Un rascacielos con vistas a París

Alejandro Valverde no cesa de generar expectativas. Hoy apareció en la anunciada batalla de abanicos en la primera etapa de París-Niza, entre trotón y trotón. Supo aprovechar el trabajo de sus compañeros de Movistar, y especialmente el de su compañero de entrenamiento José Joaquín Rojas. Un hito más para el murciano en su retorno tras año y medio sin competir por mor de la sanción del TAS. Otro hecho para cimentar el rascacielos de expectativas que está construyendo sobre sus hombros.

Nadie dudaba de la calidad de Valverde. La había demostrado, más allá de turbiedades, durante años; desde que era cadete y le llamaban ‘Imbatido’ hasta su victoria, triste postre antes de ser suspendido, en la Vuelta a Romandía de 2010. Las reservas venían sobre si esa calidad se habría conservado bien, enlatada en entrenamientos y abdominales. Era factible que la fuerza del ‘Bala’ se hubiera anquilosado, que la inmensa explosividad que le caracterizaba hubiera envejecido, por mucho que impresionara en las concentraciones a sus compañeros de Movistar.
La prueba definitoria sería la competición; el murciano no la retrasó, quiso afrontarla lo antes posible en el Tour Down Under y sólo una exigua bonificación separó a su resultado de ser inmejorable. Las sensaciones, en cambio, sí fueron perfectas y se refrendaron un mes después en la Vuelta a Andalucía, donde Valverde realizó una crono decente y manejó a su antojo las llegadas en alto del Santuario de la Virgen de Araceli y La Guardia de Jaén. En adición, el líder de Movistar derrotó a una concurrencia de alto nivel (que incluía corredores con sus objetivos aún lejanos como Menchov, Samuel Sánchez o Frank Schleck, y otros que ya venían en gran forma como Täaramae o Coppel) y dio algunos golpes de mano para controlar el pelotón mediadas las etapas que inspiraron gran respeto en el resto de componentes del pelotón y levantaron voces…
¿Podrá Alejandro Valverde ganar el Tour de Francia tras su sanción? Algunos de sus coequipiers contestaban, sin vacilar, que sí; otros, rivales, lo veían igualmente posible. La facilidad con la cual había sometido a todos sus rivales, tanto en Australia como en Andalucía, así lo atestiguaban. Frente a sus capacidades físicas estarán las inmensas dudas que siempre ha ofrecido su solidez en una competición de tres semanas (teóricamente despejadas con su victoria en la Vuelta a España 2009, pero aún sin ratificación) y el recorrido de la ‘Grande Boucle’ en 2012, con casi cien kilómetros de contrarreloj tremendamente perniciosos para sus opciones.
Más allá de cuestiones que sólo podrán ser disipadas en julio, aparece una incógnita cercana con esta París-Niza, en principio no contemplada en su calendario (planteado como eminentemente español) pero incluida a raíz de sus excelentes prestaciones. Su nivel en la crono fue digno, pero no brillante (41º a 30” del ganador, Gustav Erik Larsson); su papel hoy en los abanicos, más que notable. Su gama de rivales en la lucha por la general de la carrera se ha reducido, con apenas Wiggins y Leipheimer en su nivel, y Van Garderen, Jeannesson, Spilak y Kiserlovski en una segunda fila. Y las seis jornadas restantes, con tres finales en cuesta consecutivos (a partir de mañana se afrontarán Le Lac de Vassiviére -3º-, Rodez -3ª- y Mende -1º-), dos jornadas de media montaña y una cronoescalada postrera al Col d’Eze, le son considerablemente favorables.
Quizá sea un buen momento para seguir apuntalando su rascacielos de expectativas… e incluso añadirle un par de pisos más desde los cuales otear París.
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Era tan fuerte el deseo… – El retorno de Valverde

Era tan fuerte el deseo que la realidad sólo podía adaptarse a él. Parecía incluso una predestinación. “Mis dos últimos compañeros de habitación en el Tour Down Under, Luis León Sánchez y Fran Ventoso, ganaron en Willunga Hill”, tuiteaba José Joaquín Rojas. “Imaginad quién es mi compañero de habitación”, escribía cómplice. Quién iba a ser. Alejandro Valverde.

