La progresiva regeneración de Lampre

Más que llegar, lo complicado es mantenerse. Lampre lleva años manteniéndose. La pasión de la familia Galbusera, acompañada por el copatrocinador de turno (Daikin, Caffita, Saeco, Fondital, Farnese Vini; ahora, los ucranianos de ISD) y guiada por Giuseppe Saronni, ha generado con el paso de los años un auténtico clásico del ciclismo mundial, estable a lo largo de una historia plagada de hitos y mitos.
Este mes de mayo, sin embargo, la escuadra se vio sacudida por el ‘caso Mantova’. Una parte significativa del plantel y el cuadro técnico se vio implicada en esta sonada ‘procura’, relacionada con doctores de polémico pasado, justo antes del Giro de Italia. Tan fea se pintó la situación que arreciaron los rumores sobre presiones a Lampre para que no llevara a la gran ronda italiana a sus dos líderes, Michele Scarponi y Alessandro Petacchi, e incluso prescindiera de su mánager y alma máter Giuseppe Saronni. Tras unos días de declaraciones interpretables, finalmente un artículo de la Gazzetta aclaró el futuro del equipo: su subsistencia estaba garantizada y pasaba por una regeneración que dejara fuera de juego a sus tótem relacionables con el dopaje para poner al mando a Roberto Damiani, hasta entonces director de Omega Pharma – Lotto, y otorgar galones a dos joyas llamadas Diego Ulissi y Adriano Malori.
Renovación desde la juventud
Finalmente la transición no está siendo tan brusca, lo cual no es óbice para su desarrollo. Saronni, Petacchi, Scarponi y el resto de citados en el ‘caso Mantova’ siguen en plantilla y como líderes; sin embargo, no es menos cierto que se ha apostado por afrontar un cambio desde la base. Se han marchado talentos como Francesco Gavazzi (a Astaná) o Simon Spilak (a Katusha), no fueron renovados otros cuyo rendimiento no estuvo a la altura. Dejan también la escuadra un grupo de corredores cuya contratación fue una imposición de distintos patrocinadores, como Aitor Pérez Arrieta (quien llegaba avalado por la empresa guipuzcoana Ampo) y los ucranianos Buts, Kondrut, Kostyuk y Krivtsov (exigidos por la metalúrgica ISD). La particularidad de estos últimos casos llega cuando se analiza los calendarios de todos estos ciclistas, usados como parches cuando no eran dejados directamente en el ostracismo. Sus circunstancias competitivas no fueron jamás los ideales y, en consecuencia, tampoco lo fue su rendimiento.
A cambio, llegó Damiani y, tras él, un grupo de jóvenes talentos sencillamente espectacular y que, junto a las promesas ya asentadas en la escuadra, está destinado a desbancar más pronto que tarde a Scarponi, Cunego y Petacchi como líderes del equipo. De entre los ya encuadrados con los blu-fucsia, Diego Ulissi ha demostrado grandes cualidades a sus 22 años con su victoria de etapa en el Giro, lo cual sumado a brillantes actuaciones en rondas menores (se llevó un parcial y la general en la Vuelta a Eslovenia) le confirma como candidato a luchar por la victoria en las grandes vueltas en apenas un par de años. Junto a él ha evolucionado esta campaña Adriano Malori, contrarrelojista puro como los que ya no se ven, que se ha confirmado como un buen lanzador para los esprints y tiene tiempo por delante para decidir cómo rentabilizar sus excelentes cualidades fuera de la lucha contra el crono.
En el plano de las incorporaciones destaca Davide Cimolai, componente hasta este invierno del talentosísimo bloque de velocistas de Liquigas, que se enfrentará esta campaña al doble reto de confirmar sus condiciones lejos de la escuadra gasera y, de paso, arrebatar galones a Alessandro Petacchi. Del campo sub23 llegan grandísimos talentos: el potente Massimo Graziato y el ligero colombiano Winner Anacona iniciarán 2012 vestidos de blu-fucsia, mientras que Mattia Cattaneo, ganador del GiroBio (Giro de Italia sub23), esperará hasta agosto para enfundarse el emblemático maillot de Lampre. Completan la nómina de fichajes tres escaladores curtidos como Simone Stortoni (ex Colnago), Morris Possoni (ex Sky) y Matthew Lloyd (ex Omega Pharma). Esta por ver, también, quiénes compondrán el ‘paquete’ de ucranianos aportado por ISD.
… Pero no olvidemos el presente
Todos estos nombres, sin embargo, son de momento posibilidades y no hechos. La actualidad, de momento, pone la capitanía de la escuadra en manos de Michele Scarponi, cuyo segundo puesto en el pasado Giro de Italia tras Contador supo a poco, sobre todo, por su consecución a través de una táctica conservadora. Alessandro Petacchi sigue siendo la mejor opción para las llegadas masivas, con un lanzador de lujo a su servicio como Danilo Hondo. Damiano Cunego, ya olvidadas para él las grandes vueltas, tiene un coto prolífico en las Árdenas y las vueltas de una semana del WorldTour. Y, tras estos nombres refulgentes, hay todo un bloque de garantías: el solvente escalador polaco Przemyslaw Niemiec, el audaz Daniele Pietropolli, el rocoso Grega Bole…
Retales de presente para un equipo cuyo pasado convierte en tradición y con un futuro que inspira esperanza.

