Euskaltel, hacia su cénit

El objetivo de todo plan deportivo que se precie es llegar a lo más alto por unos u otros medio. Igor González de Galdeano trazó, hace ya cinco inviernos, el suyo para Euskaltel. Quería dar un giro copernicano a un equipo acomodado y en cierto modo desordenado cuya posición de élite hacía obviar conductas mejorables entre su plantilla y directores. Igor, con el consentimiento y la colaboración del patrón Miguel Madariaga, decidió convertir la escuadra de Haimar Zubeldia e Iban Mayo en un bloque compacto, constante y ambicioso so pena de dejar marchar a sus más rutilantes estrellas. El proyecto: hacer girar la escuadra en torno al previsible crecimiento de otro ciclista de la casa (Samuel Sánchez) y la labor de formación de una segunda estructura integrada en la Fundación Euskadi como el continental Orbea.
Cinco campañas después, se puede empezar a extraer conclusiones. Y éstas son, ciertamente, halagüeñas tanto en números como en sensaciones. De las 10 victorias con cinco ciclistas diferentes de 2005 se ha pasado a 17 con ocho corredores distintos en 2010, cifras que indican una considerable mejora del bloque. Las sensaciones, por otra parte, son aún más positivas: ya no son el ejército de Pancho Villa. Ahora se observa un trabajo de equipo, una unión, unos líderes humildes y decididos; en definitiva, una escuadra de élite hecha con un presupuesto inferior al de muchas formaciones de su condición.
El momento es, para Euskaltel, óptimo. La temporada que inicia en menos de un mes con el Tour Down Under es la primera de su cénit deportivo. La mayoría de sus elementos cuentan entre 26 y 31 años, el rango de edad de madurez y mayor rendimiento deportivo de un ciclista. A pesar de la importante baja de uno de sus corredores más prometedores (Beñat Intxausti, firmado por Movistar tras una guerra subterrénea entre los dirigentes de Euskaltel y su mánager) y de una baza valiosa (Aitor Galdós, en proceso de fichar por Caja Rural), se mantienen los hombres clave de una escuadra en crecimiento: Samuel Sánchez como líder aspirante al podio del Tour, Mikel Nieve e Igor Antón como bazas para Vuelta y Giro, Egoi Martínez como inconmensurable ‘capitano’ de ruta, Koldo Fernández de Larrea y Pablo Urtasun como esprinters capaces de pescar buenas victorias a lo largo de la campaña. El presente garantizado.
A la sombra de este potente bloque, todo él con tres o más campañas contando la próxima vistiendo de naranja en su haber, crecen los jóvenes talentos garantes del futuro. Proyectos de estrellas rutilantes son Romain Sicard (ex campeón del mundo sub 23), Gorka Izaguirre (ya triunfador en dos ocasiones esta campaña) o Jonathan Castroviejo (acabó entre los veinte primeros en las nueve cronos que disputó este curso). La próxima campaña se unirán a ellos otros dos hombres venidos de Orbea como el Mikel Landa que luciera a gran nivel en el Tour del Porvenir o Ion Izaguirre, hermano de Gorka y presumible rodador de buenas condiciones.
Las perspectivas para el equipo Euskaltel son, pues, muy buenas; con su aumento viene, también, un aumento de exigencia. Bendito problema. El período donde sólo se pedía crecimiento al proyecto de Igor González de Galdeano ha finalizado y ahora es tiempo de rozar el apogeo. 2011 va a ser un año clave para Euskaltel, y quizá también gozoso: el primero del cénit de su proyecto.