La historia del murciano, de los últimos años de su vida, es dramatismo. Más allá de justicia o injusticia, de espadas de Damocles o de marcas de Caín, el hecho es que Valverde convivió cuatro años con la sombra de la sospecha primero y la persecución después; la presión, infame, acabó por estallar y devenir sanción retroactiva en junio de 2010. A partir de entonces siguieron dieciocho meses de pura voluntad, apoyo encubierto desde la estructura que siempre le sostuvo (Caisse d’Épargne, Movistar: el equipo de Eusebio Unzué) mientras el murciano cumplía su parte del trato a base de abdominales, entrenamientos e incluso concentraciones.
Concentrado estaba en Sierra Nevada cuando murió Xavi Tondo en aquella estremecedora mañana de mayo. Hoy, en la entrevista televisiva de meta, Valverde tuvo un recuerdo para él. Sollozando, envió un agradecimiento “a quienes me han apoyado siempre”; a pesar de su sanción y la saña de la UCI, a Alejandro jamás le faltaron cariño o atención. También reconoció la labor de su equipo: “ha estado genial”.
Y no era para menos. Movistar deseaba la victoria de Valverde en Willunga Hill tanto o más que el principal interesado. No aportará puntos para el ránking de mérito de la UCI, ese artefacto siniestro que determina quién está en primera division y quién no, por obra y gracia de un “malu” o penalización de dudoso calado; pero importaba poco. Los telefónicos querían recibir al que ha sido su líder en la sombra con el honor merecido, y pusieron toda la carne en el asador.
Imanol Erviti controló en el llano; David López marcó un paso demoledor en la primera subida a Willunga Hill; Iván Gutiérrez y José Joaquín Rojas colaboraron con RadioShack en mantener un ritmo vertiginoso en el llano previo a la segunda y definitiva ascensión a la cota australiana; Ángel Madrazo marcó distancias con uno de sus habituales y desaforados demarrajes; Javi Moreno fue sorprendentemente el último eslabón que enganchó a los favoritos con los fugados Tiago Machado y Rohan Dennis para colocar a Valverde en la mejor disposición posible con apenas 500 metros hasta meta…
… Y final feliz. Al murciano casi le marra el triunfo verse obligado a tomar la curva final por el exterior. Pero eran tan grandes las ganas de campeonar, de poder decir con la cabeza bien alta que había vuelto, estaba limpio y seguía ganando… que superar al astuto Gerrans en el último golpe de riñón supuso una dulce tarea. Ahora tiene frente a sí un reto: imponerse al australiano en la general del Tour Down Under, misión harto complicada de cumplir toda vez que el potencial de su GreenEdge en el llano es enorme y obviamente superior al de Movistar. Pero el mayor de los desafíos ya está satisfecho. Valverde ha resistido su sanción y conseguido a las primeras de cambio una victoria en la élite para confirmar su retorno, su condición de superclase, su fuerte deseo de emocionar y emocionarse sobre la bicicleta.

Foto: Movistar Team

Siete motivos para un Tour histórico

Os recomiendo leer este reportaje en Arueda.com, por aquello de las imágenes y demás