Cunego no puede ser Damocles

Reza la leyenda que en Sicilia, en el siglo IV antes de Cristo, gobernaba un tirano llamado Dionisio II. En cierta ocasión llegaron a sus oídos las palabras de uno de sus cortesanos que, adulador, relataba las riquezas de que disponía Dionisio II, hablaba de su suerte. Le elogiaba y a la vez le ponía en el disparadero del resto de habitantes de la corte, que pasaban de mirar al gobernante con admiración a escrutarle con envidia.
Resuelto a cesar la habladuría del cortesano, Dionisio le invitó a pasar un día rodeado de sus lujos y riquezas. El cortesano disfrutó un día entero, habló con comerciantes, comió manjares rodeado de doncellas. Todo iba acorde a lo que él aventuraba, hasta que en un momento miró hacia arriba y vio pendiendo sobre sí, sujeta únicamente con una crin de caballo, una espada. Damocles, que así se llamaba el cortesano, miró a su izquierda y solicitó al tirano cambiar lugares…

Es muy fácil ser príncipe, pero no lo es tanto ser rey. Damiano Cunego (1981, Verona) lleva unos años en el ciclismo profesional y conoce perfectamente ambos puestos jerárquicos. Le llamaban el Príncipe cuando estaba en la categoría ‘dilettante’; arrastró el mote hasta el 2004 en el que la adultez y la supremacía le llegaron de sopetón. Antes, Cunego había llegado al ciclismo profesional con el padrinazgo del director deportivo Claudio Corti y el preparador físico Aldo Sassi. Con apenas 20 años firmó con el equipo Saeco; ya en su primera temporada en la élite consiguió dos victorias, costumbre ganadora que mantuvo en todas sus campañas profesionales hasta esta 2010, la primera de su vida donde su palmarés de victorias se han quedado en blanco.
El gran punto de inflexión le llegó en su tercera campaña como profesional. Ganó la general y cuatro etapas del Giro de Italia de aquel año, protagonizando la exhibición de un Saeco imperial. En aquella ‘corsa rosa’, sólo Serhiy Honchar (y por tres segundos) impidió que los cafeteros hicieran doblete en la general con el propio Cunego y un Gilberto Simoni que, en el cénit de su carrera, no supo admitir que un joven de apenas 23 años le arrebatara el título de patrón de la estructura de Saeco. El pulso se saldó aquel invierno con la salida de Simoni hacia Lampre, una estructura que la siguiente temporada se fusionaría con la propia Saeco propiciando una nueva huida de Gibo hacia otros territorios, en este caso al Saunier Duval de Matxin y Gianetti. No quería coincidir con el Príncipe que le había destronado y ahora era Rey por gracia de sus cualidades y de su apellido, Cunego, proveniente del alemán König, ‘rey’.
Lo cierto es que, desde entonces, desde aquel Giro, la carrera de Damiano Cunego no ha seguido una curva ascendente como cabía esperar. No es que el veronés decayera; simplemente, se estancó. Y, si bien en su primer y único entorchado ‘rosa’ sus rivales no le conocían y preferían marcar a Simoni pensando que aquel bisoño escalador acabaría por ceder, ahora él era el único Rey. La rueda a seguir. El rival a batir.
Damiano no digirió del todo bien esta nueva responsabilidad y, a pesar de sentirse respaldado por sus directores deportivos (con Saronni a la cabeza) y sus patrocinadores (con la familia Galbsuera, propietaria de Lampre, como máximo exponente), vio resentida su condición de ganador nato. Apenas se reencontró con la gloria en las grandes vueltas, en las que sólo volvió a saborear las mieles del triunfo con dos etapas en la Vuelta 2009. En clásicas, en cambio, cantaba otro gallo: ganó tres veces el Giro de Lombardía y se convirtió en un fijo de las Árdenas, donde llegó incluso a imponerse en la Amstel Gold Race.
Resultados mediocres, sin embargo, para un Rey. Sus actuaciones nunca eran del todo malas, pero daba la sensación de que rara vez se dejaba todo en la carretera. En una palabra, parecía acomodado. Frustrado por no ser capaz de pisar el podio de las grandes rondas, decidió centrarse en un objetivo más asequible y agradecido como conseguir victorias de etapas; por otra parte preparaba las clásicas de las Árdenas con mimo, pero una vez en carrera se excusaba en la carestía de gregarios de nivel en su equipo para pasar las pruebas enteras a rueda de otros favoritos mejor arropados, ensayando ataques sólo en contadas ocasiones.
A pesar de estos signos de conformismo nadie le discutía el liderato en Lampre, lo cual alimentaba a su vez ese conformismo… Un círculo vicioso de estancamiento que acabó por hartar a Cunego una vez le faltaron esas victorias que recompensaban su lucha, muchas veces en solitario, sus fugas en las grandes rondas y su aguante en las pruebas de un día. Este verano, parecía resuelto a marcharse a otra escuadra para buscar nuevos horizontes y retos, siendo Sky la mejor colocada para hacerse con los servicios del antiguo Príncipe.
Pero finalmente no fue así, Cunego decidió quedarse en su Lampre de toda la vida. A cambio, pidió a los rectores de la escuadra blu-fucsia poder centrarse en las clásicas en 2011 y, para ello, tres incorporaciones. Primera, un vueltómano de campanillas que disputara el Giro y le ahorrara ese quebradero de cabeza: Michele Scarponi. Segunda, un director deportivo de buena fama: Roberto Damiani, ex Omega Pharma. Tercera, un señor íntimamente relacionado con Damiani y también con Cunego: Aldo Sassi, fisiólogo y preparador físico de reconocido prestigio que ya había trabajado con el veronés en su época ‘dilettante’.
Las tres incorporaciones se llevaron a cabo, siendo la de Sassi la más complicada de abordar por cuanto no podían comprometerse, ni él ni su centro de entrenamiento Mapei Center, a llevar en exclusiva la preparación de Cunego y Lampre en general. El acuerdo final fue una colaboración a nivel de asesoría externa: Sassi controlará y vigilará al total de los componentes de la escuadra de Saronni, pero sólo tendrá un plan individualizado a Cunego. Ya han hecho la primera toma de contacto y Sassi es optimista respecto de las condiciones de su nuevo pupilo, a quien ve capaz de volver a ganar una gran vuelta con la preparación adecuada…
2011 será un año de reválida para Damiano Cunego, el antiguo Príncipe y desde hace unos años Rey. Deberá contar con al buena suerte que no tuvo esta campaña y dejar atrás las medias tintas, el conformismo, para intentar ser un Rey de los que pasan a la historia. Si vuelve a fracasar quizá la espada que pende sobre su cabeza se precipite, quizá acabe siendo recordado como un intruso en el trono al estilo de Damocles… Lo cual seguramente no haría justicia a su inmensa calidad deportiva.