Ya no es el ejército de Pancho Villa

“Ha sido un mes de ensueño”, decía ayer Igor González de Galdeano en su Twitter. El máximo responsable deportivo de Euskaltel expresaba así su satisfacción por un abril donde su equipo consiguió cinco victorias. Se trata del tercer mes más exitoso de toda la historia del conjunto vasco, sólo por detrás de los mayos de 2000 y 2004, cuando los ‘naranjas’ consiguieron seis triunfos. Pero, más que el qué, a Galdeano le importa el cómo. “Sumando grandes trabajos de equipo que se reflejan en victorias”.
El paradigma de esto fue el esprint victorioso de Pablo Urtasun en la primera etapa de la Vuelta a Asturias, llegado tras un trabajo ejemplar por parte de todos los hombre de Euskaltel: consecuencia directa de la insistencia del propio Igor Galdeano en la palabra “bloque”. Es su filosofía desde que llegara a la dirección deportiva reemplazando a Julián Gorospe: convertir lo que José Antonio Ardanza (presidente de la compañía Euskaltel) denominaba como “ejército de Pancho Villa” en una escuadra compacta y con las ideas claras. El propio Urtasun puede dar fe de que lo ha conseguido, al igual que un Koldo Fernández de Larrea que aún no ha estrenado su palmarés a pesar de haberse beneficiado del trabajo de sus compañeros en cada prueba donde ha estado presente. Porque, aunque el bloque facilita las victorias, en los momentos decisivos es imprescindible contar con un corredor capaz de marcar la diferencia.
Una de las claves del excepcional abril de Euskaltel ha sido, precisamente, el desempeño de su ciclista de mayor calidad: Samuel Sánchez. El asturiano ha aportado dos triunfos al bagaje del equipo. El primero llegó en el cuarto parcial de la Vuelta al País Vasco, gran objetivo de la temporada para los ‘naranjas’. Allí, Samuel se impuso en la cima del emblemático Santuario de Arrate gracias al consentimiento de Alejandro Valverde, que le dejó ir en los últimos metros en un gesto que a la postre quizá le costara la general de la Itzulia. La segunda victoria del asturiano fue la Klásika Primavera de Amorebieta, donde llegó a meta en solitario tras atacar en la última subida al alto de Gárate y arriesgar en el descenso. En el debe de Samuel queda su dimisión de las clásicas de las Árdenas, donde parecería lógico que hubiera aprovechado el buen momento de forma mostrado en las pruebas vascas de principio de mes.
Sin embargo, la pléyade de aficionados de Euskaltel no le echaron de menos. Para ocupar su lugar estuvo Igor Antón. ‘Fuji’ ha dado este mes un paso más en su crecimiento ciclista, justamente cuando se levantaban voces críticas poniendo en duda su progresión deportiva. El galdakoztarra derrotó en la tercera etapa de la Vuelta a Castilla y León, con final en el Alto del Morredero, a un Alberto Contador ante el cual tuvo que ceder en la contrarreloj que decidió la general final de la ronda. Precisamente con el madrileño y otros grandes escaladores se batió el cobre en Flecha Valona y Lieja – Bastogne – Lieja, pruebas en las que fue cuarto y séptimo desempeñándose con descaro y haciendo olvidar la ausencia de Samuel.
Pero si ha habido una sensación esta primavera en el seno de Euskaltel, ése ha sido Beñat Intxausti. A sus 24 años, el de Amorebieta llegó en 2010 al conjunto cuya ligazón con la estructura de Saunier Duval y Seguros Bilbao sub 23 (y las filias y fobias existentes entre los cuadros directivos de las distintas escuadras) le impidió formar filas antes. Intxausti inició su mes con un tercer lugar en la general de la Vuelta al País Vasco y lo concluyó con el mismo puesto en la Vuelta a Asturias, lo que sumado a su victoria en la contrarreloj de la prueba asturiana refrenda un abril fenomenal.
Da la sensación de que el jovencísimo escalador recorre la senda de otro hombre al que le crecían las alas cuando la carretera picaba hacia arriba. Recuerda a aquel Iban Mayo que parecía destinado a guiar los destinos de Euskaltel durante mucho tiempo y se quedó en el camino debido a que su cabeza no acompañaba a unas condiciones físicas excepcionales. Pero, llegue o no Beñat Intxausti a tomar los galones que dejó huérfanos Mayo, siempre quedará la labor de Igor Galdeano. Con él al frente, el conjunto vasco no volverá a ser aquel ejército de Pancho Villa que tanto disgustó en su día a Ardanza.

Euskaltel: Cuando todos reman en la misma dirección

30 de Diciembre, Arueda.com

Euskaltel ha sido el equipo que más ha evolucionado en los últimos cuatro años en el pelotón español, a pesar de que los datos no acaben de reflejarlo. La escuadra gestionada en los despachos por Miguel Madariaga ha pasado en poco tiempo de reflejar el carácter de Julián Gorospe, aquel corredor brillante a ratos que dejaba la sensación de falta de experiencia incluso en los últimos años de su carrera, a ser un espejo de aquel Igor González de Galdeano tozudo y robusto que mantenía el rendimiento máximo aconsejable mientras aguantaran sus piernas y su corazón.