Las lágrimas de Cadel Evans en el podio de los Campos Elíseos cerraron un Tour de Francia cuya frenética última semana puede elevarle a la leyenda.
No se recordaba una Grande Boucle tan movida y emocionante, enriquecida además con el alto perfil de sus competidores y la dispersión del talento en diversos equipos, en el ciclismo contemporáneo iniciado tras el ‘caso Festina’. Apenas la edición de 2003, la del Centenario, marcada por el calor y las debilidades de Lance Armstrong frente a Jan Ullrich, recordada por el aficionado español por la terrible caída de Beloki en La Rochette y la magnífica victoria de Ibán Mayo en Alpe d’Huez, ofreció un espectáculo equiparable.
La política de ASO de retrasar la lucha por la general hasta la segunda decena de etapa, dejando la primera sembrada de esprints sazonados con finales nerviosos donde clasicómanos y esprinters competían mientras los favoritos cruzaban los dedos, perdían segundos moralmente decisivos y se caían miserablemente, fue hecha buena por los ciclistas y ha sido aprobada por los aficionados. El Tour llegó vivo hasta el final gracias a la torpeza táctica de un Leopard que tal vez despertó demasiado tarde, el sentido del espectáculo de elementos como Thomas Voeckler o Samuel Sánchez, el orgullo del derrotado Contador y la solidez del campeón Evans. Todos ellos configuraron unas etapas finales memorables. En general, los 198 corredores que tomaron parte en este Tour de Francia contribuyeron, a su manera, a determinarlo histórico por motivos como los siete reseñados a continuación…
El dramatismo de las caídas
Nada como las dificultades, circunstancias desgraciadas, para poner un punto de interés a un acontecimiento. La primera semana del Tour de Francia estuvo sembrada de caídas. Sin ir más lejos, el gran favorito Alberto Contador comenzó a perder la carrera con una en la primera etapa. En los días posteriores sobrevino un goteo de grandes nombres perdidos para la causa del amarillo: Gesink, Wiggins, Vinokourov, Van den Broeck, tres de los cuatro líderes de RadioShack… Auténticos desastres que marcaron el desarrollo de la carrera al reducir drásticamente el número de favoritos y aspirantes a lucir en el puestómetro.
El dominio de Cavendish y su lucha con Rojas
La primera semana no sólo fue escenario de caídas e ilusiones rotas contra el asfalto: también sirvió para la representación de una de las luchas más entretenidas y electrizantes de todo el Tour. El murciano José Joaquín Rojas, decidido a conseguir el maillot verde de la Regularidad para Movistar, entró en la guerra por los puestos de privilegio en todas las etapas a su alcance, enfrentándose en muchas ocasiones a grandes ciclistas que aportaron su nota de brillantez a la carrera como Philippe Gilbert, Thor Hushovd o Edvald Boasson Hagen. Su problema vino cuando Mark Cavendish encendió la locomotra de su HTC y comenzó a imponerse inapelablemente en cinco finales llanos. Recortó su ventaja, le superó y acabó por lucir el entorchado verde en París. En medio, cruces de palabras en la prensa, acusaciones e incluso una particular declaración de intenciones donde Movistar mostró su intención de dejar a Cavendish fuera de control para auparse al ‘verde’.
El atropello de Flecha y Hoogerland
En la novena etapa, un insólito coche de France Télévision atropelló a Juan Antonio Flecha y Johnny Hoogerland. Del conductor nunca más se supo; de su delito, en cambio, nació una historia admirable. Ambos corredores no sólo acabaron la etapa donde fueron golpeados por el automóvil, sino que también llegaron a París. Ni siquiera lo hicieron en el anonimato deportivo: Flecha y, especialmente, Hoogerland destacaron en las fugas con su habitual coraje e intrepidez. En torno a ellos se creó un halo de heroísmo que ha culminado, en el caso del holandés, en un auténtico culto a los 34 puntos de sutura resultados de su encontronazo con una alambrada a través incluso de camisetas y canciones.
La heroica defensa de Thomas Voeckler
