Cavendish se impone el arcoiris en el velódromo danés

Mark Cavendish se proclamó campeón del mundo en una prueba marcada absolutamente por su recorrido, que favoreció la determinación de una Gran Bretaña que leyó acertadamente la carrera, trabajó a destajo y propició la inmaculada victoria de su líder.

Inició la prueba, se formó la habitual fuga quijotesca y el combinado británico se situó en cabeza del pelotón. A tirar para controlar una escapada donde se habían filtrado siete corredores de cierto nivel, entre otros un español de carné (Pablo Lastras), uno de adopción (Oleg Chuzda, ucraniano de Canet) y un francés (Anthony Roux). La Alemania de Greipel echaba una mano, pero el peso de la carrera recayó sobre una Gran Bretaña que no rehuía la responsabilidad; al contrario, parecía deseosa de tomarla. De hecho no la soltó hasta que, a menos de cuatro kilómetros de meta, se quedó sin elementos. En esos instantes de debilidad surgió para compensar sus carencias Australia, una aliada perfecta. Los oceánicos recibieron justo premio a su desempeño con la plata de un Matthew Goss cuyo aparente mal estado de forma había apartado de los pronósticos.
El recorrido fue el factor clave del Mundial. El trazado, sinuoso y estrecho en alguna de sus partes, hizo presagiar una gymkana; ciertamente, eliminó a Hushovd en una de esas caídas que perjudican principalmente a quien comete el demérito de circular demasiado mal colocado. Por otra parte el perfil, exagerado por la perspectiva, mostraba un total de tres subidas; ninguna tenía entidad.
Más que un circuito mundialista, la ruta danesa era un velódromo donde los profesionales podían desarrollar sin apenas pestañear velocidades medias superiores a los 45 kilómetros por hora. Ése es un terreno donde los británicos se sienten como peces en el agua. No en vano, el grueso de su cuerpo técnico se formó en el velódromo y seis de sus ocho ciclistas tienen experiencia internacional en disciplinas de pista. Incluso Cavendish vestía un mono y portaba un casco híbrido, materiales a medio camino entre el ciclismo techado y el de aire libre.
Había poco que hacer ante la arrolladora superioridad británica en este terreno; sólo esperar y encomendarse en un acto de fe a que apareciera un velocista capaz de derrotar a ‘Manx Express’. Aun así, hubo quien tuvo arrestos para resistirse a asentir. Como quien ve un oasis en mitad del desierto, hubo quien percibió en la recta de meta una cota donde romper la carrera, aunque lo cierto es que no era más que un repecho, una cuestecita urbana. Allí dejó Italia las fuerzas de los Gavazzi, Visconti o Paolini, quienes aumentaban el ritmo en cada paso buscando fisuras en los británicos. También se la jugaron desde lejos Francia (Voeckler, el citado Roux) y Bélgica (Van Summeren, Kaisen); apenas consiguieron crear una ligera emoción y ganarse cierta honra. El resto, cabezas de cartel como Cancellara o Gilbert incluidos, decidieron guardarse hasta la recta de meta.
El único momento en el cual cesó el dominio británico sobrevino a unos cuatro kilómetros de meta. Un Bradley Wiggins magnífico en el día de hoy se apartó, dejando a sus coequipiers Ian Stannard y Geraint Thomas con la misión de cubrir a Cavendish la distancia restante hasta meta. Era imposible realizar ese trayecto en cabeza y, con buen juicio, se apartaron para obligar a cualquier otro combinado a hacer la labor. Australia tomó el testigo, mientras la inercia de los gregarios colocando a sus velocistas en posición ventajosa contribuía al vértigo general.
Fue en ese momento cuando España realizó el que sería su único movimiento de valor en los kilómetros finales, convertido en error por las circunstancias. A dos kilómetros de meta, Juan Antonio Flecha avanzó hasta cabeza del grupo con Óscar Freire a su rueda para colocarlo en la práctica ‘pole position’. Cuando cesó en su esfuerzo, a falta de algo más de 700 metros para el inicio del repecho final, Freire quedó totalmente expuesto. Faltó en ese momento un hombre de apoyo para el cántabro, pero Rojas tiene una impericia posicional preocupante y Reynés se había caído unas vueltas antes, junto a Hushovd, viéndose forzado a abandonar. Freire se quedó solo, con decenas de poderosos esprinters que aguardaban agazapados a su rueda a que él tragara viento en la segunda posición del pelotón, apenas cubierto circunstancialmente por un Chris Sutton que bregaba en favor de Matthew Goss. Una vez éste se apartó, el tres veces campeón del mundo quedó cara al aire y se escoró hacia el lado izquierdo de la calzada despidiéndose de su cuarto arcoiris.
A su derecha se desató la ‘volata’. Heinrich Haussler inició el lanzamiento con el jovencísimo eslovaco Peter Sagan y su líder Goss a rueda. Circulaban pegados a la barrera, dejando apenas un pequeño hueco que tapaba Daniel Oss, sacrificado infructuosamente en pos de Daniele Bennati. Cuando el rubio italiano abrió la puerta, Cavendish cruzó el umbral. Goss tuvo la oportunidad, apenas dos o tres segundos, de cerrársela; no se decidió, prefirió esperar que ‘Manx Express’ le rebasara para coger su rebufo, y erró.
Finalmente, Cavendish hizo valer el meticuloso trabajo de su selección para imponerse al australiano, quien acabó lanzado pero no lo suficiente. Ocupó el tercer cajón un André Greipel portentoso, que inició la ‘volata’ pésimamente colocado y fue el más rápido en los 100 metros finales, birlando por apenas medio tubular el bronce a un Fabian Cancellara que, bruto como acostumbra, esprintó sentado. Se consumó así un podio formado por ciclistas cuya explosión deportiva sobrevino en el próximamente difunto HTC – HighRoad, auténtico dominador de la suerte suprema del esprint en los últimos años. Su testigo viajará, junto con Cavendish y el maillot arcoiris, al galáctico Team Sky.