No sólo ha sido un cambio de métodos preparatorios, que también, sino una permuta de actitudes. En el primer campo, se han racionalizado los calendarios: el ciclista corre pruebas que se adaptan a sus características, perdiéndose un poco el dogma de que “compiten los que más en forma estén”, algo que mermaba al esforzado de la ruta que perdía chispa e incluso motivación. En el segundo apartado, Igor Galdeano impuso un orden en el barco de Euskaltel. Aquello que era el ejército de Pancho Villa según algunos cronistas, aquello donde no se observaba trabajo de equipo, se arregló en base a una filosofía de cerrar filas en torno a un objetivo requiera lo que requiriese el mismo.

Se cumplen ya cuatro años desde que Igor tomara el mando del barco, se nota en la carretera aunque los resultados no acaben de dar la razón. Para el recuerdo queda aquel magnífico Tour’07, o esta última Vuelta a España donde Igor Antón fue llevado en volandas por sus compañeros (aspirando a todo) hasta que una caída desbarató las ambiciones de un equipo, de unos corredores que reconocían en la prensa estar huérfanos sin un objetivo, lejos de encerrarse en aquel conformismo y casi egoísmo pretérito.

Esa línea, ese barco donde todos reman en la misma dirección, se intentará seguir este año. Para ello, se ha prescindido de seis hombres que seguramente no han rendido lo esperado. Beñat Albizuri (lanzador aceptable al que tal vez le faltó motor para correr en Euskaltel), Lander Aperribay, Jon Bru (buen ciclista que no se encontró cómodo en un equipo grande), y Antxón Luengo dejan Euskaltel camino del retiro profesional. Dioni Galparsoro, ciclista de gran calidad pero poca cabeza, ficha por Conténtpolis-Ampo, donde demostrará ser muy válido para el ciclismo una vez se encuentre en un entorno de menor presión y junto a uno de sus mentores, Óscar Guerrero.

Capítulo aparte merece la baja de Haimar Zubeldia, posiblemente una representación viva del antiguo carácter imperante en el equipo. Ha vivido un tanto acomodado, sabiéndose líder indiscutible en aquellas carreras que tomase por objetivos; no ha sacado provecho de su clase, que si bien no es fabulosa sí es suficiente para entrar entre los cinco primeros de Tour o Vuelta. Emigra al Astaná de Contador, donde deberá plegarse ante otros ciclistas mejores que él y trabajar, asumiendo un rol que lleva mucho tiempo sin desempeñar y al que tal vez le cueste adaptarse.

En cuanto a las altas, serán tres incorporaciones hechas con lógica. Suben dos corredores del filial continental de Euskaltel, ese prolífico Orbea que se gana con sus frutos la continuidad en las carreteras y ratifica el acierto de la Fundación Euskadi de disponer un equipo puente donde pulir las joyas de la cantera vasca antes de dar el gran salto al Pro Tour.

El primero de estos dos promocionados de Orbea es Mikel Nieve, que casi desde Junio ya se sabía ascendido y ha seguido rindiendo a buen nivel. El navarro es un todoterreno, rodador aceptable que encuentra su mejor hábitat cuando la carretera pica hacia arriba y que tiene en la punta de velocidad su principal defecto. A sus 24 años tiene mucho margen de progresión, pudiendo llegar a ser un ciclista bastante importante en un futuro. Por el momento, esta temporada ha demostrado sus cualidades con puestos destacables para un neo en carreras como la Klásika Primavera (12º), GP Miguel Indurain (14º), Euskal Bizikleta (12º) ó Vuelta a Madrid (14º)

El segundo, llegado al equipo naranja a mediados de octubre para cumplir la normativa UCI que establece el mínimo de corredores por equipo Pro Tour en 23, es el alavés Sergio De Lis. Se trata de un rodador potente, buen pistard en su día, que da lo mejor de sí mismo en las contrarrelojes, con lo que cubre un perfil poco habitual en Euskaltel. Con Orbea, y a sus 22 años, ha sido líder dos etapas en el Circuito Montañés (para algunos expertos, la mejor prueba amateur de España).