En la misma jornada del atropello, el francés Thomas Voeckler se aupó al liderato del Tour de Francia con la exigua renta de 2’26”. Salió indemne de los descafeinados Pirineos y se plantó en los Alpes con sus opciones de dar la sorpresa intactas e in crescendo. Se las dejó en el Galibier, camino de Alpe d’Huez, y acabó cuarto en la general, un resultado con el cual no podía ni siquiera soñar. Voeckler no es un ciclista querido dentro del pelotón por los mismos motivos que le hacen reconocible y hasta entrañable para el aficionado: tiene una relación bulímica con el protagonismo, que gana robándoselo a los demás a través de gestos estridentes, excesos deportivos, lenguas moviéndose como un péndulo de extenuación y ex abruptos tan poco caballerosos como atractivos para la cámara. Genio y figura, Voeckler ha sido uno de los grandes nombres de este Tour de Francia gracias a su tenaz defensa del maillot amarillo ante corredores mucho mejores que él. Su fe, y las alucinantes prestaciones de Europcar, movieron montañas.
Andy Schleck: el aspirante a rey puso en jaque el Tour
Destronado por su torpeza en el descenso, perdido en la guerra de nervios sostenida con Contaodr, víctima del escarnio del mundillo ciclista, Andy Schleck defendió su honra de la única manera posible en la 18ª etapa del Tour. Un ataque lejano en el Izoard le permitió pasar en solitario por el paraje lunar de la Casse Desserte, como los grandes campeones de Bobet, y rematar junto a un Leopard excelente aquella jornada la faena en la subida postrera al Galibier mientras el resto de favoritos se miraban, acusadores. Esta épica ofensiva de sesenta kilómetros puso el Tour patas arriba, eliminó a grandes candidatos a todo como Alberto Contador o Samuel Sánchez y revindicó al luxemburgués ante esa parte del Ciclismo que le consideraba aniñado y sobrevalorado. Su ataque no valió para ganar el Tour de Francia, pero sí le granjeó el respeto de todo el deporte. Y ese logro, intangible, quizá valga más que un jersey amarillo.
Contador no pudo ganar, pero fue el juez
Tras condicionar el desarrollo del Tour a través del miedo que infundía a los Schleck, Alberto Contador fue derrotado en la vertiente sur del Galibier. Al día siguiente, en la norte, se lanzó a por todo y a por nada a la vez. No buscaba la etapa, ni la general; sólo quería dejar en la carretera ese último gramo de fuerza que no iba a necesitar en su Pinto natal, ni ante el TAS, ni en la Quiznos Pro Challenge. Se lanzó en busca del honor y la venganza deportiva, y consiguió ambas aunque no las culminara con una victoria por obra y gracia de un inspiradísimo Pierre Rolland. El ataque de un Contador lleno de frenesí puso nuevamente la carrera al borde del infarto, y quizá la decidió al animar a Andy Schleck a realizar un derroche de fuerzas que pudo lamentar luego en la subida de Alpe d’Huez, donde no pudo distanciar a Evans. El madrileño de Saxo Bank no fue el ganador, pero sí fue el juez y quizá el verdugo. Ahora le toca ponerse ante el tribunal.
El Ciclismo hizo justicia con Evans
Hay pocos finales mejores para una carrera ciclista que la victoria de quien lleva persiguiendo el éxito demasiado tiempo. Con 34 años largos, Cadel Evans se convirtió en el tercer ganador más veterano del Tour de Francia en toda su historia. Lo hizo a través de sus señas de identidad, equiparables tal vez a la esencia del Ciclismo: tenacidad, solidez, sufrimiento. Tomando la responsabilidad como dicen sus admiradores, o a rueda como dicen sus detractores, el australiano de BMC fue el mejor de esta Grande Boucle, el más regular y también el más inteligente. Cimentó su triunfo en la montaña, donde aguantó a pesar de que su equipo BMC apenas era voluntad en ese terreno, y lo remató en la contrarreloj final, donde superó y jibarizó a los Schleck con suficiencia. Campeón merecido, perpetúa también un ejemplo para el futuro: quien triunfa no tiene por qué hipotecar su temporada en pos del Tour. Se puede ganar en París habiendo competido y hecho gala de calidad en carreras previas. Una auténtica lección que debería ser aprendida por otros contendientes de esta excelsa Grande Boucle.

