El arte de la fuga bidón

El miércoles, el Giro d’Italia quizá vivió su etapa más decisiva de su edición 2010. El recorrido quebrado y maratoniano que unía las ciudades de Lucera y L’Aquila en el undécimo parcial de la carrera parecía destinado únicamente a mermar a los corredores, que a priori debían pasar unas ocho horas sobre su máquina y estar atentos únicamente en la emboscada tendida en los últimos kilómetros con una ‘tachuela’ y un final en cuesta. Pero el guión de una prueba ciclista no lo pone la carretera, sino los corredores…
La fuga bidón es uno de esos antiguos artes del ciclismo que ya no se estilan, como los ataques por parejas o las escapadas en solitario. Antes no había gran ronda que no viera, al menos por un día, que un grupo grande de corredores inofensivos para la general se distanciara de un permisivo pelotón para jugarse la victoria de etapa y el liderato. Estos corredores, con el paso de las jornadas, iban cediendo tiempo paulatinamente respecto de los grandes favoritos para acabar situados de nuevo en las catacumbas de la general. A veces, pocas, los componentes de esta fuga bidón conseguían lo impensable, aguantaban su ventaja y se llevaban el gato al agua. Tal fue el caso del francés de origen polaco Roger Walkowiak, a quien dos escapadas de este género y un innegable talento le valieron llevarse el Tour de Francia de 1956; caramelo envenenado, este triunfo acabó por demoler su carrera deportiva… Pero esa es otra historia.
En el ciclismo moderno, el de los grandes equipos capaces de bloquear la carrera, las fugas bidón quedaron fuera de lugar. La fortaleza de las escuadras de los favoritos hacía posible que no hubiera grupo de valientes capaz de alejarse del pelotón para hacerse con el jersey de líder. La permisividad llegaba en la tercera semana, cuando se dejaban ir las llamadas escapadas consentidas, una suerte que llegó a tener incluso sus especialistas, los cazaetapas.
Así, las fugas bidón se convirtieron en ‘rara avis’. Hasta que llegaron los Tours de Lance Armstrong, y con ellos el dominio de su equipo US Postal. Johan Bruyneel, director del conjunto norteamericano, se encontró con un problema: la irresistible superioridad del tejano y sus coequipiers hacía que éste cogiera el maillot amarillo demasiado pronto, obligando a los suyos a desgastarse durante demasiados días en cabeza del pelotón, controlando la carrera tal y como corresponde a la escuadra del líder. Para resolver el inconveniente, el belga recurrió a la fuga bidón: regalar el liderato a un anónimo del pelotón, para así encomendar a él y su equipo el deber de controlar la carrera.
La fuga bidón por excelencia de la época Armstrong fue, sin duda, la que tuvo lugar en 2001 camino de Pontarlier. Fue una jornada larguísima y marcada por el mal tiempo… y la fuga de catorce corredores que contaron con el beneplácito del pelotón para adelantarse y coger el mando de la carrera. Los grandes fueron permisivos hasta la exageración: casi 36 minutos de ventaja colocaron en los primeros lugares de la general a Stuart O’Grady, François Simon y el kazajo Andrei Kivilev. Y, si bien el australiano claudicó a las primeras de cambio, el francés tomó el liderato y lo aguantó cuatro jornadas más para finalizar sexto en la general final, mientras el kazajo quedó cuarto a escasos cincuenta segundos del podio, cuyo último integrante fue el lazkaotarra Joseba Beloki.
Aunque, si hablamos de fugas bidón trascendentes para la general, sin duda el caso paradigmático en esta década es el de la fuga de Montelimar que encumbró a Óscar Pereiro como líder del Tour de Francia 2006. No era, en realidad, una fuga bidón de manual. Lejos de las decenas de ciclistas que suelen involucrarse en este tipo de escapadas, la del gallego sólo contaba con cinco implicados: Andrei Grivko, Sylvain Chavanel, Manuel Quinziato, Jens Voigt y el propio Pereiro. En esta ocasión fue Phonak, que contaba en sus filas con el líder de la carrera en la persona de Floyd Landis, quien permitió que la escapada cogiera la ventaja suficiente para que Óscar Pereiro se colocara en primera posición de la general. Más adelante, Landis recuperaría el liderato de manos del gallego gracias a una prodigiosa exhibición camino de Morzine. Tenía truco. Y Pereiro, segundo en París, pasará a la historia como ganador de aquella edición del Tour. Todo gracias no sólo a la bajeza de Landis, sino a su audacia para realizar su movimiento camino de Montelimar.