Un clásico Giro para fondistas (y II)

7 de Mayo, Arueda.com

La nómina de aspirantes al triunfo en este Giro d’Italia tiene, en general, un poco menos de caché que en años pretéritos. Esta temporada, la mayor parte de líderes del pelotón mundial han apostado por preparar a conciencia un Tour de Francia que se presiente espectacular y con una veintena de candidatos a un puesto entre los cinco primeros. En el Giro el plantel no será tan extenso, pero seguramente deparará una competencia fenomenal toda vez que la mayoría de candidatos están cortados por el mismo patrón: son escaladores y fondistas que han enfocado su planificación sobre un Giro en el cual esperan salir victoriosos de la lucha en las cimas alpinas.
De entre todos los favoritos en la lucha por la ‘maglia rosa’, el número uno es Cadel Evans. El australiano, actual campeón del mundo, deberá actuar con audacia para imponerse en un Giro en el cual seguramente será el hombre más fuerte. No sólo tendrá que superar a sus rivales en los mano a mano, sino que lidiará con el hándicap que supone la debilidad de su equipo, un BMC que seguramente quedará retratado en la CRE. A estos contras se suma la escasez de kilómetros contrarreloj; no se antoja que una crono quebrada, una cronoescalada y un prólogo sean suficientes para conseguir una ventaja que permita a Evans ceder tiempo en montaña. El australiano también deberá rendir cuando la carretera pique hacia arriba. Y, sobre todo, estar atento a las ofensivas lejanas que le plantearan los bloques más fuertes en caso de que tome la ‘maglia rosa’ que ya vistiera en su única participación en el Giro, en 2002.
Precisamente a uno de los bloques más fuertes pertenece el segundo máximo contendiente de esta edición de la ‘corsa rosa’, el redimido Ivan Basso. El varesino encabeza a un Liquigas que en este Giro intentará no repetir la tónica de su presencia en carreras grandes esta temporada, presentando la alineación de mayor nivel medio para bloquear la carrera… y no siendo capaz de rematar con un hombre de calidad diferencial. Para ello contará con Basso, que contará con gregarios de lujo como Szmyd ó un Nibali que entra en el ‘nueve’ a última hora por la baja de Franco Pellizotti, relacionado con el dopaje por el polémico pasaporte biológico de la UCI. Ojo también entre los ‘verdes’ con Robert Kiserlovski, potente escalador que llega en buen momento tras imponerse en el Giro dell’Apenino y es, según una frase lapidaria de su ex director Giuseppe Martinelli, el “futuro ganador del Giro 2011”.
La gran opción española la constituye uno de los ciclistas más sólidos del pelotón mundial, Carlos Sastre. El abulense de Cervélo llega a la ‘corsa rosa’ con el aval de veinte grandes vueltas completadas a lo largo de su carrera, el triunfo en el Tour de Francia 2008… y sólo ocho días de competición en su haber, un descanso necesario tras su cargado 2009 que sin embargo le hace llegar “con dudas sobre mi estado físico” a la salida de Rotterdam. Son, sin embargo, muchos años sobre la bicicleta y mucha calidad como para descartar de inicio al abulense de Cervélo, que de inicio se conformaría con una “plaza de podio”. Quizá un objetivo por debajo de sus posibilidades, toda vez que el recorrido le viene como anillo al dedo.
Mucho más polémicos que Sastre son los dos hombres que cierran el repóker de grandes aspirantes a la ‘maglia rosa’. Alexandre Vinokourov, de cuyas cavilaciones hablamos la semana pasada [aquí enlace al artículo: http://www.arueda.com/competicion/reportajes/vinokourov-contra-la-memoria-del-ciclismo.html ], llega en un gran estado de forma al Giro tras imponerse en la Lieja – Bastogne – Lieja y cuenta con un equipo decente para la ocasión, con dos buenos gregarios como Josep Jufré y Paolo Tiralongo dispuestos a dejarse la piel por su causa. Las dudas vienen suscitadas por cómo afrontará tres semanas consecutivas de competición después de casi tres años parado. Por otro lado está Bradley Wiggins, controvertido fichaje de Sky este verano, que en este Giro puede certificar que su llegada al Olimpo ciclista en el pasado Tour de Francia no fue fruto de la casualidad. La incógnita es si viene a la ‘corsa rosa’ para disputar el triunfo o sólo para sumar kilómetros de preparación de cara a la gran ronda francesa.