Foto: Cyclingnews

La anécdota del reinado contrarreloj

Murió la hegemonía de Fabian Cancellara en la llanura danesa y se estremeció un dogma que, como todos, por duradero se antojó eterno cuando en realidad estaba destinado a persistir sólo mientras persistieran también las circunstancias; en este caso, que el gigante suizo mantuviera sus máximas condiciones físicas y no encontrara un rival apreciable.
Este año ambas condiciones cesaron. ‘Espartaco’ no es exactamente el de siempre, y frente a él encontró a un Tony Martin avasallador, deseoso de arrebatarle el cetro de mejor contrarrelojista del mundo. El alemán llevaba tres años buscando la debilidad del suizo, o más bien la propia fortaleza que le permitiera superarlo, y ha encontrado ambas esta temporada como avisó en los esfuerzos en solitario de Tour y Vuelta. Su salto de calidad es innegable, lo atestiguan siete victorias contra el crono en 2011 y la señal de madurez que transmite en cada una de sus pedaladas, ya sea buscando éxitos propios o trabajando en pos de aspiraciones ajenas.

Igualmente impepinable es el receso de la excelencia de Cancellara, expresado en una campaña menos triunfal de lo acostumbrado en la cual sólo consiguió tres victorias en carreras de Primera División, su peor marca desde que dejara Fassa Bortolo en 2005. El motivo no parece físico (sus exhibiciones en las Clásicas del Norte siguieron la línea acostumbrada), sino más bien un malestar con las evoluciones de su Leopard Trek que impulsa a su cabeza a limitar el rendimiento y la recuperación de sus piernas. Quizá el ambiente amable de la escuadra luxemburguesa no sea el que ‘Espartaco’ necesita; Bruyneel, probablemente, tampoco. ¿Volverá al Saxo Bank de Bjarne Riis y Alberto Contador?
Una vez aupado Tony Martin a la cumbre de la especialidad por excelencia del ciclismo, la lucha contra el cronómetro sin factores competitivos ajenos que puedan distraer el resultado en un sentido u otro, queda razonar quién le hará frente en el futuro en ella y alumbrar el devenir de ésta. En el podio de hoy, infiltrado entre proclamado y destronado, figuraba un Bradley Wiggins extraordinario, que ha remachado con esta meritoria plata mundialista una temporada soberbia en la cual anotó también en su palmarés el Dauphiné, el campeonato nacional británico y el tercer cajón del podio de la Vuelta. Quinto se situó una joya llamada Jack Bobridge (22, próximamente en GreenEdge); un poco más lejos, pero aún entre los veinte primeros, un buen puñado de menores de 25 años (Oliveira, Sergent, Phinney, Talansky, el español Castroviejo) llamados también a discutir el reinado de Martin en un par de años.
La triste circunstancia es que este reinado es cada vez más anecdótico. La deriva del ciclismo actual, donde el aspecto deportivo va cediendo paulatinamente su preponderancia al televisivo, marca una tendencia alcista para la llegada nerviosa y el final en alto a cambio de un declive para el esprint y las contrarrelojes. Se devalúan las facetas técnicas para dar cancha a las más comprensibles para el gran público.
Desde el “ridículo” de Menchov ganando una Vuelta a España en una crono por las autovías aragonesas se acentuó la sensación de que los organizadores perciben como un oprobio que un contrarrelojista gane su carrera. Se han esforzado para que no vuelva a suceder y restan temporada a temporada kilómetros a esos parciales tan poco vendibles. Hace diez años ser especialista contra el crono suponía contar con la opción de hacer una buena general en una prueba por etapas; ahora sólo es positivo para una de las jornadas. Se trata de una evolución que, tristemente, resta alternativas al desarrollo de las carreras y empobrece al ciclismo al degradar a la mera anécdota duelos como los que quizá pudiéramos degustar la próxima temporada entre dos corredores sublimes como Tony Martin y Fabian Cancellara. Una alegría para el responsable de márketing que constituye una pena para el aficionado entendido.

El día más feliz de la vida de Johan Van Summeren

Ninguno de los titanes de las piedras llegó a la París-Roubaix con las cuentas saldadas. El único en terminar satisfecho el pasado Tour de Flandes fue el ganador Nick Nuyens, quien se borró de Roubaix con el pretexto de preparar la disputar de la Amstel Gold Race de la semana que viene y se clasificó hoy tercero en la Klasika Primavera de Amorebieta. El resto, desde Boonen hasta Cancellara, desde Ballan hasta Flecha, tenían retos por completar y malos humores que enjugar.
Garmin – Cervélo no era una excepción de todo esto. La escuadra dirigida por Jonathan Vaughters, de hecho, era la gran decepción de la temporada de piedras. Su teórico equipazo, formado por una clase media envidiable, unos ‘outsiders’ reseñables y todo un campeón del mundo como Thor Hushovd ejerciendo de puntal, no había refrendado en la carretera las prestaciones prometidas sobre el papel. Los pinganillos abiertos en televisión, además, habían hecho un flaco favor a la dirección técnica del equipo mostrando como instaban a sus ciclistas a correr de forma conservadora.

En definitiva, la estructura estadounidense llegaba a la línea de salida de Compiègne con mucho por demostrar. Y las circunstancias se alinearon para que lo hiciera, eliminando a varios de los principales favoritos (Boonen, Chavanel, Pozzato) y con ello a sus escuadras. También generando una fuga compuesta de muchos secundarios donde supieron encontrar su hueco Gabriel Rasch y Johan Van Summeren. E incluso dando fuerza a ciclistas como Vanmarcke y Hushovd cuyas cualidades fueron importantísimas a la hora de controlar la prueba y permitir la victoria del citado Van Summeren.
Fue una Roubaix tensa, emocionante y emotiva; pero lo cierto es que no fue una buena carrera. Garmin, en efecto, tuvo buena culpa de ello. Sin embargo, no es menos cierto que la mayoría de equipos acusaron una falta de ambición manifiesta, corriendo a expensas de un Cancellara tan superior como abandonado por sus coequipiers. Leopard Trek no es una escuadra de clásicas, ya se vio en Flandes y ha vuelto a notarse hoy en el Infierno del Norte: desde el tramo de Mons-en-Pévele, situado a medio centenar de kilómetros de meta, ‘Espartaco’ estuvo solo.
Tuvo que sacar el cuchillo y ponérselo entre los dientes desde ese mismo instante para no ver escaparse a la victoria que llevaba en sus piernas. Primero dio un tirón para reavivar la marcha del grupo de favoritos; después se fue junto a Ballan y Hushovd y los remolcó hasta encontrarse a prácticamente doscientos metros de los fugados. Pidió el relevo a italiano y noruego y ninguno se lo concedió, pensando que los coequipiers que marchaban delante les eximían de cualquier responsabilidad. El suizo se hartó, se sentó, habló directamente con los directores de sus compañeros de fuga lanzando un órdago: “no pienso hacer la caza entera yo solo”. No la hagas, le dijeron. Y ‘Espartaco’ perdió todo el trabajo realizado.
En esa sucesión de acontecimientos residió la clave de la carrera, que pasó a decidirse delante. Restando apenas una veintena de kilómetros para el final la fuga se seleccionó, quedando Tjalingii (Rabobank), Bak (HTC), Rast (RadioShack) y Van Summeren por delante. Para dar una idea del calibre de la escapada basta observar que sólo Van Summeren había cruzado alguna vez entre los diez primeros la línea de meta del velódromo de Roubaix, mientras ni Bak ni Tjalingii se habían clasificado jamás por encima del vigésimo puesto.