El pasado miércoles, el Giro de Italia 2010 quizá viviera su particular Pontarlier, o Montelimar. Fue camino de L’Aquila cuando un grupo con la friolera de 56 corredores se adelantó respecto del pelotón de los favoritos para aventajarles en más de doce minutos en la meta y, con ello, volver la carrera del revés. La debilidad del Astaná del líder Vinokourov y el BMC de Evans permitió esta circunstancia. Y la inactividad del Liquigas de Basso y Nibali, equipo más potente de la ‘corsa rosa’, pensando en que no había peligro real en los integrantes de la escapada, la alentaron. Ahora, cabe especular hasta dónde llegarán las consecuencias de este desastre táctico para los citados…
En principio, el actual líder Richie Porte (Saxo Bank) debería desaparecer pronto de las primeras posiciones de la general. Porte, ex triatleta, afronta su primera vuelta grande y posiblemente acuse el paso de los días cuando la carrera se encuentre inmersa en la durísima tercera semana. Tras él se encuentra un dúo de ciclistas correosos: tanto David Arroyo (Caisse d’Épargne) como Robert Kiserlovski (Liquigas) muestran una considerable fortaleza y aptitud para las grandes rondas, siendo el croata si cabe más brillante que el talaverano. Valerio Agnoli (Liquigas) y Linus Gerdemann (Milram) tendrán que enfrentarse con sus limitaciones y dar el salto de calidad si quieren agarrarse a un puesto en el top 5. Y luego están Wiggins y los Cervélo…
Bradley Wiggins (Sky) llegó a la salida de Amsterdam siendo una auténtica incógnita, que pareció despejarse primero con su excelsa victoria en el prólogo y, luego, con su mal rendimiento en el movido periplo holandés. Después de emplearse de manera digna el resto de parciales, su presencia en la fuga le colocó en la zona noble de la general, paliando la desventaja que acumuló en los primeros días de carrera y colocándose en disposición de pelear por la victoria final como ya hiciera en el pasado Tour de Francia. Aunque, refieriéndonos a paliar desventajas, sin duda el gran exponente y principal beneficiado de la fuga bidón es un Carlos Sastre (Cervélo) que ya tiene “ganas de que llegue la montaña” para demostrar que su infame primera semana de carrera fue únicamente producto de la mala suerte. Los doce minutos recuperados en la meta de L’Aquila vienen como anillo al dedo al abulense, que ha dado un gran golpe moral y afronta los días finales de la gran ronda italiana, su especialidad, muy alto de moral y cercano a un buen estado de forma.
Su gran rival de entre todos los presentes en la fuga bidón posiblemente sea su compañero de equipo Xavi Tondo. El catalán, que ha llegado al ProTour este año tras desempeñarse durante años a gran nivel en el segundo plano del ciclismo, ha sorprendido a propios y extraños durante toda la temporada. Este Giro no ha hecho sino seguir la tónica: sacrificado en pos de Sastre, en la primera jornada de montaña fue liberado de sus obligaciones y se coronó como mejor escalador del grupo de favoritos, adelantando a los grandes de la carrera en veinte signficativos segundos. Con la fuga de L’Aquila no sólo enjugó su desventaja, sino que consiguió seis minutos de ventaja respecto de Vinokourov, primero de los principales aspirantes a la ‘maglia rosa’.
Ahora, tanto Vinokourov como el resto de peces gordos, llámense Evans, Basso, Nibali o Scarponi, tienen la pelota en su tejado. Deberán trabajar para recortar toda la diferencia que concedieron camino de L’Aquila a todos estos buenos corredores. Para conseguirlo deberán echar mano obligatoriamente de tácticas agresivas. Y eso, por fortuna para el aficionado, es sinónimo de espectáculo.