El recuento de contendientes por la general del Giro no se acaba aquí. Y es que, al lado de estos colosos, habrá otros hombres de proporciones más comunes pero igualmente prestos para dar batalla. Michele Scarponi lidera al siempre combativo bloque de Androni-Diquigiovanni, con un ojo puesto en el top10 y otro en aprovechar sus condiciones de ‘passista’ para echar al zurrón victorias de etapa. Otro tanto hará Stefano Garzelli defendiendo los colores de Acqua e Sapone, en su caso buscando repetir entorchado con la ‘maglia verde’ que distingue al mejor escalador. En su equipo está uno de los máximos aspirantes a dar la campanada en la general, el jovencísmo Francesco Masciarelli, que llega algo corto de forma a pesar de su victoria en febrero en el emblemático Mont Faron del Tour del Mediterráneo. Otro joven ‘outsider’ es Domenico Pozzovivo, que llega en una condición inmejorable tras ganar en otra cima emblemática como Alpe di Pampeago en el Giro del Trentino. Pozzovivo lidera a Colnago-CSF, tercera escuadra italiana invitada por RCS y coja tras la baja por problemas con la cocaína de su esprinter Mattia Gavazzi.
Punto y aparte es el equipo Lampre. Giuseppe Saroni suele acudir siempre a la ‘corsa rosa’ con un líder de garantías que le permita aspirar a las primeras posiciones de la general. En esta ocasión no será así. Su baza más sólida son las ‘volatas’ de Allesandro Petacchi, que a buen seguro conseguirá más de una victoria en llegadas masivas; sus escaladores, Damiano Cunego y Gilberto Simoni, no parecen capaces de asaltar el podio final, sito esta vez en Verona. Mientras Cunego, ganador del Giro 2004, renuncia de plano a esta posibilidad porque cree aprovechar mejor sus posibilidades luchando por triunfos parciales, ‘Gibo’ está ya bastante lejos de sus mejores días e incluso vacilaba en su determinación de correr esta edición del Giro, la última de su carrera, por considerar su estado físico insuficiente. Demasiadas dudas para asegurar que los ‘blu-fucsia’ puedan hacer algo bueno…
En cuanto a la participación española, hay más opciones para los primeros puestos en la general aparte del ya mencionado Sastre. Liderando a Omega Pharma – Lotto estará el madrileño Dani Moreno, que afronta por primera vez desde sus tiempos en Relax una gran vuelta como jefe de filas. A pesar de ser un gran corredor y decente fondista, caben dudas de si asimilará bien los largos puertos de montaña italianos. Por otra parte, el talaverano David Arroyo ya ha figurado alguna vez en el top10 de la ‘corsa rosa’ y llega a Rotterdam dispuesto a repetir. Juega en su contra el potente ‘nueve’ de su equipo, Caisse d’Épargne, con una baza casi infalible en Marzio Brusheghin (3º del Giro 2008) y una posible sorpresa positiva en el colombiano Rigoberto Urán. Si uno de estos hombres consigue rendir a gran nivel, posiblemente Arroyo se vea obligado a aparcar el liderazgo y ejercer de gregario. También tomará parte en el Giro el equipo de Matxin, Footon-Servetto, con Eros Capecchi como mejor opción de lucimiento.
Llega un año más el Giro d’Italia, que se plantea igual de espectacular e intenso como siempre, con el habitual espíritu combativo de sus participantes italianos y la presencia de grandes estrellas del pelotón mundial. El espectáculo, clásico espectáculo, está servido.

