. Como caso paradigmático, Unzué cita a Brusheghin, que “correrá el Giro con mentalidad de líder y luego será gregario en el Tour”. En principio, Cobo, Soler y Brusheghin tienen confirmada en su calendario la gran ronda francesa; Moreau permanece en duda, por cuanto su nivel deportivo dista ahora bastante de aquel ágil contrarrelojista que quedara a las puertas del podio en el Tour del año 2000. Por su parte, Rubén Plaza tampoco parece tener en sus planes la ‘grande boucle’.

Rubén Plaza, el regreso del hijo dos veces pródigo

Posiblemente el fichaje más llamativo de Caisse d’Épargne sea el de Rubén Plaza. No se trata ni mucho menos de un asunto de calidad, algo que el alicantino posee a raudales, sino más bien de una relación profesional bastante peculiar con esta estructura. Plaza debutó en profesionales con ella cuando llevaba el nombre de iBanesto.com en 2001, y permaneció en sus filas durante tres años en los cuales apenas pudo rendir por problemas de espalda. Aún así, fue capaz de anotarse un Campeonato de España (2003) que le valió la confianza de Vicente Belda, quien le incorporó al añorado Comunidad Valenciana – Kelme, donde se mantuvo tres temporadas adquiriendo un apreciable palmarés, experiencia… y una sombra sobre su vida deportiva, al verse implicado de refilón y sin merecerlo en la triste Operación Puerto.
En 2007, Eusebio Unzué le reincorporó a su equipo, ya por aquel entonces con el patrocinio de la Caisse d’Épargne; tuvo que dejarle ir al final de la temporada. La sospecha y la hipocresía del mundo ciclista pesó más que sus buenos resultados (ganó la Vuelta a La Rioja), su gran calidad y las repetidas ocasiones en que Eufemiano Fuentes le exculpó públicamente de ser su cliente. Ahora, después de un periplo de dos años en Portugal, Plaza vuelve a Caisse gracias a “un documento emitido por la RFEC donde se da fe de que está completamente libre de sospecha de ningún asunto de dopaje”. En su temporada de regreso a la élite, Unzué espera “aprovechar sus grandes cualidades en objetivos mayores, a su medida. Por ejemplo, en la Vuelta a España podría asumir el papel de líder del equipo”.

Una plantilla fuerte… y prometedora

Al flanco de Valverde y los cinco fichajes hay un grupo de corredores que atesoran una calidad imponente. El murciano Luis León Sánchez, ganador de la París – Niza y una etapa en el Tour el año pasado, tomará los galones del equipo en la Vuelta a España junto a Rubén Plaza. Otro murciano, José Joaquín Rojas, augura un salto de calidad que le llevará a convertir parte de sus numerosos puestos de honor en flamantes victorias. José Iván Gutiérrez, por su parte, intentará recuperar el estado de forma que le llevó a ser considerado mucho tiempo como el mejor contrarrelojista de España. Hay también cazaetapas consolidados como Pablo Lastras, Vasil Kiryienka ó Chente García Acosta, y un bloque de gregarios para la montaña que ha demostrado de sobra su solidez: David Arroyo, David López, Alberto Losada, Luis Pasamontes, Xabi Zandio…
Pero, sobre todo, hay un grupo de jóvenes que son la envidia del pelotón mundial. Unzué se refiere a ellos con cautela: “tienen calidad. Pero no se puede poner velocidad a su progresión, simplemente cada año irán evolucionando. A corto plazo alguno de ellos y a largo el resto podrán hacer cosas importantes”. Esta cuadrilla viene liderada por el colombiano Rigoberto Urán, proyecto de ganador del Tour de Francia, que ya el año pasado destacó en la ‘grande boucle’ con sólo 22 años y esta temporada acudirá al Giro sin ataduras ni límites. A su estela están el ‘killer’ portugués Rui Costa, el potentísimo costarricense Andrei Amador, el pundonoroso escalador francés Arnold Jeannesson y el proyecto de superclase cántabro Ángel Madrazo. El futuro asegurado…
Precisamente sobre el futuro versó nuestra última pregunta a Eusebio Unzué. ¿Hasta cuándo está firmado el patrocinio de la Caisse d’Épargne? “Acaba en 2010, nos sentaremos a negociar pronto para garantizarnos la supervivencia de la escuadra más allá de esa fecha”. Económicamente, aún no está todo atado, aunque la tranquilidad de Unzué denota la seguridad de que no habrá problema para que la historia de la estructura siga adelante. La Historia va mucho más allá de las incógnitas de Valverde ó el futuro de unos jóvenes maravillosos. Con esta son ya 31 temporadas en la carretera, que incluyen la friolera de seis Tours de Francia ganados. La Historia, y la tradicional querencia de esta escuadra por las grandes vueltas, no puede sino seguir adelante.