Traducción del e-mail de Floyd Landis sobre el dopaje de Lance Armstrong

Al igual que los terremotos tienen réplicas que resultan más terribles si cabe que el seísmo original, los casos de dopaje en el ciclismo suelen dar vueltas de tuerca que convierten su esclarecimiento en un reto tortuoso. Salen a la luz nuevos métodos desconocidos, a veces una confesión confundidora; pero, casi siempre, son nuevos nombres los que se suman al galimatías existente.

El nuevo giro tomado por el ‘caso Landis’ fue ayer la gran noticia del mundo del ciclismo. La magnífica jornada vivida en un Giro d’Italia donde cada día depara una sorpresa y la impresionante victoria de Peter Sagan en la Vuelta a California se vieron opacadas por las sórdidas revelaciones de Floyd Landis, el menonita que protagonizó uno de los casos de dopaje más sonados de la historia del ciclismo.

En el Tour de Francia de 2006, el americano perteneciente por aquel entonces al equipo Phonak perdió el sólido liderato que acababa de recuperar del gallego Óscar Pereiro en el final en alto de la Toissure debido a una pájara. Al día siguiente, ni corto ni perezoso, Landis se lanzaba a conquistar la media montaña alpina, el Joux Plane y la mítica llegada a Morzine; en solitario, desde prácticamente el inicio de la etapa. Realizó una de las mayores exhibiciones del ciclismo moderno, derrotando por más de seis minutos a sus rivales. Pero aquella magnífica exhibición tenía truco.

Ahora Landis, tras cumplir dos años de sanción y volver a la competición en los modestos equipos norteamericanos OUCH y Bahati Foundation, ha decidido redimirse. Y, para hacerlo, ha disparado con bala contra el equipo donde aprendió todo lo que sabe, tanto de bicicleta como de (proclama él) dopaje. Mediante un correo electrónico dirigido al director general de USA Cycling, la federación estadounidense de ciclismo, Floyd Landis acusa a Lance Armstrong y Johan Bruyneel de estructurar un dopaje organizado en el seno del conjunto US Postal (más tarde Discovery Channel y actualmente RadioShack) en connivencia con las altas esferas del ciclismo.

Las reacciones a estas declaraciones no se han hecho esperar por parte de todos los estamentos, competentes y afectados. Por lo pronto, AMA (Agencia Mundial Antidopaje) y UCI (Unión Ciclista Internacional) han prometido investigarlo; de manera mucho más vehemente, eso sí, la primera que la segunda. Porque, si bien la AMA puede y debe llegar hasta las últimas consecuencias, esta investigación podría manchar hasta límites insospechados la imagen de la UCI y, sobre todo, de su ex presidente Hein Verbruggen.

Lance Armstrong, por su parte, se ha defendido acusando de falta de credibilidad a Landis y echando balones fuera al afirmar que existen “errores en la secuencia de eventos”, que por ejemplo nunca corrió (ni ganó) la Vuelta a Suiza tras la cual supuestamente dio positivo; eso sucedió en 2001, y no en el año 2002 en que, según el tejano, ubica el hecho Landis. Sin embargo, sucede que el tejano ha equivocado su lectura de los correos del menonita: éste habla de que los hechos acontecieron “el primer año que se usó el test de detección de EPO”. O, lo que es lo mismo, en 2001.

En ARUEDA.COM hemos traducido el presunto correo electrónico de Floyd Landis filtrado en los foros anglosajones de ciclismo con objeto de poner a vuestro alcance toda la información posible sobre un tema que traerá cola. Por lo pronto, esperemos a que se realicen las pesquisas preceptivas por parte de UCI y AMA en torno a este ‘caso Landis’, y también a que los implicados se defiendan y actúen. El objetivo no debe ser tanto cortar cabezas como arrancar confesiones que restituyan el honor del ciclismo, nuestro deporte.

2002: Johan Bruyneel me enseñó a usar parches de Testosterona durante la Dauphiné Liberé en Junio, tras lo cual viajé en helicóptero son el Sr Armstrong desde la llegada, creo que Grenoble, hasta St Mauritz (Suiza), donde me dio una caja de parches de 2’5 mg frente a su esposa, que presenció el intercambio. Alrededor de una semana después, el Dr Ferrari me extrajo medio litro de sangre que debía transfusionárseme durante el Tour de Francia. El Sr Armstrong no fue testigo de la extracción, pero él y yo tuvimos largas charlas sobre ella durante nuestros entrenamientos, donde él me explicó también sobre la evolución de los tests de detección de EPO y cómo las transfusiones eran ahora necesarias debido a los inconvenientes de este nuevo test. También me explicó que, el primer año que se usó el test de detección de EPO, el Sr Ferrari, que tenía acceso a dicho test, le aconsejó no usar nunca más EPO. Pero él no creyó al Sr Farrari (sic) y continuó usándola. Después, cuando ganó la Vuelta a Suiza un mes antes del Tour de Francia, dio positivo por EPO. En este punto, el Sr Bruyneel y él viajaron hasta el cuartel general de la UCI y llegaron a un acuerdo económico con el Sr. Vrubrugen (sic) para ocultar el positivo.