Las Bielas de Lieja

A lo innoble se le gana con nobleza. No hay mejor manera de dejar en evidencia a quienes les falta coraje que con un corajudo pasándoles la mano por la cara. Hoy Andy Schleck y todo el equipo Saxo Bank ha dejado en evidencia a todos los tuertos que se pretenden reyes, desnudos, en el país de los ciegos. Cuando realmente no son más que pequeñoburgueses sin un ápice de coraje y, lo que es peor, con una capacidad de aprendizaje nula

1. Ya les pasó en la Amstel Gold Race. Eso es lo peor. En los ‘berg’ holandeses, una terna de segundo nivel llegó con ventaja a meta y ocupó el podio, apartando a los grandes (¿grandes?) de la gloria que no se merecían. Porque tenían un kilómetro por delante y a los fugados a tiro de piedra, sólo había que acelerar con decisión y confiar en las propias fuerzas. Pero se especuló, se especuló y se fue el caballo. Victoria para una medianía de clase baja rusa llamada Serguei Ivanov, segundo puesto para una medianía de clase alta como Kastern Kroon, tercer puesto para un futuro ‘top’ llamado Robert Gesink. El resto, con perdón, a chuparla.
Hoy han vuelto a hacer prácticamente lo mismo, pero con el agravante de que había más de un favorito con coequipiers que podían trabajar para él. Alejandro Valverde llevaba a ‘Purito’, Davide Rebellin llevaba a Scarponi. Por citar dos ejemplos. Los dos gregarios tiraron a la risa tonta, sin convicción ninguna y conscientes de que, tal vez, quienes debían agarrar el toro por los cuernos y contrarrestar el ataque ganador de Andy Schleck eran sus propios líderes, o bien ellos como segundas espadas pero sin arrastrar de nadie. Se prefirió, en cambio, esperar a que de repente Schleck estallara en llamas y entonces hubiera oportunidad para la hueste pequeñoburguesa.
2. Sin embargo, la combustión espontánea es un misterio tan insondable… esta vez no vino en ayuda de los reyes desnudos. Cuánto les queda por aprender, no ya del propio Schleck y de un Saxo Bank que ha funcionado tácticamente a las mil maravillas, sino del valón Philippe Gilbert. El de Silence – Lotto jugó a ganador aunque no tenía piernas para ello, quizá sólo por venganza respecto de un Cadel Evans a quien ha criticado públicamente estos días; el ambiente en el equipo parece no ser bueno. Luego de su ataque, Gilbert sufrió y fue rebasado por Andy Schleck, que le desfondó en apenas cien metros. Aguantó después a rueda de los ¿grandes? y les metió el dedo en el ojo ya en Ans: casi consigue el tercer puesto, justísimo premio para su arrojo.
¿De quién más pueden aprender? Tal vez vendrá bien tener ejemplos negativos a mano. Uno: Damiano Cunego, superclase reconocido casi unánimemente. Yo, al menos, tengo debilidad por él a pesar de haber tenido un roce personal en una Clásica de Almería. Ha hecho una campaña de clásicas infame que no se refleja en unos puestos, 5-3-7, inmerecidos a todas luces. No ha aparecido, y su caso es más sangrante que el de otros por cuanto las Ardenas, se supone, eran su objetivo de la temporada. Otro ejemplo: Alejandro Valverde, uno de esos ‘otros’ para los cuales la mira del revólver se sitúa en otro lugar diferente a las Ardenas. Aunque eso no le salva de la quema: es indigno que uno de los tres mejores ciclistas del mundo tenga por bagaje un 21-7-19. Esprinta al menos por las migajas, por favor, aunque no sea fácil con la gente del CONI molestando cada dos por tres.
3. La verdad, estoy un poco desencantado. Dejando aparte que mi vida personal no sea en estos momentos la ideal, que las ideas no me vengan y que me sea imposible escribir buenos textos por una suerte de bloqueo un poco triste, la verdad es que estas demostraciones de falta de nobleza en el deporte más noble de siempre me enervan. El verdadero problema del ciclismo no es tanto el dopaje como la falta de coraje y espectáculo; pregunten a un aficionado a la NBA si le decepcionaría saber que los gladiadores a los cuales aplaude en pabellones y sigue por televisión están rellenos de sustancias exógenas para incrementar su rendimiento. No le importaría porque seguiría viendo a unos hombres batirse el cobre con entrega, llevar a cabo movimientos tácticos en algunos casos intrincados, dejarse la piel por su contrato.
Nosotros, en cambio… nos encontramos con un panorama triste, donde el dopaje y la evolución ha dejado tras de sí una cuadra de pedalistas que no saben tomar decisiones y, lo más importante, no conocen sus cualidades. No saben dónde está su límite, no lo prueban siquiera porque están siempre a rueda. Les falta ambición, les sobra teledirección, les falta también el punto de orgullo que hoy han tenido Andy Schleck y Philippe Gilbert.