Yasmin, la futura esposa de Van Summeren

La lógica indicada por el palmarés se cumplió en el Carrefour de l’Arbre. El corredor de Garmin rompió la baraja y nadie discutió su triunfo, ni aun viéndose obligado el belga a recorrer los cinco kilómetros finales pinchado. En el mismo tramo donde decidió Van Summeren intentó Cancellara realizar una aceleración; fue frustrado por la inoportuna moto de la televisión y el obstáculo representado por un Roelandts desfondado. Luego realizó ‘Espartaco’ un último ataque de pura rabia que le sirvió para clasificarse en segunda posición. Mientras el suizo conseguía su premio estéril, Van Summeren sacaba un momento de lucidez entre la emoción de la victoria y pedía matrimonio a su novia Yasmin, paciente espectadora en la línea de meta. Ella dijo sí y completó el que sin duda alguna es el día más feliz de la vida del modesto corredor belga.

Imágenes: Cyclingnews y @wielerman

El Dios inexistente, contra todos en Roubaix

Arrogante y furioso se despachaba Fabian Cancellara el pasado martes en el diario italiano ‘Corriere della Sera’ analizando su actuación en el Tour de Flandes. “Quería hacer algo perfecto. No funcionó, he demostrado ser humano y quizá sea mejor así”. El Dios que ya no existe, como definió el comentarista de ETB Xabier Usabiaga, continuaba con su altiva verborrea, esa que saca a relucir cuando algo le ofende en su calidad de ‘capo’ del pelotón. “Eran cincuenta hombres detrás de mí. Fue un espectáculo y una satisfacción doble: yo corría para ganar y ellos para hacerme perder”. Finalizó el suizo su relato, fanfarrón, con una referencia poco elegante al vencedor Nick Nuyens: “Al final ganó quien estuvo todo el día a rueda. Felicidades a Nuyens, pero para mí un triunfo así no sirve”.
Así es Cancellara, así es el mejor contrarrelojista y rodador del mundo, el hombre cuya presencia imponente comenzó a dar destellos en el recordadísimo Mapei III, conjunto en el cual era por carácter el perfecto antagonista de una rutilante promesa llamada Pippo Pozzato. Se consagró a entrar a la leyenda a partir de un periplo espectacular en Fassa Bortolo, y dio el salto definitivo en Saxo Bank. Allí Riis terminó de transmitirle los conocimientos y el ego necesarios para ser algo más que un campeón.
El conjunto de Riis es así, Contador, cuya figura ya ha encallecido por las circunstancias, lo notará: una fábrica de grandes hombres de ciclismo y de grandes egos. Esa filosofía, de suficiencia y autoestima inoculada por el danés a quienes están a su alrededor, ha acabado por estallarle en las manos y sublimarse en el Leopard Trek del cual Cancellara es orgulloso patrón junto a los hermanos Schleck.
Desde hace unos años Fabian es algo más que un campeón; ha devenido un tótem. Él lo sabe, se nota en su porte sobre la bicicleta, en su caminar por las salidas de las pruebas de las que toma parte. Ello le lleva a protagonizar actos de genuino liderazgo, como aquel vergonzoso parón del Tour de Francia. Es el ‘capo’ y tiene derecho tanto a levantar la voz como a proclamar la omertá. También a amenazar a periodistas a sujeto de aquel rumor sobre el motor de su bicicleta: “Cassani [quien lo destapó en la RAI] nunca se me ha presentado en persona. A Bufalino [autor de un libro sobre el particular] me gustaría ponerlo contra la pared”.
Tras la afrenta sufrida en el pasado Tour de Flandes, aquel todos contra él casi frustrado por su tremenda potencia, Cancellara buscará resarcirse este domingo en la mítica París-Roubaix. Ese escenario sagrado del ciclismo, un templo para este Dios inexistente, por una vez verá reducida su mística a constituir un segundo y definitivo acto de la lucha entre el suizo y el resto. Frente a él estarán Boonen, Gilbert, el hasta ahora decepcionante bloque de Garmin (Hushovd, Haussler, Farrar) y el rutilante de BMC (Ballan, Hincapie, Quinziato), Flecha y sus jóvenes de Sky. También Nuyens el denostado, y Pozzato, otrora enemigo, a quien Cancellara aconseja “empezar a correr”. Y los 27 tramos de adoquin entre Compiègne y Roubaix, incluyendo el resucitado Aulnoy-lez-Valenciennes, de 2’6 km y calificado con las cinco estrellas que otorga ASO a las zonas de máxima dureza, tendrán algo que decir. Por algo son los artífices de que esta prueba sea llamada el Infierno del Norte, escenario de la prueba de fuego para el Dios que no existe.