2003: Después de romperme la cadera en invierno, volé a Girona donde esta vez dos unidades (cada una de media litro) me fueron extraídas en un margen de tres semanas. Esto tuvo lugar en el apartamento donde el Sr. Armstrong vivía; fui requerido para quedarme allí y vigilar la temperatura de la sangre cada día. Eso [la sangre] estaba en un pequeño frigorífico en el armario con la sangre de George Hincapie y el Sr Armstrong, que planeaba irse unas semanas a entrenar y me pidió que me quedara allí para vigilar que el frigorífico tuviera electricidad y no sucediera nada raro con él.

Durante el Tour de Francia el equipo entero, en dos ocasiones diferentes, fueron a una habitación previamente indicada donde nos encontramos con el doctor para realizar las transfusiones. Durante el Tour presencié personalmente cómo George Hincapie, Lance Armstrong, Chechu Rubiera y yo mismo recibíamos transfusiones sanguíneas. También durante el Tour el médico nos dio a mí y mi compañero de habitación George Hincapie una pequeña jeringa de aceite de oliva donde se hallaba disuelto Andriol, una forma de testosterona ingerible, para consumir en dos tomas en un plazo de tres días.

Me pidieron que corriera la Vuelta a España aquel mismo año para que ayudara a Roberto Heras y en Agosto, entre el Tour y la Vuelta, me dijeron que consumiera EPO para subir mi hematocrito con objeto de que se me pudieran practicar más transfusiones sanguíneas. Me pidieron que fuera a casa de Lance con Johan Bruyneel para que [Armstrong] me diera EPO. La primera EPO que usé me la dio en la entrada de su casa, perfectamente a la vista de su entonces esposa. Era de marca Eprex y venía en seis jeringas previamente calibradas. Las usé por vía intravenosa varias semanas antes de la siguiente extracción de sangre y no tuve problemas con los controles antidopaje durante la Vuelta. En este tiempo Johan Bruyneel me enseñó a usar la Hormona de Crecimiento, y compré lo que necesitaba a Pepe el “entrenador” del equipo, que vivía en Valencia con el médico del equipo por aquello época. Entrenando para la Vuelta pasé mucho tiempo con Matthew White y Michael Barry, con quienes compartí testosterona y EPO y charlas sobre su uso.

De nuevo, durante la Vuelta el médico del equipo nos dio Andriol y practicó transfusiones de sangre. No tuvimos ningún problema con los controles.

2004: De nuevo el equipo me practicó dos transfusiones de sangre separadas, pero en esta ocasión Bruyneel se volvió más paranoico e hicimos las extracciones en Bélgica, adonde volamos para encontrarnos en un apartamento de propietario desconocido. La sangre se la llevó “Duffy”, que era en aquel tiempo algo así como su asistente. La segunda de las transfusiones fue realizada en el autobús del equipo, en el trayecto desde la llegada de una etapa hasta el hotel, durante el cual el conductor fingió tener un problema mecánico y se detuvo en una remota carretera de montaña durante más o menos una hora para que todo el equipo pudiera recibir el medio litro de sangre. Esta es la única vez que vi al equipo entero recibir transfusiones a la vez, viendo a todos a la vez y al propio conductor de autobús. Aquel equipo incluía a Lance Armstrong, George Hincapie y yo como únicos americanos.

2005: Aprendí en este punto la mayoría de técnicas necesarias para las transfusión y otras cosas por mi cuenta, así que contraté a Allen Lim como ayudante para los detalles y la logística. Nos ayudó a Levi Leihpeimer y a mí a preparar las transfusiones y se aseguraba de que [la sangre] se conservaba a la temperatura adecuada. Los dos nos hicimos dos transfusiones separadas aquel Tour. Como mi hematrocrito estaba muy bajo de salida, yo hice mi primera transfusión unos días antes del comienzo de la carrera para no empezar con desventaja.

2006: Bueno, ya entiendes la idea….. Una cosa muy significativa es que me senté con Andy Riis (sic) [probablemente quiso decir Andy Rihs] y le expliqué lo que había hecho en el pasado y cuál era el riesgo que iba a tomar. Le pedí permiso, que él me dio en forma de dinero para completar las operaciones descritas. John Lelangue fue también informado por mí y Andy Riis (sic) consultó a Jim Ochowicz antes de dar el sí.