El otro fichaje es el navarro Pablo Urtasun, que debutara en profesionales de mano de Óscar Guerrero en el desaparecido Kaiku y que estas dos últimas temporadas corriera en el Liberty portugués. Urtasun es un sprinter potente, algo brusco y reciclado en los últimos tiempos al rol de lanzador de dos velocistas de mayor cartel: el ídolo portugués Cándido Barbosa y el emergente Manuel Cardoso. Su cometido en Euskaltel será precisamente el de lanzador de Koldo Fernández de Larrea. A buen seguro realizará una labor más que digna.


Merece la pena partir de estas últimas altas para comentar la que puede ser dirección deportiva que tome Euskaltel la temporada que viene. Se ha reforzado el último punto débil del equipo, los rodadores; se ha rodeado al ‘pichichi’ del equipo, Koldo Fernández de Larrea (seis de las ocho victorias del año pasado corrieron a su cargo), un hombre al que sólo le faltaba un coequipier de garantías para poder dar el gran salto de calidad y enfrentarse a los mejores sprinters del mundo en igualdad de condiciones. Aparte, es presumible que el equipo girará en torno a un Samuel Sánchez que preparará con mimo las clásicas de primavera y la Vuelta a España, donde irá a por la victoria final. Para el Tour, serán Mikel Astarloza e Igor Antón quienes llevarán los galones.

Por otra parte, es de esperar que ciertos hombres del equipo den un paso al frente e incluso estrenen su palmarés. El potentísimo Markel Irízar, que rozara la victoria en el prólogo de la París-Niza, y su compañero de hornada Gorka Verdugo, no deberían resignarse a ser meros hombres de equipo y podrían jugar sus propias bazas en algunas pruebas menores. Combativos como Alan y Rubén Pérez son candidatos claros a la victoria en escapadas que lleguen a meta, dado que han adquirido la experiencia suficiente como para poder rematar sus cabalgadas con éxito. Por último, es exigible un mayor rendimiento de Iñigo Landaluze, completísimo aunque algo gris este año; y de Iván Velasco, que puede ser un corredor importante para el futuro si pierde el miedo a dejarse ver en cabeza.

No faltan mimbres en Euskaltel para hacer una buena temporada 2009. Es indudable que un equipo con un mercado tan limitado jamás podrá competir con las mejores estructuras del mundo en verdadera igualdad de condiciones. Sin embargo, sí que se pueden mejorar los resultados que se vienen cosechando de un tiempo a esta parte, algo pobres si comparamos los datos con los de otras escuadras Pro Tour. Y para esto hace falta tener un objetivo claro y, entonces…. unir fuerzas para conseguirlo. Remar todos juntos hacia el mismo horizonte.

Cervélo revoluciona el mercado

Arueda.com
La creación de un nuevo equipo es siempre una buena noticia. Pero cuando éste es una estructura de primer nivel, un soplo de aire fresco, la noticia es mejor. Y más aún cuando se forma de una manera relativamente novedosa, con la participación de un conglomerado de empresas involucradas en la tecnología aplicada al ciclismo que busca tener en el equipo un banco de pruebas del máximo nivel. Las marcas son Cervélo (bicicletas), Zipp (ruedas), Vittoria (llantas), 3T (grupos y componentes) y Speedplay (pedales y bielas). El nombre del equipo, Cervélo Test Team.


El mánager general de esta estructura es el suizo Thomas Campana, a través de Cycling United Racing, sociedad afincada en Suiza y de origen canadiense que también gestiona al equipo femenino Cervélo-Lifeforce. De hecho, ambos equipos estarán muy relacionados: los directores auxiliares Jean-Paul Van Poppel y Jens Zemke llevarán a cabo sus funciones alternamente en el equipo masculino y en el femenino. El mánager administrativo será un viejo conocido de la estructura técnica de Gerolsteiner como Theo Maucher, mientras que el director deportivo será el australiano Scott Sunderland, ex CSC. Lo realmente interesante, sin embargo, viene en el plano de los ciclistas con que contará el equipo. ..