Wiggins, Horner y Leipheimer no van a ganar el Tour

No hay noticia en una victoria de Cavendish en una etapa completamente llana en cuyos veinticinco últimos kilómetros apenas sí hay media docena de curvas. Su HTC es pura precisión, y las condiciones ideales de hoy favorecieron una prestación milimétricamente perfecta. Velits, Eisel, Martin, Goss y Renshaw cumplieron a la perfección con su labor y dejaron a Manx Express lanzado a 200 metros de meta con la única misión de acelerar un poco para contrarrestar el potente esprint planteado por André Greipel (cara al aire durante 300 metros, pura ansia de resarcimiento) y mantener a raya a un Alessandro Petacchi que optó por seguir la rueda del británico en lugar de por su característico demarraje largo. Triunfo fácil para Cavendish y nuevo entorchado verde para un José Joaquín Rojas cuyas limitaciones en las ‘volatas’ puras, de velocidad y tentetieso, quedaron hoy en evidencia. El murciano debe jugar otras bazas para imponerse en la clasificación de la regularidad; lo sabe y lo está haciendo con cierto éxito.
Las novedades no se hallaron en la resolución de la etapa, sino en los kilómetros anteriores. Faltando algo más de una treinta para el final, una caída a mitad del pelotón dejó fuera de juego a una parte importante del mismo, afectando a potenciales contendientes a la ‘volata’ final (Tyler Farrar, Edvald Boasson Hagen) y también a favoritos para la general. Ante el inmediato tirón en el pelotón de supervivientes, forzado entre otros por un Leopard Trek inmisericorde y con el insólito ‘fair play’ de muchos de sus ciclistas en Stockeu completamente olvidado, Levi Leipheimer (RadioShack) logró concluir con sólo tres minutos de pérdida; su coequipier Chris Horner, mucho más magullado, llegó último a más de doce. Peor suerte corrió un Bradley Wiggins (Sky) que integró, junto a Rémi Pauriol (FDJ, esperado atacante en las etapas de media montaña) y Tom Boonen, la lista de abandonos del día.
El líder del conjunto Sky fue, sin duda, el más dramático de los damnificados de hoy. La escuadra británica había puesto todas sus esperanzas, después de la valiosa victoria de etapa de ayer, en sus opciones de concluir en buena posición en la general. Sirva como muestra el hecho de que la totalidad del equipo se retrasó con la vana esperanza de que pudiera reemprender la marcha, ignorantes de su clavícula fracturada. La baja de Wiggins deja a Sky sin un referente claro y aparentemente fiable de cara a París como era el reciente ganador del Dauphiné, cuarto en el Tour hace dos años. Su testigo podrían recogerlo el intermitente Rigoberto Urán, el sólido Geraint Thomas o incluso un Edvald Boasson Hagen al cual no se establecen límites, a pesar de ser frágil a priori en la alta montaña. Contaran con el inevitable hándicap de tener que cambiar el chip de improviso y los tres minutos de pérdida acumulados en el día de hoy.
Respecto de RadioShack, los sucesos perjudiciales acaecidos las jornadas precedentes parecen haberse extendido más allá de esos días lluviosos donde perdieron a Brajkovic. Con la prácticamente segura baja de Horner pierden a un hombre que, dejando aparte de una elevada autoconfianza que le llevó a afirmar que sólo Contador estaba por encima suya en montaña, auguraba una prestación buena y sobre todo bastante expectación. Por otra parte, los cuatro minutos y medio de desventaja acumulados por Leipheimer alejan definitivamente al veterano ciclista estadounidense de las posiciones de privilegio y le obligan a replantear cuando menos su táctica y quién sabe si también su rol de cara a una mayor recompensa para su desempeño.
En definitiva, las desdichas dejan a Andreas Klöden como único candidato de RadioShack indemne, presto y dispuesto para luchar por la general del Tour de Francia. Frente a él, en el aperitivo de mañana en SuperBesse (primer final en alto más o menos serio donde los escaladores contaran con verdadera ventaja respecto de los hombres potentes), estarán los inevitables Contador y Andy Schleck, el superlativo Evans que bien podría romper el esperado duopolio del madrileño y el luxemburgués, y un nutrido grupo de candidatos a sorprender (o al menos resistir lo máximo posible) encabezado por Robert Gesink, Jurgen Van der Broeck, Alexandre Vinokourov e Ivan Basso. La lucha empezará a partir de mañana, con una nueva jornada de la cual quizá extraigamos el nombre de algún ciclista más que no va a ganar el Tour pero pocas certezas más. Al fin y al cabo, esta carrera en sus primeros compases es pura resistencia. Y supervivencia.