Hay muchos más detalles que tengo en diarios que estoy en proceso de transformar en una historia inteligible. Pero si la posición de USA Cycling [federación estadounidense de ciclismo] es que no hay suficientes detalles para justificar una llamada a la USADA [Agencia Antidopaje de Estados Unidos], estoy escribiendo tanto como puedo poner razonablemente en un correo electrónico para compartirlo con vosotros y averiguar qué proceso va a abrir USA Cycling con estas alegaciones.

Recibirás mucho más detalles cuando demuestres que se puede confiar en que harás lo correcto.

Floyd Landis

Un digno final para una carrera marcada

¿Óscar Pereiro a Xacobeo?
Arueda.com

Suena estimulante y suena también natural. Óscar Pereiro, nacido en Mos hace 32 años, está en declive desde que ganó el Tour de Francia de 2006. Un éxito precioso que ilumina su palmarés por sí sólo, que eclipsa al resto. Un éxito que, por otra parte, fue una maldición. Si encontramos algún corredor parecido al mítico Roger Walkowiak en el ciclismo moderno, ése es el gallego.

Fuera del ambiente ciclista no se recuerda como era el Pereiro de antes de aquel Tour. Dentro… es difícil recordarlo. Parecen dos corredores diferentes. El Pereiro pre2006 era un corredor combativo, sin nada que perder, capaz de ganarse la vida compitiendo en el modesto Porta da Ravessa. De embarcarse a la aventura en Phonak de la mano de Álvaro Pino para clasificarse undécimo en el loquísimo Giro’02. De acumular fugas y más fugas en el Tour’05 hasta conseguir una victoria; y, de remate, cazar otra fuga más para colocarse décimo en la general final. Ése era Pereiro.

Precisamente, fue siendo él mismo como se arruinó. En el Tour de 2006 partía de colíder de Caisse d’Épargne junto a Alejandro Valverde. El murciano fue eliminado por una caída a las primeras de cambio, él era jefe de filas único y falló en Beret. Casi veinticinco minutos de desventaja le animaron para filtrarse en una fuga camino de Montélimar junto a Chavanel, Voigt, Quinziato y Grivko. Lo recuerdo como si fuera ayer, cómo Grivko atacó y se desfondó a unos treinta kilómetros de meta. Acabó perdiendo seis minutos. Después Voigt hizo uno de sus demoledores demarrajes, Óscar se fue con él. Victoria para el alemán, el español esperaba nervioso en meta junto al locutor de TVE (¿era Carceller?). La ventaja necesaria para alcanzar el maillot amarillo, algo más de 28:30, se había superado en referencias intermedias pero parecía imposible en meta por cuanto el pelotón aceleraba en preparación del sprint por los puntos del maillot verde. Finalmente fue posible, Pereiro se puso líder con minuto y medio sobre un Landis cuyo Phonak decidió no perseguir para dejarle el trabajo de controlar la carrera al Caisse d’Épargne.

Con lo que no contaba Landis era con Pereiro aguantando como un jabato. Tampoco con el brutal petardazo que el propio americano iba a dar en La Toissure. Aquello le desquició. Al día siguiente, en una de las últimas burradas del ciclismo de los pinchazos y en una de las etapas más bonitas que se han visto en el Tour en los últimos años, Landis le dio la vuelta a la carrera con una exhibición camino de Morzine y pasando el durísmo Joux Plane. Él sólo reventó la fuga del día, reventó al pelotón que le perseguía, reventó todo. En la última crono acabó de consumar su remontada. Reventó dos carreras cuando dio positivo por testosterona. La primera, el Tour de Francia de 2006. La segunda, la carrera deportiva de Óscar Pereiro.

Los meses siguientes fueron de incertidumbre, de desmotivación, de agobio. El gallego estaba acorralado por el positivo de Landis, que le convertía en ganador legal del Tour, y por la negativa de ASO ha reconocerle este mérito. Se convirtió en un hombre mediático, y cada entrevista era lo mismo: ¿Cómo te sientes? ¿Cuándo te dan el Tour? ¿Qué injusto todo, verdad? Extenuante. A partir de entonces, Pereiro fue una sombra.