Resaltan por encima de todos dos corredores de primer nivel mundial, expertos, como Carlos Sastre y Thor Hushovd. Sastre, de 33 años, llega al equipo cerca del ocaso de su carrera tras el inesperado cénit que supuso su inesperada victoria en el Tour de Francia. Su misión durante los dos años de contrato que ha firmado como ciclista será precisamente dar presencia al equipo en las grandes vueltas. Sin embargo, lo interesante viene cuando acabe dicho contrato: el abulense seguirá integrado en la estructura técnica del equipo. Siempre se ha mostrado como un buen estratega en carrera, es un auténtico director sobre la bici: ha tenido lunares como el que permitió a Landis dar un vuelco al Tour 2006, pero se compensan con tácticas brillantes como la que apuntaló en los Juegos Olímpicos. Su destino será ejercer de director, pero desde el coche. Junto a él se llevará a un gregario que le acompañó en CSC, el experto burgalés Íñigo Cuesta (39 años). No se descarta que incorpore algún otro ciclista de su confianza.

Por su parte, el noruego Thor Hushovd llega en su plenitud como ciclista, con 30 años recién cumplidos y al menos tres al máximo nivel. La desaparición de Crédit Agricole como equipo profesional le dejó sin contrato para 2009; tras un mes de subasta a varias bandas, Hushovd se decidió por Cervélo debido al interesante enfoque que supone la prueba en competición de los prototipos de primeras marcas ciclistas. Además del hecho de que iba a ser líder único e indiscutible de cara a las clásicas y los sprints, algo que ya sucedía con Crédit Agricole y, sin embargo, no ocurriría en un equipo de mayor nivel. Hushovd incorpora también a un gregario de poco nombre pero con el cual comparte relación y equipos, su compatriota Gabriel Rasch: rodador experto de 32 años y sin apenas resultados individuales. Llegarán además otros dos hombres del equipo Crédit Agricole: completos y relativamente jóvenes, con predilección por las contrarrelojes y la media montaña. Por un lado, el lituano Ignatas Konovalovas (23); por otro, el australiano Simon Gerrans (28), quien le robara en el pasado Tour de Francia una etapa al inocente Egoi Martínez.

De cara a las clásicas del norte se ha contratado a varios ciclistas. Desde Columbia arriban dos veteranos de garantías como Andreas Klier (32) y Roger Hammond (34). Entre ambos garantizan una buena campaña, presencia en las carreras que sean su objetivo; pero, sobre todo, serán los guías del aprendizaje de tres corredores con mucho margen de progresión en esta especialidad del ciclismo: el semi sprinter alemán Heinrich Haussler (24 – Gerolsteiner), el belga Serge Pawels (25 – Totsport Vlaanderen) y el inglés Daniel Lloyd (28 – Sean Kelly Team). También del equipo de Sean Kelly llega un vueltómano de futuro como Daniel Fleeman (26). Otro nombre confirmado es el de Philipe Deignan (25), irlandés de AG2R.

Se han relacionado, además, muchos otros nombres con el Cervélo Test Team. El artista del dramatismo por excelencia, el francés Thomas Voeckler (29 – Bouygues Telecom), ha parecido muy cercano al equipo suizo; Clement L’Hotellerie, revelación de principios de temporada con Skil – Shimano, parece estar entre Caisse d’Épargne y Cervélo. Ha sonado Benny de Schrooder, belga perteneciente al equipo de Sean Kelly. Pero si hablamos de sonar…

… Lo más sonado ha sido Samuel Sánchez. Ayer saltaba la noticia de que el asturiano iba a romper su contrato con Euskaltel mediante el pago de su cláusula de rescisión para unirse al proyecto suizo. Se hablaba incluso de cifras que, aunque lejanas de lo que cobran futbolistas y otros deportistas de alto nivel, sí son muy altas para un ciclista profesional. Miguel Madariaga, mánager de Euskaltel y actual jefe de Samuel, montó en cólera cuando conoció la noticia; Igor Galdeano parecía esperarla. Sin embargo, en declaraciones a Biciclismo, el campeón olímpico frenó la psicosis que parecía instalarse en el equipo vasco afirmando que “su tren es el Euskaltel”. Aunque, por qué no decirlo, cuando el río suena… agua lleva. Y la salida de Samuel lleva sonando mucho tiempo.