Nuyens fue el más listo de un Tour de Flandes memorable

Los días previos al Tour de Flandes son una liturgia de creación de expectativas que, normalmente, no son satisfechas por una realidad tozuda en quitar la razón a la ilusión de los aficionados. Sin embargo, en ocasiones, el ciclismo trasciende y se convierte en mágico por obra y gracia de unos hombres, los esforzados de la ruta, que con sus virtudes y miserias, sus aciertos y errores, sus golpes de suerte y sus infortunios… Convierten una carrera en inolvidable.
La prueba de hoy ha sido un gran ejemplo de esto. Los corredores se han desempeñado con orgullo y coraje, fajándose unos contra los otros y, a su vez, contra una ruta dantesca con más de 250 kilómetros de calzada estrecha jalonada de cotas, pavé y muros.
La batalla ha iniciado muy pronto, con una fuga táctica en la cual Garmin y Sky introdujeron sendos elementos (Hammond y Hunt) para evitar responsabilidades. Siguió con una escaramuza, poco después, donde multitud de segundos espadas de diversos equipos se introdujeron forzando al Leopard Trek del gran favorito, Fabian Cancellara, a asumir el peso de la carrera y quemarse en pos de la neutralización.
Quick Step repitió la táctica de cada Flandes. Dejó a Boonen a rueda de Cancellara y mandó al segundo de a bordo, en este caso Sylvain Chavanel, por delante desde muy lejos. El francés encontró la compañía de un sorprendente Simon Clarke (Astaná) y otros sucesivos acompañantes. El fallo vino cuando Tommeke, ansioso y restando aún cuarenta kilómetros para meta, decidió romper la baraja para eliminar a todos aquellos rivales expectantes de los designios de Cancellara, incluyendo un Gilbert perjudicado por un inoportuno pinchazo.
La aceleración de Boonen fue el interruptor que encendió el motor de Cancellara. El suizo cogió su fusil y machacó al grueso del pelotón primero, a Pozzato después y a un Boonen que ejerció de cazador cazado y renunció a seguir la rueda de ‘Espartaco’, optando por buscar el amparo de un grupo mayor a expensas de la presencia de Chavanel en cabeza de carrera.
Cuando el superclase de Leopard Trek cazó al francés, éste se alojó a su rueda y le negó los relevos. Por detrás, el BMC de Ballan, el Katusha de Pozzato y el Vacansoleil de Leukemans (con un trágico Devolder) tomaron la iniciativa de la caza mientras los hombres de Garmin se escondían, cobardes, pensando en el tercer puesto; otros esperaban y lanzaban pequeñas escaramuzas de dudosa efectividad.
En las inmediacionse del mítico Kappelmuur, uno de los momentos culminantes de la temporada ciclista, la ventaja de Cancellara y Chavanel sobre el grupo de favoritos estaba por encima del medio minuto. Cuando se llegó a la subida adoquinada el suizo, desinflado, fue cazado por un grupo donde aquellos favoritos que veían la carrera perdida se encontraron con una segunda oportunidad e intentaron aprovecharla.
Un Gilbert impulsivo tomó la delantera durante unos kilómetros que le jibarizaron las piernas y fue atrapado definitivamente por Leukemans, Ballan, Hincapie, Flecha, Thomas, el sorprendente Scherinlinckx, Langeveld, Nuyens, Boonen y los quemados Cancellara y Chavanel. Las sensaciones eran desiguales: Ballan parecía fuerte, Flecha se antojaba decidido, Nuyens se escondía, Langeveld se la jugaba sabedor de su pobre ‘rush’.
Finalmente fue un poderoso demarraje de un Cancellara renovado el que decidió la carrera llevándose a Nuyens y un valiosísimo Chavanel, corajudo y siempre atento. Por detrás los equipos, aún llevando como en el caso de BMC y Sky dos corredores en el grupo, vacilaban; por delante había entendimiento, con Cancellara trabajando la parte del león, Chavanel la del ratón y Nuyens ejerciendo de rémora. Flecha y Boonen, los más fuertes del grupo trasero, acabaron por demarrar con impaciencia pero la suerte estaba echada y el triunfo estaba en cabeza.
Cancellara jugó su baza acelerando desde lejos. A casi 350 metros de meta encendió el suizo la mecha, y a punto estuvo a punto de sacar de punto a un Nuyens aparentemente débil y portador de un Chavanel tranquilo. A sólo 150 metros del final el belga de Saxo Bank remachó a Cancellara y, entonces, Chavanel cometió su error buscando la rueda suiza en lugar de la belga. Fracasó y, cuando intentó remontar, se quedó sin tiempo y sin espacio.
Nuyens consiguió, de esta manera, un triunfo inesperado que viene a refrendar que la arriesgada apuesta de Bjarne Riis fichándole como líder de Saxo Bank para las clásicas tras varias temporadas oscuras no era tan descabellada. El belga se llevó se ha llevado ya una A Través de Flandes agónica y, con esta victoria en De Ronde, confirma sus excelentes sensaciones.
Sin embargo, más allá del cajón más alto del podio, el segundo y el tercero de la carrera han sido los verdaderos protagonistas del día. Cancellara con su ataque, aun desaforado y desafortunado; Chavanel con su atención y sus infinitas fuerzas, aun marradas en la parte final… Han dignificado el ciclismo y elevado el espectáculo a un nivel insospechado y existentes únicamente en la imaginación de los aficionados más optimistas para configurar un Tour de Flandes histórico donde Nuyens fue el más listo.