Sublime Garmin

En un inicio de Tour de Francia donde el ojo de la polémica ha estado situado sobre los hombros de Alberto Contador y el 1’38” cedido por éste ante un Andy Schleck frío y camuflado en su Leopard Trek, el plano deportivo está teniendo varios protagonistas meritorios. Philippe Gilbert estuvo espléndido en la etapa inaugural y espera ávido el final en el Mur de Bretagne que tendrá lugar mañana. Cadel Evans se ha mostrado excelentemente impulsivo ante lo que desde su entorno se percibe como “una gran ocasión de ganar el Tour”; ayer tiró de sus coequipiers de BMC hasta un excelente segundo puesto en la CRE. José Joaquín Rojas, por su parte, está haciendo acopio de sus variadísimas virtudes y enfocándolas en imponerse en la clasificación de la regularidad, cuyo maillot verde ya relega a su deseado entorchado de campeón de España…
Pero el gran nombre es, sin duda, Garmin. La victoria en la crono por escuadras de Les Essarts y el esprint ganador de Tyler Farrar en Redon suponen un culmen para la labor del mánager Jonathan Vaughters y su pléyade de técnicos y ciclistas. Dos grandes éxitos que recompensan a la perfección su filosofía de trabajo, de conjunto y detalle, por llegar en el inigualable escenario del Tour de Francia y, sobre todo, por su naturaleza colectiva y solidaria.
En los 23 km del domingo se vio un Garmin conjuntado, capaz de optimizar al máximo sus recursos y llegar al final del recorrido con los seis ciclistas aconsejables: cinco para marcar el tiempo y uno de reserva. La CRE es una disciplina especial donde para triunfar es necesario tener una técnica depurada y una táctica calculada que permitan quemar las naves en el momento adecuado a la par que se mantiene un ritmo máximo. Garmin la domina gracias a un trabajo concienzudo y continuo que, sin embargo, llevaba desde febrero de 2009 (crono inaugural de la Vuelta a Qatar) sin resultar en una victoria para el conjunto conocido como ‘argyle’ por los rombos escoceses que luce en el maillot desde su creación.
Entre los tres corredores descolgados en la crono por equipos figuraban dos de los vagones claves del triunfo de hoy, Tyler Farrar y Julian Dean. Guardaron energía, su CRE duró unos kilómetros menos, y eso lo han notado en la ‘volata’ de hoy. En ella emergieron a rueda de un superlativo David Millar a menos de un kilómetro de meta, aprovechando el descontrol generado por los acelerones de Danilo Hondo y Geraint Thomas, la caída de Samuel Dumoulin y el exceso de confianza de un HTC desarbolado. Una vez en cabeza, Thor Hushovd arrancó y les ofreció su preciada rueda de campeón del mundo y vigente líder del Tour de Francia, humildad y compañerismo ante todo…
A pesar del duelo planteado por Rojas y el golpe de riñón final de Feillu, la victoria de Farrar fue clara. Para hacer aún más sublime la actuación de Garmin, el esprinter americano entró en meta formando una W con las manos en recuerdo de su fallecido amigo Wouter Weylandt. Entre la adrenalina y el trabajo duro, fue la dosis de emoción necesaria para encumbrar al excelso conjunto de Jonathan Vaughters.

Falso esprinter, verdadero superclase

El día de Año Nuevo, el Departamento de Prensa de la empresa de representación deportiva KEC Pro Sport difundió unas declaraciones de Rojas acerca de la próxima temporada. “Llevo unos años dando al palo y éste tiene que ser el de mi gran salto como corredor”. Una declaración de intenciones lógica y esperada de un hombre cuyo destino es ser por derecho propio uno de los cinco mejores ciclistas del mundo.