El ciclismo español y el sueño olímpico

Pelotón olímpico
Como cada cuatro años por estas fechas, llega el gran acontecimiento del deporte universal. La gran cita, los Juegos Olímpicos. Millares de deportistas se reúnen para participar en la mayor competición del mundo, viviendo durante unos días hermanados en la Villa Olímpica… pero siempre con un ojo puesto en el oro, en poder hacer suya la frase latina “citius, altius, fortius” (“más rápido, más alto, más fuerte”). La gloria del espíritu olímpico.

Aunque la prueba reina de las Olimpiadas es, sin duda, el atletismo, también hay muchas otras disciplinas donde el ganador se puede considerar el rey de su deporte. Esto no sucede en el fútbol (donde los límites de edad y demás triquiñuelas para que los Juegos no sean competencia para el Mundial convierten el torneo en una charlotada), y tampoco sucedía hasta hace poco en el ciclismo. El motivo era bien sencillo: aún quedaba virgen una parte del olimpismo. Concretamente, la parte que obligaba a que los deportistas participantes no fueran profesionales.

Sin embargo, el camino de prostitución del espíritu olímpico que inició Juan Antonio Samaranch con la aparición de publicidad explícita en los estadios se extendió hasta la profesionalización de los participantes, pasando a considerarse los Juegos como el acontecimiento de alto nivel que son hoy. Atlanta 1996 fueron los primeros Juegos Olímpicos con presencia de profesionales en el ciclismo, después de aquella generación de jóvenes torturados por el preparador ruso Guronov en pos de un éxito (que no llegó) en Barcelona’92.

España llegó a la salida de la ciudad americana con un equipo de campanillas: en la ruta el rodador Marino Alonso y el sacrificado Manuel Fernández Ginés escoltaban a tres grandes vueltómanos como eran Melchor Mauri, Abraham Olano y Miguel Indurain, siendo estos dos últimos los representantes para la contrarreloj, que hasta entonces se había disputado por equipos y ahora pasaba a ser individual.

La prueba en ruta fue, gracias a la total ausencia de control al tener sólo cinco ciclistas cada equipo, un auténtico zafarrancho. Cientos de ataques que se resumieron en uno que dejó por delante al suizo Pascal Richard, el danés Rölf Sörensen y el británico de origen italiano Max Sciandri; y por detrás a un quinteto donde viajaba, entre otros, Melchor Mauri. Finalmente, Richard se llevó el gato al agua birlándole el oro al sprint a Sörensen, plata, y a un Sciandri, bronce, que no llegó a disputar la victoria. Por parte española, Mauri fue sexto llegando en el segundo grupo, mientras el resto llegaba en el seno del pelotón.

Agrio sabor de boca que duró hasta la contrarreloj. Y es que en la otra parte del ciclismo de carretera España apabulló. Indurain y Olano, oro y plata, lograron el primer doblete olímpico español de la historia ante los Boardman (bronce), Riis, Berzin, Armstrong… y en un circuito, urbano, que no se adaptaba a sus características de rodadores fuertes que desarrollan una gran potencia en largas rectas.

Cuatro años después llegó Sidney 2000. España acudió con un cinco que giraba en torno a Freire, dado que el recorrido parecía propenso para una llegada al sprint; a su alrededor, un hombre rápido como Miguel Ángel Martín Perdiguero y tres buenos rodadores como eran Juan Carlos Domínguez, Santos González y Abraham Olano. Estos dos último compitieron también en la crono, donde fueron cuarto y octavo respectivamente, doblando la rodilla ante Viatcheslav Ekimov, oro, y los dos grandes ciclistas de la época: Jan Ullrich (plata) y Lance Armstrong (bronce). Sinsabor por la medalla de chocolate de Olano, que no hacía sino acrecentar el desencanto tras la prueba en ruta…

… Que se disputó tres días antes y fue, sencillamente, mala. De infausto recuerdo. Confeccionar la convocatoria había sido una auténtica aventura: España no era un país con demasiados rodadores para un circuito que sólo presentaba un repecho, rácano, de poco más de un kilómetro al seis por ciento. La cosa se agravaba más cuando se advertía que, tras una temporada cargada y muy movida, los pocos ciclistas aptos para el llano iban a llegar muy castigados a la cita olímpica. El balance de la carrera no pudo ser más desolador: Santos González, retirado por problemas en la rodilla a las primeras de cambio; Abraham Olano, en un estado de forma bajo tras correr Tour y Vuelta, se fundió y quedó en una discreta 60ª posición; y Juan Carlos Domínguez, trabajador aunque más limitado que los otros dos, no pudo siquiera terminar la carrera tras echar abajo una peligrosísima fuga prácticamente en solitario.