La Quiniela de Flandes

Este domingo se disputa el Tour de Flandes, segundo Monumento de la temporada de clásicas y primero en el cual aparece el temible pavé, elemento durísimo para las piernas de los corredores cuya sublimación llegará el domingo 10 en la terrible París-Roubaix. Pero antes podremos disfrutar de 254 kilómetros, unas siete horas, de auténtica devoción por las carreteras y caminos flamencos, jalonadas como siempre de pequeñas cotas y adoquines, cuyo clímax arriba en el mítico Kappelmuur, con menos de una veintena de kilómetros por recorrer hasta la meta de Meerbeke… Quienes salgan de allí por delante tendrán gran parte de la carrera resuelta a su favor.
Leed y disfrutad esta “quiniela” con los principales nombres que se implicaran en la lucha por el Tour de Flandes e imaginad cuál podría ser el desarrollo de una carrera cuyos prolegómenos valen casi tanto como su disputa en sí.
Primera línea
Fabian Cancellara Indiscutible favorito número uno, el suizo llega a Flandes en su más absoluto pico de forma. En el Gran Premio E3 Harelbeke demostró que su ‘modus operandi’ sigue siendo el mismo, brutal y sencillo: demarrar en un momento de aparente calma, pillar al resto de favoritos desprevenidos y encender la moto hasta meta. Nadie pudo con él el pasado sábado, ni tampoco el año anterior en Flandes y Roubaix. Su punto débil es un Leopard Trek con ciertas carencias para las clásicas adoquinadas.
Tom Boonen El ‘flandrien’ por excelencia busca imponerse por tercera vez en De Ronde. Para ello cuenta con un recorrido que conoce a la perfección y un estado de forma casi óptimo que le llevó a ganar el pasado fin de semana la prestigiosa Gante-Wegelvem. Otro punto a su favor es su punta de velocidad que, si bien se ha visto limada con los años, sigue siendo superior a la de casi todos sus rivales.
Philippe Gilbert Aspira a ser el segundo valón de la historia en ganar el Tour de Flandes tras Criquelion después de varios años disparando al palo. Su estado de forma es envidiable, como demostró en Tirreno-Adriático y Milán-San Remo, y su adaptación al pavé más que aceptable. La introducción de más subidas en el trazado de la prueba jugaría a su favor.
Segunda línea
Allesandro Ballan El italiano parece haber dejado ya atrás la maldición del ‘arco iris’ y vuelve a pedalear con fuerza y esa característica falta de clase. Para ganar está obligado a ser valiente, dado que su punta de velocidad no es extraordinaria y en esfuerzos largos probablemente esté por debajo de otros favoritos. A su favor está contar con un equipo, BMC, repleto de buenos elementos capaces de mover la carrera desde lejos e incluso trabajar para él con efectividad como son Van Avermaet, Burghardt, Hincapie, Kroon, Quinziato… Los auténticos ‘dark horses’ de los adoquines
Sylvain Chavanel El segundo espada de Quick Step (tras Boonen) ha sido señalado por el tres veces ganador en Flandes Johan Musseuw como favorito para repetir las prestaciones de Devolder en 2008 y 2009, aprovechando la vigilancia entre los favoritos para dar la sorpresa con un ataque lejano. Lo cierto es que la leyenda belga no anda muy descaminada. Sylvain lo tiene todo para emular las proezas de Stijn: experiencia, calidad, valentía y un estado de forma excepcional, demostrado con un cuarto puesto en los durísimos Tres Días de la Panne.
Stijn Devolder El campeón belga aún no ha hallado el golpe de pedal esta campaña. Todas sus prestaciones han sido mediocres para el palmarés ostentado, auténtico baremo para valorar las actuaciones de un corredor cuyos mayores triunfos han sido tan espectaculares como inesperados… Motivo por el cual es mejor no descartarle para el domingo. A su lado, en el combativo Vacansoleil, estarán Bjorn Leukemans (cuarto el año pasado) y Lieuwe Westra, potentísimo rodador que viene de marcarse una gran actuación en la Panne.
Thor Hushovd El actual campeón del mundo no ha tenido una aproximación demasiado rutilante al Tour de Flandes, lo cual no deja de ser una mala señal. Sin embargo, cuenta con la calidad y la experiencia necesarias para rayar a buen nivel el domingo. Además, tiene un valioso consejero en Peter Van Petegem (asistente de su escuadra estas semanas) y un buen equipo para apoyarle, Garmin – Cervélo, con compañeros como…
Heinrich Haussler El australiano tiene buenas piernas y gusto por esta carrera. Ya fue segundo en 2009 tras Devolder y aspira a mejorar su actuación. Su cualidad diferencial respecto al resto de integrantes de la segunda línea es su polivalencia. En caso de que su compañero Farrar (a quien dediqué un artículo ayer) anduviera bien, la táctica de Garmin le impulsaría a realizar un ataque lejano; si el americano no se encontrara en su mejor día, Haussler tendría permiso para reservarse pensando en un posible esprint.
Daniel Oss El italiano lleva toda la campaña deslumbrando en el calendario italiano, lo cual ha favorecido que no se generen muchas expectativas sobre él. De hecho, la mayoría de focos dirigidos hacia el equipo Liquigas se centran en el jovencísimo Peter Sagan, debutante en De Ronde y candidato a brillar en el futuro… Pero, sin duda, el número uno del potente equipo verde para esta edición del Tour de Flandes es el prodigioso Oss, que el año pasado condujo el esprint de Milán – San Remo con sólo 23 años y es un auténtico enfermo de las piedras.
Filippo Pozzato El corredor de Katusha llega precedido de cierta polémica que en los últimos días ha desembocado en su “enemigo” Gilbert instándole a “marcar a Cancellara para hacerle perder Flandes”. Será el puntal conservador de un Katusha muy guerrero, con Hoste, Ivanov ó Gusev dispuestos a forzar al máximo el ritmo de la carrera.
Juan Antonio Flecha Como siempre, el ‘Arquero’ tiene ganas de rayar al máximo nivel en las pruebas de las cuales está enamorado. Sin embargo, el golpe moral recibido en la Omloop Het Nieuwsblad (donde fue derrotado por Langeveld a pesar de ser claramente más fuerte que el holandés) podría pesarle en las piernas. De hecho, el catalán ya ha rebajado sus ambiciones y dice conformarse “con un podio”. A su lado tendrá tres jóvenes que constituyen deliciosas incógnitas como son Edvald Boasson Hagen, Geraint Thomas e Ian Stannard.
Nick Nuyens Parecía enterrado tras sus decepcionantes temporadas en Cofidis y Rabobank (en las cuales consiguió, eso sí, un podio en Flandes 2008) y el reto encomendado por Bjarne Riis de sustituir a Cancellara como líder de Saxo Bank en las clásicas se antojaba excesivo para él. Pero la realidad se empeña en llevar la contraria a los teóricos, y Nuyens dejó caer una excelente actuación con victoria incluida en A Través de Flandes para revindicar un lugar en la élite. Asaltar la victoria en Flandes parece demasiado, pero es probable que esté en la pomada.
Las sorpresas
Hay un montón de corredores capaces de dar la sorpresa y aparecer en el grupo de los mejores en determinados momentos de la carrera. Para empezar, tres equipos potentes como Rabobank, HTC y RadioShack cuentan con buenos ‘outsiders’ en las figuras de Lars Boom y Sebastian Langeveld en el caso de los holandeses, Jan Ghysellinck en el de los americanos y el potente Sebastian Rosseler en el de la escuadra de Bruyneel.
Respecto a los conjuntos profesionales invitados, siempre hay algún integrante de estos que se codea con los gallos. Landbouwkrediet tiene dos expertos sólidos como Fréderic Amorison y Bobbie Traksel, Totsport cuenta con el combativo y talentoso Steven Van Vooren y Skil-Shimano, por su parte, lleva a un Bert De Backer cuya lenta y silenciosa progresión oculta un corredorazo para el pavé. Punto y aparte es un FDJ cuyo principal líder, Yoann Offredo, cayó lesionado en los pasados Tres Días de la Panne merced a un fotógrafo imprudente. Sin embargo, Madiot tiene en sus filas a otros dos corredores que han lucido al máximo en citas previas como son Steve Chainel y Dominique Rollin… y cuya combatividad está asegurada.