Hace unos años, José Joaquín Rojas (1985, Cieza – Murcia) era uno de los verdaderos ‘cocos’ del pelotón elite y sub23 español, primero enrolado en el Soctec de Fernando Devecchi y luego en el Würth de Juan González (filial del ONCE de Manolo Sáiz). Hay quien dice que su dominio en categorías inferiores sólo era comparable con el ostentado por su paisano Alejandro Valverde, ‘El imbatido’, tiempo atrás. Pasó a profesionales con el Liberty de Sáiz y de inmediato demostró sus condiciones de llegador, potente en contrarreloj y capaz de superar terrenos quebrados con los mejores; en su primera campaña completa en la élite fue capaz de ganar la montaña de Tirreno-Adriático y ser séptimo en los peliagudos Tres Días de la Panne. En los quince primeros días de competición de la segunda, ya en las filas de Caisse d’Épargne, consiguió ocho puestos entre los cinco primeros. Es su sino….
A lo largo de cinco campañas como profesional, el hermano pequeño del malogrado Mariano Rojas se ha clasificado 134 veces entre los diez primeros, ha acumulado un total de 41 podios… y conseguido sólo tres victorias. La lectura, en clave positiva, es una tremenda fortaleza propiciatoria de una sobresaliente regularidad: Rojas es capaz de mantenerse a un nivel altísimo durante prácticamente todo el año y de sacar ciertos réditos de ello. En clave negativa la conclusión es más pesimista: el murciano siempre está ahí, pero nunca remata. Problema grave para un esprinter, como él mismo reconocía en mayo del año pasado tras nueve meses sin conseguir una victoria: “Necesito ganar algo. Es algo obligatorio para un esprinter”.
La cuestión es si José Joaquín Rojas es un esprinter; mejor dicho, si es un esprinter nato. En las llegadas masivas, el corredor de Cieza suele colocarse bien, entre los cinco primeros en la fila de velocistas en condiciones de disputar la victoria. Sin embargo, durante la ‘volata’ suele equivocar sus decisiones, poniéndose demasiado pronto o demasiado tarde de cara al aire y enterrando gran parte de sus opciones con ello. En esas condiciones, debe tener una superioridad física notoria para imponerse; de hecho, sus tres triunfos han llegado en carreras de nivel .1 (etapas en Vuelta a Murcia y Tour de l’Ain, Trofeo Pollença de la Challenge de Mallorca) donde la competencia no era excesiva.
A Rojas le falta, pues, ese punto: el que distingue a los esprinters puros y ganadores de los esprinters segundones. Su calidad diferencial va por otros derroteros, y radica en su capacidad para escalar repechos y hacer rápidamente acopio de energías tras esfuerzos intensos… En otras palabras: condiciones ideales para pruebas de un día que, complementadas con su envidiable punta de velocidad, dan como resultado un interesante proyecto de clasicómano dominador. Coincide con esta opinión el mánager del conjunto Garmin-Cervélo Jonathan Vaughters, que intentó incorporar a Rojas a su equipo este verano: “Es un talento immenso. Si se dedica a las clásicas, puede ganar en ellas. Si quiere ser como Sean Kelly, puede serlo”.
A sus 25 años, José Joaquín Rojas afronta este 2011 como la primera de las dos temporadas que le ubicarán definitivamente en el escalafón del pelotón mundial. La solución fácil para el de Cieza sería conservar su lugar como esprinter de Movistar y esperar el nacimiento de un instinto ganador para colocarse en la élite. Sin embargo, en mi particular opinión, haría bien en aprovechar la ausencia de Alejandro Valverde en la escuadra de Unzué para probar a disputar Milán-San Remo o las Ardenas con los mayores objetivos. Puede ser su camino para dejar de ser bueno y convertirse en uno de los mejores.