A las dos opciones de medalla no les fue mejor. Perdiguero, exento de trabajo durante la carrera en pos de ser el “tapado” de la selección para los momentos decisivos, acabó por los suelos gracias a una inoportuna caída. Y Freire… pobre Freire. Sin compañeros, algo básico para un sprinter, tuvo que quedarse a rueda de otros velocistas que sí llevaban un vestigio de equipo para controlar. Tuvo la oportunidad de marcharse fugado, pero renunció a ello porque la meta estaba demasiado lejos. Cuando oyó sonar la campana que anunciaba que ése era la última vuelta que habían de dar al circuito, se le cayó el mundo encima: su cuentakilómetros estaba roto, él se creía diez kilómetros más lejos de meta. Mala suerte y despiste, los dos grandes enemigos de Freire…

…Que le atacarían en la siguiente Olimpiada, Atenas 2004. En un circuito duro, con un repecho de dificultad media y otro muy duro de nombre Likavitos. Sin embargo, la circunstancia que definiría la carrera no sería el recorrido, sino la canícula reinante; para los españoles también fue determinante la estrechez y las complicaciones técnicas del circuito. Corrieron en aquella ocasión los tres mejores clasicómanos españoles, los tres medallistas en los últimos Mundiales: el vasco Igor Astarloa, el cántabro Óscar Freire y el murciano Alejandro Valverde. Junto a ellos, dos contrarrelojistas polivalentes destinados al trabajo de equipo, Igor González de Galdeano y José Iván Gutiérrez.

Apenas en el tercer kilómetro llegó la caída que marcaría el sino de los españoles en aquellos Juegos: Igor Astarloa se tuvo que retirar, José Iván Gutiérrez continuó mermado y se retiró unas vueltas después. Varias vueltas después, cae también Freire, que sigue sobre la bici y abandona al poco tiempo. Sólo quedaban sobre la bici un Alejandro Valverde descompuesto por la presión de ser el único líder en pie del combinado nacional e Igor González de Galdeano, dedicado por completo a trabajar para el murciano. Finalmente, Bettini se exhibió y se bañó en el oro olímpico por delante de un sorprendente Paulinho, plata, y de un Axel Merckx que atacó con coraje en pos del bronce en los hectómetros de pavé que se encontraban cerca de meta. Valverde terminaba 47º, hundido en el pelotón; Galdeano no acababa, pensando en la contrarreloj…

… Que tampoco fue mejor. Galdeano, cansado, sólo pudo ser noveno; Gutiérrez, seriamente mermado por la caída en la prueba de fondo, acabó decimosexto. Las medallas fueron para Hamilton, Ekimov y Julich; por otro lado, el gran favorito Ullrich sólo era sexto y asomaba un jovencísimo Fabian Cancellara, que con apenas 23 años acabó en un meritorio décimo puesto.

¿Y este año? Este año parece que sí. Este año España puede ser campeona olímpica de fondo en carretera. El recorrido es duro, con tres repechos dignos de consideración y un final picando hacia arriba que beneficia a nuestros ciclistas. Los escaladores Alberto Contador y Carlos Sastre, el bajador Samuel Sánchez, el mejor sprinter y clasicómano español de la época moderna Óscar Freire y el… superclase… Alejandro Valverde conforman el combinado nacional que se enfrentará en Pekín a las circunstancias y a los rivales. Paolo Bettini, Davide Rebellin, Stefan Schumacher, los hermanos Schleck, Kim Kirchen…

Pero, sobre todo, hay que luchar contra las circunstancias. Los cinco hombres por país que hacen casi impensable una táctica de control, la cacareada contaminación de la capital china (difícil que afecte, el paraje donde se disputa la prueba es prácticamente verde según se vio en la Good Luck Beijing, carrera de ensayo disputada el año pasado en el circuito olímpico)… y la suerte. La misma que trucó el cuentakilómetros de Freire o tiró al suelo a Igor Astarloa cuando no había recorrido más que tres kilómetros… Puede que, en esta ocasión, nos sonría y bañe en oro una temporada de 24 kilates para el ciclismo español.