El caché de Pozzato

Una de las columnas más satíricamente celebradas de José Antonio González Linares en AS fue la aparecida el día después de la Milán – San Remo de 2006. En ella calificaba al ganador de aquella ‘Clasiccisima’, Filippo Pozzato, como “ciclista sin mucho caché”. Un craso error, toda vez que el rubio italiano llevaba años siendo señalado como la gran esperanza del ciclismo transalpino, como un superclase en potencia cuya victoria en aquella San Remo no era sino un aval más del brillante futuro que se le auguraba, luchando a brazo partido con sus coetáneos Tom Boonen y Fabian Cancellara en las clásicas más prestigiosas del calendario internacional.
Años después, una vez llegada su madurez deportiva con la treintena, Boonen y Cancellara han confirmado lo que apuntaban y son dos titanes poseedores de un duopolio práctico en las clásicas del norte. Pozzato no lo es. En su vitrina de trofeos no han entrado más que algún triunfo parcial en grandes vueltas, un campeonato de Italia, victorias en citas menores y algunos podios de mérito. Aquella San Remo de 2006 y la Tirreno-Adriático de 2003 brillan, envejecidas, en un palmarés repleto de puestos y huérfano de honores.
Lejos de convertirse en un clasicómano legendario y protagonista, Pippo deviene paulatinamente un mero secundario en el concierto internacional por su táctica en carrera. Consciente de su punta de velocidad y su excepcional fondo físico, el italiano corre como si fuera el rival a batir: jamás toma la iniciativa y suele limitarse a seguir la rueda del máximo favorito, al cual anula durante toda la carrera. Esta estrategia restringe su lucimiento y el partido que saca de unas condiciones físicas excepcionales… Y, además, le granjea enemigos en el pelotón como el belga Philippe Gilbert, que no dudó en sacar la lengua a pasear el pasado sábado para acusar al actual ciclista de Katusha tras no permitir éste que su ataque prosperara. Ya en la pasada París – Tours hizo el belga unas declaraciones parecidas, advirtiendo que “la especialidad de Pozzato es hacer perder a otro ciclista” con sus marcajes.
No parece una actitud digna ni productiva para un hombre con capacidad para ser un superclase de época y, sin embargo, corre el peligro de pasar a los anales del ciclismo como el “ciclista sin mucho caché” que relató González Linares. De su cambio de actitud, tirando algo más de agresividad y menos de sangre fría, depende la percepción que tengamos de él cuando acabe su carrera deportiva.