La historia de amor de Cunego tiene final feliz

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A veces ocurre en el ciclismo que un corredor y una carrera se enamoran. Año tras año se ven y parece que llevaban toda la vida esperándose: el ciclista está en un momento excepcional, el terreno se amolda perfectamente a lo que él necesita. Como si estuvieran diseñados el uno para el otro. Y, cuando todo termina, el corredor besa al trofeo, a la carrera, y la estampa recuerda a dos enamorados que desde ese instante cuentan las horas hasta el próximo reencuentro.


El idilio de Damiano Cunego con el Giro de Lombardía ha tenido hoy su tercer capítulo. Todo empezó en 2004, cuando el ciclista de origen veronés culminó una temporada de ensueño (Giro del Trentino y Giro d’Italia, entre otros triunfos) batiendo a Michael Boogerd, Ivan Basso, Cadel Evans y Daniele Nardello. Su siguiente cita no acabó tan bien como la primera: Damiano llegó hundido, dentro del grupo principal del cual se habían burlado Paolo Bettini, Gilberto Simoni, el por aquel entonces emergente Frank Schleck y Giampaolo Caruso. En 2006, Lombardía ni siquiera esperó a un Cunego que renunció a ella desde el principio para centrarse en unas grandes vueltas que siempre fueron traidoras con él, desde aquel Giro soñado de 2004…

Sin embargo, esa historia de amor no podía terminar así. El año pasado, Damiano volvió a participar en el Giro de Lombardía. Preparó con mimo el final de temporada, compitió en la Vuelta a España y el Campeonato del Mundo… Llegó a la cita lo mejor que pudo. Y la historia volvió a tener final feliz. Se presentó en la recta de meta acompañado por un Ricco’ que había sido el principal animador de la carrera desde el paso por la Madonna del Ghisallo. Y, una vez allí, Damiano sólo tuvo que echar mano de su sprint, mucho mejor de lo que se puede esperar para un escalador como él.

Esta mañana en Varese todos los papeles daban a Cunego como gran favorito. Bueno, a Cunego y a su compañero de equipo en Lampre Alessandro Ballan. Plata y oro en el Campeonato del Mundo disputado en la propia Varese hace tres semanas: prácticamente el mejor dúo posible para afrontar esta carrera. De ello se aprovechó Damiano durante toda la carrera, de que la mitad de los ojos estaban puestos en el arcoiris ostentado por Ballan.

No apareció hasta tres cuartas de carrera. Su coequipier Mauro Santambrogio se filtró en la fuga lejana del día junto a otros buenos ciclistas como Michael Rogers (Columbia) o el español Pablo Lastras (Caisse d’Épargne). El resto de sus compañeros trabajaban en el pelotón para controlar las distancias: desde el prometedorcísimo Francesco Gavazzi hasta un Marzio Brusheghin que neutralizó la escapada y seleccionó el grupo casi en solitario durante las primeras estribaciones de la penúltima dificultad de la jornada, Civiglio.

Alessandro Ballan dio la cara en todo momento: el último de la fila del Lampre, el puesto teóricamente reservado para el líder del equipo. Damiano, por su parte, andaba a medio pelotón y, sólo de vez en cuando, asomaba a las primeras posiciones. Fue en el propio Civiglio donde se intercambiaron los roles; Cunego pasó a primer plano y Ballan se dejó ir hasta posiciones intermedias. Chris Horner (Astaná) realizó un movimiento que a la postre fue decisivo, atacando y llevándose consigo a un Francesco Failli (Acqua e Sapone) que comienza a demostrar su clase, similar a la de Bettini, Rebellin y otros buenos clasicómanos italianos. Entonces fue Damiano quien se movió, viendo claro que era clave demarrar en esos instantes. Arribó a cabeza de carrera, y tras él lo hizo el madrileño de Caisse d’Épargne Dani Moreno.

Se enfiló el descenso de Civiglio, ratonero y peligroso a pesar de la ausencia de lluvia. Cunego se puso en cabeza del grupo; Horner, Failli y Moreno, por este orden, le seguían en su vertiginosa travesía. Por detrás, el campeón olímpico de Euskaltel Samuel Sánchez se lanzaba haciendo honor a su enorme y merecidísima fama de descendedor. Y fue mediada la bajada cuando tuvo lugar el hecho clave de la carrera: Chris Horner tomaba mal una curva, demasiado abierto, modificaba la trazada y frenaba. Esto perjudicó a Failli y Moreno, que debieron hacer lo propio. Perdieron la referencia de Cunego, quien marchaba con el cuchillo entre los dientes. Y ni la llegada al grupo de Samuel Sánchez pudo evitar que el ciclista de Cerro Veronese hiciera un hueco que después se revelaría como insalvable.