Imagen: KEC Pro Sport / Abarca Sports

Cinco nombres del Inicio de temporada (I)

Empezó el curso ciclista 2009, y empezó esperanzador. Los corredores parecen renovados, mucho más combativos los pequeños y con más ganas de lucir los grandes. Cada año se empieza a competir de verdad antes; el Tour Down Under y la Vuelta a Qatar eran hasta ahora las citas importantes de enero, pero en 2009 se unió al grupo la argentina Vuelta a San Luis y la gabonesa Tropicale Amissa Bongo va camino de ello. En febrero hicieron acto de presencia el tradicional Tour del Mediterráneo, ‘nuestras’ Challenge de Mallorca y Vuelta a Andalucía (este año Valencia se ha suspendido), los Etruscos italianos… Todas estas carreras han dado el pistoletazo de salida, aunque la temporada no habrá empezado por completo hasta que se unan al festival esta semana las clásicas con la Omloop Het Nieuwsblad belga, antigua Het Volk, primera prueba de pavés de la temporada.

Empezó el curso ciclista 2009, empezó esperanzador y también voraginoso. Voy a intentar repasar lo sucedido a través de diez nombres, cinco españoles y cinco internacionales. En esta primera entrega veremos la parte española, cinco representantes nacionales que han sido noticia por sus grandes actuaciones deportivas, por desgraciadas lesiones… o por tristes asuntos extradeportivos.

Alberto Contador El año pasado completó la triple corona, acumulando en su palmarés Giro, Tour y Vuelta, pero a pesar de ello parece no haber saciado su sed de triunfo. Sólo así se explica que haya iniciado la temporada de esta manera, ganando en su cuarto día de competición la contrarreloj de la Vuelta al Algarve para así hacerse al día siguiente con la general de la carrera portuguesa. El madrileño está arrollador, seguramente motivado por la presencia de Lance Armstrong en su equipo Astaná para discutirle el liderato. Por lo pronto, ya va marcando territorio y engrosando el balance de una temporada que promete ser histórica…

Toni Colom Si arrollador está siendo Contador, lo de Colom no es para menos. Su fichaje por Katusha le ha servido para encontrar un lugar donde asumir el liderato, y su excelente momento de forma para conseguir varios triunfos de prestigio: empezó con el Trofeo Bunyola y la general de la Challenge de Mallorca, ha continuado birlándole al propio Contador la etapa reina de Algarve (no pudo con la general por equivocarse de ruta durante la crono) y ahora tiene en su punto de mira Paris-Niza, donde ya destacara en 2006. Una prueba que puede catapultarle al primer nivel internacional.

Xavier Tondo Otro de los grandes protagonistas del inicio de temporada español, el catalán de Andalucía – Cajasur está revindicándose como un corredor polivalente. Capaz de imponerse en un final en alto (como hiciera en la Vuelta a San Luis, primera victoria española de la temporada) y en una contrarreloj (como en el prólogo de la Vuelta a Andalucía), sus directores han apostado fuerte por él e incluso le sitúan entre los diez primeros de la Vuelta. Y, ciertamente, no resultaría una sorpresa.

Alejandro Valverde Si lo dicho hasta ahora constituye la parte buena de lo sucedido en esta temporada, ahora toca hablar de lo malo. Valverde, seguramente uno de los tres mejores ciclistas del mundo, ha vivido y vive con un estigma sobre él: su presunta implicación en la Operación Puerto. Por ella, el intrépido fiscal del CONI Ettore Torri le llamó a declarar, después de según él demostrar que la bolsa de sangre número 18 de la OP pertenecía al murciano. Feo asunto ante el cual Valverde sólo puede seguir demostrando que es un gran campeón.

Lesionados No hay cosa más indeseable para un deportista que los problemas físicos; nunca vienen bien, lleguen en tu mejor momento de forma o en plena preparación para el mismo. A lo primero se ha tenido que enfrentar José Joaquín Rojas, a quien una caída cuando iba líder de la Challenge de Mallorca le ha interrumpido justo cuando más estaba brillando. Lo segundo le ha sobrevenido al cántabro Óscar Freire, cuyo accidente en la Vuelta a California le provocó la fractura de varias costillas, echando con ello por alto la primera parte de su temporada. Toca reorganizar su calendario, no podrá competir en sus predilectas Tirreno-Adriático y Milán-San Remo pero sí tomar la salida en carreras donde nunca ha estado, como el Giro de Italia.