La joya del Gran Ducado

A principios de marzo de este año, el prestigioso portal Cyclingnews dio por primera vez pábulo al pertinaz rumor que indicaba la creación de una nueva estructura en torno a los hermanos Schleck en Luxemburgo. Desde entonces, la mayoría de estamentos del ciclismo mundial comenzaron a observar con atención los movimientos que se daban en el país centroeuropeo. En especial, un Bjarne Riis que veía con preocupación como sus alumnos aventajados habían decidido desembarazarse de sus rarezas y su pasado para emprender su propio camino. Esos hermanos Schleck que habían pasado la adolescencia deportiva en su Saxo Bank y ahora empezaban a dar réditos. Ese jefe de prensa ejemplar llamado Brian Nygaard. Ese Kim Andersen que había rescatado junto a Kurt-Asle Arvesen del moribundo Team Fakta…
Han sido meses de trabajo en la sombra, o más bien en la tiniebla. La información en torno a la nueva escuadra luxemburguesa llegaba a cuentagotas a los medios, y casi siempre relacionadas con medidas drásticas de un Riis algo desquiciado. La salida de Nygaard, futuro mánager del equipo de los Schleck, no pareció afectar demasiado a la marcha de Saxo Bank. La de Kim Andersen, despedido de la estructura justo antes del Tour de Francia por admitir estar trabajando junto a Nygaard, sí lo hizo. Andersen era quien elaboraba las tácticas de la formación en la carretera y, en el hotel, la autoridad comprensiva que complementaba el nada dialogante proceder de Riis.
Lo que sucedió en el Tour, cómo las órdenes de Riis influyeron decisivamente en el hecho de que Andy Schleck no ganara la gran ronda francesa, colmó el descontento de los hermanos luxemburgueses. Estos confirmaron en los Campos Elíseos, apenas bajado Andy de la bicicleta, que abandonaban a Riis para formar su propia escuadra. El nombre de ésta, un misterio: registrada ante la UCI como Luxembourg Pro Cycling Project, mercantilmente llamada Leopard True Racing… faltaba por saber su denominación comercial, aquella bajo la cual saldría a las carreteras.
Esa, y no otra, fue la gran incógnita de la joya del Gran Ducado de Luxemburgo: la base económica garante de la puesta en marcha de la nueva formación. Según se ha revelado en voz baja, de manera completamente antagónica a cómo se ha anunciado el cambio de dueños de Quick Step, será el acaudalado constructor luxemburgués Flavio Becca quien asumirá el presupuesto de quince millones de euros que requeriría la estructura mediante la fórmula capital-riesgo que ya hizo posible la salida a las carreteras del High Road. O, lo que es lo mismo: Becca inyectaría el dinero y, en caso de que aparezca un patrocinador, lo recibiría de vuelta con intereses.
Los motivos por los cuales Becca se ha interesado por invertir en los hermanos Schleck son obvios. Por un lado, para el empresario es interesantísimo ligar la imagen de su holding, Ikogest, a los que con el paso del tiempo se convertirán en los deportistas más exitosos de la historia de Luxemburgo. Y, de paso, se granjea amistades y buenas miradas en la élite de un país cuyo gran poderío económico se divide en apenas medio millón de habitantes, dando lugar a un microclima donde las relaciones dentro de la clase alta social y financiera son muy estrechas. No hay en su acción, pues, asomo de filantropía ni altruismo… Es, simplemente, una operación rentable.
Respecto a los espónsor que puedan librar a Becca de que su inversión capital-riesgo resulte ser a fondo perdido ha habido decenas de rumores. Sólo se han confirmado los apoyos de Trek, Bontrager y Craft en el apartado de material, más Mercedes en el de vehículos. Para pagar la mayoría de presupuesto y dar su nombre a la escuadra se habla de muchas empresas. La marca de supermercados Auchan parecía la más interesada, pero la opción se desvaneció. Sonó también Luxair, aerolínea estatal luxemburguesa que ya es patrocinadora personal de los Schleck y, parece, conservará este estatus. Fue la semana pasada cuando el diario Le Quotidien apuntó a las empresas de telecomunicaciones Belgacom y Jabra, que por lo pronto no han desmentido las informaciones. Sin embargo, según Velo101 no sólo no hay aún acuerdo, sino que por lo pronto el maillot de la nueva estructura gestionada por Brian Nygaard no lucirá publicidad alguna.
La complejidad del entramado económico del Luxembourg Pro Cycling Project no ha provocado, sin embargo, que se haya descuidado el plano deportivo. En el staff figuran, a las órdenes de Kim Andersen, nombres de reconocido prestigio. El alemán Torsten Schmidt y el danés Lars Michaelsen, ex directores deportivos en Saxo Bank, cumplirán con el mismo rol en la nueva escuadra; de Quick Step llega el Luca Guercilena, prestigioso entrenador y director italiano, buen conocedor de Fabian Cancellara a raíz de la época que compartieron en el histórico Mapei sub 23. Como director técnico ejercerá el portugués Ricardo Scheidecker, ex componente de la ejecutiva del UCI ProTour.
Las líneas maestras apreciables en la composición del staff técnico tienen continuidad en la confección de la plantilla: heterogeneidad, alto nivel… y un pasado relacionado con Bjarne Riis. Ocho ciclistas llegan directamente de Saxo Bank, entre los cuales se incluyen instituciones como Jens Voigt o Stuart O’Grady, gregarios de gran valor como Anders Lund o jóvenes valores como Jakob Fuglsang… pero sobre todo tres corredores de primerísima línea como Fabian Cancellara y los hermanos Schleck.
La sensación de respeto que infunden estos ocho ciclistas se ve reforzada por los otros diecisiete integrantes de la formación, todos ellos hombres de mucho nombre y mejores resultados. Esprinters de postín como Bennati, Weylandt o el jovencísmo Nizzolo; escaladores de gran nivel como Brice Feillu, Gerdemann o Zaugg; rodadores de prestigio como Stamsnijder o Posthuma… Un plantel, en definitiva, de auténtica fantasía que no en vano ha sido número uno en el ránking de méritos deportivos de la UCI. Cabe incluso preguntarse si no llegará a ser perjudicial acumular tantísimo talento en el seno de un mismo equipo…
La confirmación el mediodía de ayer de la incorporación de Fabian Cancellara al Luxembourg Pro Cycling Project ha sido el hecho perfecto para definir lo que significa la nueva estructura centroeuropea en el panorama ciclista mundial. Ni cortos ni perezosos, Nygaard y los Schleck desembolsaron en las arcas de Saxo Bank una cantidad que según Het Nieuwsblad ronda los 1’8 millones de euros para rescindir el contrato del astro suizo y firmarle uno nuevo de tres temporadas. Una inversión desmesurada para reunir el máximo potencial deportiva en torno a los hermanos Schleck, para construir un equipo cuya proyección internacional le convertirá en la joya del Gran Ducado de Luxemburgo.

¿Y no quería venir a Geelong?

Unas semanas antes de los Campeonatos del Mundo de Australia, Fabian Cancellara no dejaba claro si competiría o no en ellos. Envuelto en una vorágine de incertidumbre en torno a su futuro, con suspicacias en torno a cómo durante la Vuelta a España se había dejado arrastrar hacia los bares por algunos de sus compañeros en el equipo Saxo Bank… lo que menos le convenía era la presión. Y, para ello, nada mejor que hacerse el sueco y dejar en el aire su presencia en Geelong.
Liberado de todos los apremios que le podían extasiar, Cancellara llegó hace una semana a la ciudad australiana, se sacudió el ‘jet lag’ y tomó esta tarde (mañana en España) la salida en la crono dispuesto a arrasar tal y como lo había hecho en tres de los cuatro anteriores Mundiales de la especialidad, donde campeonó con distancias que llegaron a rondar los tres minutos respecto al segundo. Un dominio insultante que repitió de nuevo, siendo el único de los favoritos en completar la segunda vuelta al circuito donde se desarrolló la prueba con menos de medio minuto de pérdida respecto a la primera. Una señal de que fue el mejor de los participantes no sólo en cuanto a fuerzas, sino en cuanto a regularlas.

El resto de competidores estuvieron a la hora de la verdad a años luz. La primera referencia verdaderamente buena la marcó en la segunda tanda el polaco Maciej Bodnar, gregario de Liquigas con mucho motor y juventud de sobra para llegar a las más altas cotas; acabó noveno a más de tres minutos de la locomotora suiza. Michael Rogers y Luis León Sánchez, en la tercera tanda, sostuvieron un duelo intensísimo que acabó con ambos en la zona noble de la clasificación, quinto y séptimo respectivamente, con un retraso final de en torno a dos minutos y medio…
Sólo otros tres ciclistas bajaron de la hora. David Millar fue el único capaz de hacer ver ese espejismo que supone ver a alguien por encima de Cancellara cuando el suizo se encuentra en estado de gracia. Le superó en el primer parcial, situado al final del primer repecho; después cayó a posición de plata ante la irresistible fuerza de ‘Espartaco’. Peor le fueron las cosas al australiano Richie Porte, una de las grandes revelaciones de la temporada, que se fue hundiendo conforme avanzó la prueba y tras circular casi toda la tarde en el podio sólo pudo llevarse la medalla de chocolate. Quien pudo andar más cerca de la Locomotora fue Tony Martin, a quien un pichazo en la primera parte de la carrera le hizo pedalear a contrapié; tras la incidencia se mantuvo en los tiempos de Millar, pero siempre estará la duda de cómo hubieran ido las cosas para él de no haberla sufrido, de si pudiera haber estado con Cancellara o incluso batirle como ya hiciera en la crono larga de la Vuelta a Suiza este año.
La actuación española estuvo algo por encima de lo acostumbrado en estos años de vacas flacas dentro del panorama nacional en esta especialidad. Iván Gutiérrez ya no es el contrarrelojista puro que fuera campeón del mundo sub23 de la disciplina y se maneja en prestaciones mediocres dentro de la élite; hoy fue 17º. Luis León Sánchez, por su parte, dio emoción a la retransmisión de la prueba gracias a su duelo con Rogers y acabó en una dignísima séptima posición.
En el polo opuesto a Cancellara estuvieron, como en la pasada edición de los Mundiales, James Weeks y Reginald Douglas, los triatletas de San Cristóbal y Nieves que suelen competir en esta prueba constituyendo uno de los absurdos que a veces propicia la globalización del ciclismo. Perdiendo veintitrés minutos no hicieron más grande a Cancellara, sólo le pusieron un contrapunto. Lo cierto es que era muy difícil ensanchar la leyenda de la Locomotora suiza más allá de los impresionantes cuatro entorchados en cinco años que acumula en su palmarés. Éste tiene un sabor especial: lo ha conseguido sin presión (según él, eso lo hace más sabroso) gracias a ser no sólo el más fuerte, sino también el más inteligente. Es un superclase para el recuerdo y lo demuestra cuando los focos brillan más intensamente, como los auténticos superclases.