Y es que lo que vino después fue sencillo para Damiano. La colina de San Fermo Della Batagglia afianzó al italiano; por detrás, el grupo fue cazado por otro más grande en el cual se sucedieron escaramuzas. El joven colombiano Rigoberto Urán (Caisse d’Épargne), un escalador pata negra aún por definir en algunos sentidos, atacó poderosamente en pos del inalcanzable Cunego. Se unió a él un Janez Brajkovic que, ya en meta, se reveló como el protagonista ingenuo del día: esprintó con locura, maniobró peligrosamente para cerrar a Urán… y alzó los brazos. Pensó haber ganado. Pero realmente fue el primero de los pretendientes a los que Lombardía rechazó para besar a Cunego.

Ballan campeón ante las vergüenzas del ciclismo

Arueda.com
Todo un Campeonato del Mundo desvirtuado por la actitud del capo del pelotón. Mientras Alessandro Ballan se imponía con un ataque de caballo en el hipódromo haciendo valer la superioridad italiana, aplastante y reflejada en cada instante de carrera, Paolo Bettini se retiraba entre los honores rendidos por el resto de los líderes del ciclismo mundial. Su compañero de retirada Erik Zabel, Tom Boonen, Frank Schleck y los españoles Óscar Freire y Alejandro Valverde. Todos llegaban cinco minutos después del campeón, admirando al Don, restando mérito a la victoria de un Ballan que posiblemente estaba ante el cénit de su carrera deportiva.


El nuevo campeón se impuso a un grupo de rivales de menor postín, ciclistas que ahora mismo figuran en la segunda o tercera fila mundial. Sólo Davide Rebellin, Damiano Cunego y el propio Ballan se escapaban de esta norma; ciclistas de clase, con un palmarés más que digno para ser campeones del mundo. Matti Breschel les aguó la fiesta, se coló segundo en el sprint del grupo e impidió que los italianos llevaran a cabo un triplete histórico, la mayor exhibición desde aquella París-Roubaix de 1996 donde Mapei copó las tres primeras plazas con Museeuw, Bortolami y Tafi.

El resto de sus acompañantes, directamente, no tenían la altura necesaria para las circunstancias. Escaladores como Robert Gesink, Chris Anker Sörensen, Thomas Lövkist, Jurgen Van Goolen o el nacional Joaquín Rodríguez poco tenían que hacer en el llano. Nick Nuyens, Stefan Pfannenberger, Andrei Grivko y Fabian Weggman, sencillamente, no tenían la categoría ni la potencia para meterse en la lucha por las medallas. Sólo Breschel, aspirante a superclase con 24 años, pudo poner un cierto contrapunto a la fiesta italiana que tuvo lugar en Varese. Y al bochornoso espectáculo de los grandes favoritos. Y al ridículo de España.

Nada hacía presagiar, en principio, que este Mundial se convirtiera en un chasco absoluto para la selección española. El conjunto de Antequera presentaba un nueve de garantías, con cuatro medallistas en potencia como Óscar Freire, Alejandro Valverde, Samuel Sánchez y Alberto Contador. Este último renunció a sus posibilidades al poco de rebasar el ecuador de la carrera. Con él, los tres gregarios más débiles para el recorrido: Benjamín Noval, Ezequiel Mosquera y Luis León Sánchez. Sin embargo, a la par de esta decepción llegaba una agradable sorpresa: Juanma Gárate, con unas prestaciones insospechadas, tomaba una relevancia mucho mayor de la prevista.

Sobre todo cuando, a falta de cinco vueltas para el final, un grupo de nueve ciclistas donde se incluían tres italianos y tres españoles abortaba el intento de los tres valientes del día. Tres valientes que se escaparon y cubrieron más de ciento cincuenta kilómetros destacados con respecto al resto: Ricardo Ochoa (Venezuela), Chris Poos (Luxemburgo) y el ucraniano de Canet Oleg Chuzda. Éste fue el último en claudicar, y dejó en cabeza de carrera a ese grupo que parecía capaz de llegar hasta el final a poco que hubiera un cierto desacuerdo por detrás… y acuerdo en él.

Paolo Bettini, Alessandro Ballan y Damiano Cunego formaban el triplete italiano; Joaquim Rodríguez, Alejandro Valverde y el mencionado Juanma Gárate eran los representantes españoles. Junto a ellos, sólo otro hombre realmente peligroso: Alexandr Kolobnev (Rusia). Situación positiva tanto para España como para Italia: Boonen eliminado, Zabel y Ciolek eliminados. Además, ambos países contaban con dos balas ganadoras en la recámara: Davide Rebellin y Óscar Freire. Sin embargo, no hubo acuerdo: en lugar de colaborar, España torpedeó al grupo en un principio con los ataques de Joaquín Rodríguez. El objetivo, que fuera Italia la única que tirara del grupo para reservar así al resto de corredores españoles. El resultado, ‘Purito’ renunciando a su intentona y pasando a colaborar junto a Gárate para mantener con vida la fuga. Sin embargo, fue demasiado tarde: Bélgica y Alemania sí aunaron fuerzas desde el principio para anular esta escaramuza y consiguieron hacerlo.