Aunque 2007 no fuera del todo un mal año, su décimo lugar en el Tour supo a poco al aficionado no especializado aunque fuera lógico para aquel que conociera el desempeño normal del gallego. 2008, sin presión por contar con el curioso paraguas de la decepción y con el escudo de un Valverde dispuesto a centrar los focos en la gran ronda francesa, parecía su temporada para la resurrección. Lo estaba siendo. Óscar lo reconocía, volvía a disfrutar sobre la bici y a ser él mismo. Atacaba, se fugaba, volvía a ser un corredor combativo que, por ejemplo, mostraba una faceta olvidada: gran descendedor. Mejor descendedor que escalador, de hecho. Y fue en una bajada donde todo volvió al suspense: en el Col d’Agnello, una caída escalofriante por un terraplén, de carretera a carretera. Todos los corredores de Caisse d’Épargne arremolinados en torno a él, Chente García Acosta pensaba que había muerto. No. Se había quedado afectado, rotos algunos huesos. Pero había salvado la vida.

Si humanamente había sido un mazazo, más aún lo había sido desde el punto de vista deportivo. La caída fue otro antes y otro después. Porque antes era difícil motivarse, pero después resultaba imposible. Se dudaba incluso de la continuidad de Pereiro en el pelotón este 2009. Sin embargo, el talentoso corredor gallego decidió intentar cumplir su contrato, y lo hizo funcionarialmente. Provocó un divorcio en el seno de su equipo. No se veía bien de cara al Tour, intentó forzar, pero camino de Envalira claudicó. Unzué, disconforme, manifestó meses después en El Mundo Deportivo que “debería haberme liado a hostias con él”, una afirmación exagerada que sin embargo dice mucho. A Pereiro ya no se le quiere deportivamente en la formación bancaria, que le ha enseñado la puerta de salida. Ya habla de ella como si de un ex equipo fuera, a pesar de que dentro haya dejado “grandes amigos” gracias a su carácter extrovertido.

Pero ese no es final para un corredor tan brillante como él. Óscar no se debe conformar con retirarse en silencio, en salir por el arrastre en lugar de por la puerta grande. Aún tiene ofertas, de todos aquellos que saben que su problema no está tanto en las piernas sino en la cabeza, que es al fin y al cabo la que gira los pedales. Liquigas se ha interesado por él; incluso el Radioshack de Lance Armstrong. Pero su lugar está lejos de esos destinos internacionales en los que lleva, al fin y al cabo, tanto tiempo. Sería igual de difícil motivarse. Su destino está más abajo, en un lugar donde recibir el cariño que merece. En Xacobeo.

Los últimos días han estado llenos de rumores. Todos van en la misma dirección. Óscar quiere irse a Xacobeo, que necesitaría un nuevo patrocinador para asumir su ficha. El corredor está dispuesto a poner de su parte, a bajar su caché e incluso a no cobrar. Pino no le haría ascos si así fuera; no hay que olvidar que fue el preparador gallego quien fichó a Óscar para el equipo Phonak en 2002, consciente de sus posibilidades. Su rol en la carretera no sería tanto el de líder, ése es para Mosquera, sino el de ciclista libre que pueda aprovechar sus buenos días para destacar. Incluso, por qué no, Pereiro se puede adaptar al papel de gregario como ya ha hecho en varias ocasiones.

Más importante que su rol en la carretera sería su rol fuera de ella. Pereiro es una de esas personas nacidas para ser estrella, para presentar programas de televisión y ser, en definitiva, famoso. Un gancho mediático. El hombre capaz de amarrar la continuidad del patrocinio por parte de las autoridades gallegas al equipo Xacobeo: el cambio de gobierno lo ha puesto en duda. Y más aún con el asunto del Dr. Beltrán, médico que entró a trabajar en Xacobeo mediada la Vuelta y resultó estar implicado lateralmente en los positivos de Héctor Guerra, Nuno Ribeiro e Isidro Nozal en Portugal. Que Óscar estuviera en Xacobeo amarraría el futuro de la estructura gallega.

En los últimos días, Pereiro se ha reunido con el nuevo Secretario Xeral do Deporte de la Xunta de Galicia para tratar su incorporación al equipo Xacobeo. Para tratar la continuidad del equipo. Para hacerle un último favor al ciclismo gallego. Para hacerle un último favor a su mentor Álvaro Pino, para hacerse un favor y terminar con la cabeza bien alta su vida deportiva antes de empezar su vida en la fama más hedonista. Para darle un digno final a una carrera marcada.