Un diente que puede decidir la Vuelta

Una gran vuelta son noventa horas, pero se decide por insignificantes segundos que suelen corresponder a detalles nimios. Andy Schleck perdió el Tour de este año en una salida de cadena, Fignon cedió el amarillo en 1989 ante Lemond por sólo ocho segundos, a Óscar Sevilla se le escapó el podio de la Vuelta 2003 en una sucesión de problemas mecánicos desastrosos. Hoy, Ezequiel Mosquera ha puesto en discusión el triunfo de Vincenzo Nibali en la general de la Vuelta a España, que parecía garantizado. Un cambio importante causado por detalles. Por un desafortunado pinchazo mal solventado y por una audaz decisión del corredor de Xacobeo – Galicia a la hora de montar su bicicleta.
La contrarreloj de Peñafiel de la Vuelta a España ha sido una de esas grandes jornadas de ciclismo, de las que ponen al aficionado al borde del infarto y a prueba los nervios de los corredores, técnicos, organizadores… implicados en la carrera. Lo que al inicio parecía una contrarreloj cualquiera de una gran vuelta, con Cancellara marcando el mejor tiempo a pesar de sufrir un cierto desfallecimiento en la parte final de la prueba, se acabó convirtiendo en una auténtica esquizofrenia, un maremágnum donde la mala realización de TVE y la no provisión de referencias a los medios por parte de Unipublic jugaron un papel clave para convertir la excitación en confusión.
Se había preparado una contrarreloj llana que, por su trazado, propiciaría tres zonas bien diferenciadas de viento: una primera dirección Norte de unos seis kilómetros, una segunda dirección Oeste de dieciocho y una tercera dirección Este de veintidós. En las primeras horas del día apenas sopló el aire, lo cual dejaba todas estas cábalas en agua de borrajas. Sin embargo, conforme fue avanzando la jornada se levantó un viento fuerte dirección Este que cambió por completo el signo de la prueba. Ahora habría una zona con fuerte viento de cara, pero también una aún mayor con viento a favor que permitiría el desarrollo de una velocidad altísima.
Eso sólo lo supieron leer algunos como Denis Menchov, el primero en montar el plato de 55 dientes (que permite una velocidad punta mayor que el estándar en contrarreloj, de 54) y hacerlo notar en meta. También lo hizo Peter Velits, sorprendente ganador de la etapa que se confirma como gran revelación de la carrera aupándose al podio. Ezequiel Mosquera, el quijotesco escalador de Xacobeo que ha tomado el testigo de Igor Antón como acaparador de las simpatías de los aficionados, puso un plato de 55 dientes también; sus dos rivales para la general, Joaquín Rodríguez y Vincenzo Nibali, optaron por usar un 54.
Ahí se marcó la diferencia. Nibali, mucho mejor contrarrelojista que Mosquera, no pudo demostrar su superioridad en la carretera. Los 54 dientes fueron un factor; el otro, un pinchazo resuelto con amateurismo por los auxiliares del equipo italiano que le hizo perder unos treinta segundos. El resultado, una distancia de únicamente veinte segundos, treinta y ocho en la general, mucho menos de lo que podría haber sido, que deja la carrera completamente abierta a falta de una jornada con final en la Bola del Mundo, decisiva y garante de épica.
Junto a Nibali destaca en el capítulo de perdedores Joaquín Rodríguez, quien cedió el maillot rojo al italiano y también una inmensidad, seis minutos que le dejan muy lejos del podio que parecía tener asegurado y ahora pertenece a Velits. El resto de la general no ha cambiado sustancialmente: del cuarto (Schleck) al noveno (Sastre) hay apenas treinta segundos, y de allí al tercer lugar de Velits menos de dos minutos; una apretura que parece una llamada a la emoción en esa subida a la Bola del Mundo que se va a estrenar esta Vuelta entre la mayor de las expectaciones.
El ciclismo tiene algo de karmático. Suele inclinar los detalles, la gloria, por aquel que más y mejor trabaja. Unipublic llevaba tiempo trabajando por producir una gran Vuelta y aquí la tiene; Mosquera lleva años de trabajo infatigable para conseguir al fin un gran éxito basado en la humildad y el arrojo del que hacen gala tanto él como su equipo, y tiene una oportunidad de oro para lograrlo. Nibali, en cambio, reconoció no saber el recorrido de lo que quedaba de Vuelta en el primer día de descanso; en el segundo fue incluso más lejos al decir que no sabía quién era Mosquera, que por eso se quemó a su rueda en Pal. Eso, para algunos un comentario gracioso, para otros soez, para mí irrespetuoso, le ha acabado por pasar factura. En Pal y hoy en Peñafiel. Al Ciclismo le gustan los detalles y funciona con karma, y eso puede hacer que la Vuelta se decida del lado de Mosquera por un diente, el del plato de 55 que montó en su bicicleta por conocer bien el recorrido y las circunstancias, al contrario que su rival que a buen seguro sacará de esta gran ronda española una lección sobre lo que es el Ciclismo.