Samuel y los Schleck ganan el juego de Luz

Las declaraciones de Paolo Tiralongo publicadas esta mañana en L’Equipe probablemente sean las más interesantes de lo que llevamos de Tour. Tras admitir ser el “décimo hombre” de Alberto Contador en carrera, un gregario más de esos que tanto necesita el pinteño toda vez que su Saxo Bank parece más débil de lo deseable, el italiano dejaba un titular contundente: “Alberto no está sereno”. Y ampliaba: “no puede estarlo. La gente le silba acusándole de algo que no ha cometido. Aunque no lo muestre en público, lo cierto es que esto le afecta”.
En la subida a Luz Ardiden de hoy, Contador estaba de todo menos sereno. Diríase que se encontraba fuera de quicio. Sus debilidades eran y son públicas: psicológicamente no está fuerte, y en consecuencia sus piernas son frágiles al no haberse recuperado como debían. Los Schleck conocían esa circunstancia y le plantearon en Luz Ardiden un juego de nervios tras fracasar en el Tourmalet su táctica de vencer por aplastamiento colectivo, toda vez Voigt fagocitó al resto de Leopard Trek.
Andy delante, Frank detrás. Alberto emparedado entre Schlecks. Así pasó toda la subida al coloso final de la jornada de hoy. Los luxemburgueses jugaban, le recortaban en las curvas, acosándole, y a veces ensayaban a cortarle de la estela del corredor anterior del pelotón principal. Dejaron a Szmyd (gregario de Basso en Liquigas) el control del grupo de favoritos hasta que, a cuatro kilómetros de meta, hablaron entre sí y pasaron al ataque. Demarró Andy y le secó Contador; después vinieron tres tentativas consecutivas de Frank frenadas en dos ocasiones por el pinteño y en otra por Basso.
A la cuarta, el mayor de los hermanos de Leopard no halló oposición y se marchó en solitario. Andy Schleck, por su parte, continuó con el juego de nervios soldándose a rueda de un Contador cada vez más cegado y mermado por las circunstancias. A dos kilómetros de meta ralentizó su marcha, desafiando a Andy a realizar en Luz Ardiden un ‘surplace’ como el de Ax 3 Domaines. La diferencia vino por el hecho de que esta vez era el madrileño quien se hallaba en desventaja y, una vez Basso y Evans se movían cinco segundos por delante suya, tuvo que alzarse sobre su bicicleta para atrapar su rueda. Tardó casi treinta segundos en coger la estela y, si lo hizo, fue porque Andy dio un tímido relevo para terminar de empalmar.
Fue un mal presagio que se convirtió en certeza con una crisis en el último medio kilómetro que llevó a Contador a ceder en meta 13” respecto de Basso, Evans y Andy y 33” con un Frank Schleck que se coloca en la ‘pole’ para arrebatar el amarillo a Voeckler. Queda al madrileño el consuelo de haber limitado la pérdida en un día por demás horroroso, y también el no ser la única cara amarga del día: Robert Gesink y Andreas Klöden se dejaron hoy todas sus opciones de subir al podio de París, resentidos sin duda de sus caídas en los días precedentes.
La cara feliz fue, sin duda, la de Samuel Sánchez. El asturiano fue el mejor ciclista del día, por piernas y por táctica. Se atrevió a marcharse en el descenso del Tourmalet junto a dos elementos de Omega Pharma (Gilbert y Vanendert, quien le acompañó hasta meta para firmar un meritorio segundo puesto) y aprovechó a las mil maravillas el trabajo de su coequipier Rubén Pérez, escapado de inicio y atrapado para realizar el breve tramo de valle antes del inicio de Luz Ardiden. En la subida se benefició de los juegos existentes en el pelotón y en la cima fue indiscutiblemente más fuerte que su compañía belga. Consigue así Samuel el triunfo que se le escapó el año pasado entre los dedos frente a Andy Schleck, y repite también para Euskaltel – Euskadi el éxito conseguido hace diez años por Roberto Laiseka en este mismo lugar. Tras su exhibición táctica y física de hoy, el campeón olímpico se ha ratificado como candidato a un podio de París que se antoja caro.

Gilbert tenía el As de la Amstel

Amstel Gold Race, más que una carrera, es una especie de entelequia ininteligible para quien no conoce sus interioridades. El perfil quebrado, con una treintena de cotas y el Cauberg (subida no especialmente dura pero sí bien situada en el casco urbano de Valkenburg) como insignia y postre, hace presagiar la prevalencia de la fuerza y la resistencia sobre otros factores. Sin embargo, la realidad es distinta. La cualidad básica para llegar vivo hasta el final es una técnica depurada; la diferencial para imponerse, la explosividad.
Amstel suele ser, además, una carrera desarrollada de menos a más, poco dada a exhibiciones individuales o desde lejos y sí de un grupo que se va seleccionando progresivamente en cada cota hasta quedarse en aproximadamente una docena de corredores que se juegan el todo por el todo para subir a lo más alto del podio. Amstel podría asemejarse, pues, con una especie de partida de póker: cada uno tiene sus cartas, las apuestas van subiendo y el corredor las va viendo si se considera capaz de ello. Finalmente, en el Cauberg, all-in y a enseñar las cartas.
La carrera de hoy respondió al guión típico. Los favoritos se guardaron hasta veinte kilómetros de meta, momento en el cual sendos tirones de Alexander Kolobnev y Joaquín Rodríguez (ambos de Katusha) dejaron el grupo cabecero en apenas trece ciclistas. De entre ellos saltó un Andy Schleck inquieto, sabedor de sus pocas opciones en un final explosivo, que se jugó todo y a la hora de la verdad no tenía cartas para nada, más aún contando con el único respaldo de un calculador Fuglsang estando los otros dos líderes de Leopard, su hermano Frank y Cancellara, eliminados por visicitudes mecánicas.
Mientras Andy se fatigaba por delante, los mejores se desconcertaban entre sí. La tostada se la comía un Omega Pharma cuyo líder Gilbert parecía insultantemente fuerte y cargaba la responsabilidad de la caza a su ejemplar gregario Jelle Vanendert. Gerrans, podio final, afilaba el cuchillo; Leukemans usaba a su coequipier Hoogerland, quien ayudó a los intereses de Gilbert más que a los de su líder de Vacansoleil. Rabobank fue un caso aparte. Con ocho corredores excepcionales en la línea de salida, se dedicó a hacer guerrillas durante los compases iniciales de la carrera y llegó con tres a los finales: Paul Mertens, Robert Gesink y Óscar Freire. Había piernas, pero por desgracia en Rabobank la táctica del colectivo no suele hacer justicia a las cualidades de los individuos.
Los ‘naranjas’ no jugaron ninguna de sus cartas y pagaron esa inacción al llegar a las estribaciones del Cauberg. Para entonces ya se sabía que sus manos no eran buenas y que Gilbert llevaba una jugada tan interesante que se podía permitir incluso dar relevos a su gregario para cazar a un Andy Schleck que por una vez se mostró voluntarioso. ‘Purito’ Rodríguez rompió la baraja y mostró por qué ahora es el Rey en la jerarquía de Katusha; a su rueda se soldó un Gilbert inconmensurable que le superó cuando quiso. Es el verdadero As del ciclismo belga e hizo valer esa condición para ganar el póker de la Amstel.