Igor consuma su naranja

El año 2008 será el de la confirmación para el nuevo bloque de Euskaltel

Igor González de Galdeano y Samuel SánchezCuando, a finales de 2005, Igor González de Galdeano asumió la jefatura deportiva del equipo Euskaltel en detrimento de Julián Gorospe (que le acompañó como director deportivo en su primera temporada en el cargo), pidió dos años para que se viera el equipo que él quería. Con la escuela de Manolo Sáiz y Javier Mínguez, la palabra clave para Igor fue clara: bloque.

Así empezó la transformación del Euskaltel de las figuras, de Mayo, Zubeldia y Samuel, en el Equipo Euskatel. Se empezó por cambiar la mentalidad, por erradicar la corrosión interna que provocaba el acomodo existente en varios ciclistas. A partir de ahora, al ataque. Fueron tomadas decisiones muy polémicas, como la marcha de Iban Mayo e Iker Camaño a Saunier Duval.

Pero, sea como fuere, el cambio ha resultado positivo para Euskaltel. Han ganado presencia en las carreras; quizá no llegan muchas victorias, pero la imagen de los patrocinadores sí que llega a las casas. En pos de que esta tendencia se convierta en constante, Igor Galdeano ha seguido “limpiando” el equipo para dejar un bloque joven y, sobre todo, comprometido.

Dejan el equipo sin visos de seguir como profesionales el desafortunado Aketza Peña, envuelto en un asunto de dopaje; Andoni Aranaga, que no ha podido demostrar lo que apuntó en Kaiku y, según se rumorea, ha sufrido ciertos desplantes desde la dirección de la escuadra; el hermanísimo Joseba Zubeldia, un caso flagrante de enchufe; e Iban Iriondo, tras un par de años en los que no ha logrado adaptarse del todo al profesionalismo debido a la exigencia del Pro Tour.

Dos bajas de Euskaltel sí que han encontrado equipo para el año que viene: el joven Unai Uribarri, que en un trance parecido al de Iriondo ha recibido la oportunidad de redimirse en Orbea; y el apadrinado Iban Mayoz, que tras dos años aciagos con Euskaltel recala en Karpin-Galicia. La rumorología echa humo en torno a él.

Capítulo aparte merece la baja del “venevasco” Unai Etxebarría, último representante de la vieja guardia de Euskaltel, que deja la bici tras ser descartado por Igor en aras del rejuvenecimiento del equipo y no encontrar un contrato adecuado para continuar en las carreteras el año que viene. Desaparece así del panorama ciclista un corredor modélico, rodador aunque polivalente para cualquier menester, y que además poseía un instinto ganador bastante notorio.

El capítulo de altas, por el contrario, registra pocos movimientos. Tan solo hay tres altas, con lo que se recorta la plantilla en cuatro ciclistas. Desde Orbea llegan dos buenos corredores: Francisco Javier Aramendia, un hombre de planta impresionante como rodador y de sólo 21 años, lo cual le deja un margen de progresión altísimo; y Josu Agirre, contrarrelojista y casi todoterreno de bastante bravura, que a buen seguro ayudará mucho al líder de turno… o incluso brillará individualmente.

El otro fichaje constituye un retorno esperado entre la afición vasca: Egoi Martínez, el chaval de Etxarri-Aranantz que se hiciera con un Tour del Porvenir y deslumbrara al mismísimo Armstrong en Midi Libre hace unos cuantos años, vuelve a la que fue su casa tras pasar dos temporadas a la sombra del propio Lance y de Bruyneel en Discovery Channel. Ya rondando la treintena; llega en el momento justo de madurez para tomar responsabilidades.

Egoi Martínez, Igor Antón, Mikel Astarloza… serán los nuevos hombres para llevar el peso del equipo en los momentos importantes de la temporada, junto a clásicos como Iñigo Landaluce, Haimar Zubeldia o Samuel Sánchez; y con corredores brillante que pueden hacer saltar la banca en cualquier momento, como Koldo Fernández de Larrea, Amets Txurruka o incluso José Agirre.

Todo ello envuelto en una filosofía de ataque, de escuadra protagonista en carrera. La filosofía de Igor Galdeano, su particular equipo naranja, que tendrá su prueba de fuego en este 2008.