Después, momentos de nervios. Lucha constante, ataques por parte de distintos ciclistas de países que no podían aspirar al triunfo. Geoffrey Lequatre, Kristian Fajt… Juanma Gárate… todos ellos intentaron burlar al pelotón, conscientes de que no lo iban a hacer salvo milagro. Algo similar debían pensar los que, en el falso llano final de la penúltima vuelta, tensaron el grupo. Greg Van Avermaet, Matti Breschel y tres omnipresentes: Alessandro Ballan, Joaquín Rodríguez y Fabian Weggman, hicieron camino para su propia sorpresa. Por detrás fueron formándose grupos perseguidores. Algunos llegaron, como el de Rebellin y Cunego; otros, como el del asturiano Samuel Sánchez, no. Los favoritos, mientras tanto, rodaban y saludaban a un Bettini que se autoerigía como la mayor estrella de estos Campeonatos del Mundo de Varese gracias a su retirada y al poder derivado de una especie de caciquismo.

Un grupo de quince afrontaba en esta situación la subida a la ‘salita di Ronchi’, un repecho relativamente sencillo cuya dureza se vio aumentada por la acumulación de kilómetros. Los ataques constantes de los ciclistas italianos, con la participación de secundarios como Pfannenberger, eliminaron al mejor velocista que viajaba en cabeza, Greg Van Avermaet. Amén de mermar a algunos corredores que podrían haber tenido algo que decir. Aunque el movimiento decisivo no llegaría hasta a falta de tres kilómetros de meta.

Fue entonces cuando Alessandro Ballan se puso de pie durante apenas tres segundos, siguiendo con los incontables demarrajes por parte de los azzurros en los últimos kilómetros. Después, puso el plato más grande y el piñón más pequeño. Sentado, imperturbable, se abrió casos por los falsos llanos hasta el hipódromo donde se situaba la meta. Allí levantó las manos. Allí Cunego golpeó el manillar un instante después, algo así como rabioso por no haber ganado.

Allí, tras cinco minutos de espera, llegaban Bettini y Tosatto erguidos sobre la bici y sonrientes. Gran parte del resto de ciclistas que les acompañaban no aplaudió porque aún le quedaba cierta vergüenza. No se puede reventar todo un Campeonato del Mundo para darse un homenaje rodeado de amigos y siervos. Y eso algunos lo sabían.

Una Vuelta diferente (III)

30 de Agosto, Arueda.com
En la parte anterior de esta presentación analizábamos a los equipos españoles sin detenernos en los extranjeros, quince escuadras de las cuales algunas vienen para destacar y otras… únicamente para cumplir el expediente.


De cara a la general, indudablemente el mejor arsenal lo traen los kazajos de Astaná. El líder y gran figura del equipo, Alberto Contador, estará respaldado por dos vueltómanos consagrados como son el americano Levi Leipheimer y el alemán Andreas Klöden. Contador llega a esta Vuelta con el objetivo de completar la inigualable la proeza de ganar las tres grandes vueltas en el plazo 14 meses y con tan solo 25 años. Las circunstancias, a priori adversas, pueden recompensar al madrileño con un hito histórico. Por su parte, Leipheimer llega en un estado de forma casi óptimo, supeditado a Contador aunque capacitado para buscar sus propias oportunidades. No se puede decir lo mismo de Klöden, que llegará en su tercer pico de forma tras preparar específicamente las vueltas de Romandía y Suiza; teóricamente, acusará dichos esfuerzos. Junto a estos tres primeros espadas, ejercerán de gregarios dos expertos gregarios asturianos como Benjamín Noval y Chechu Rubiera, este último en su última carrera como profesional.

El otro gran nombre español para la victoria absoluta enrolado en un equipo extranjero es, sin lugar a duda, Carlos Sastre. El abulense de CSC, henchido de moral después de su brillante triunfo en el Tour de Francia tratará aprovechar los recovecos de una Vuelta a priori adecuada para él. Caben dudas sobre su rendimiento después de mantener la condición física de la gran ronda francesa hasta los Juegos Olímpicos. ¿Habrá podido recuperarse de los esfuerzos derivados de ello? También habrá que ver cómo afronta la carrera después de las declaraciones de su director Bjarne Riis, que afirmó hace unos días que Carlos “no era el futuro del CSC-Saxo Bank”. De cualquier manera, a su servicio estarán gregarios de postín como Kolobnev, Gustov o el burgalés Iñigo Cuesta.

Por su parte, los tres nombres foráneos teóricamente destinados a hacer frente a los españoles en la general son toda una incógnita. La bisoñez del holandés de Rabobank Robert Gesink crea dudas en torno a su rendimiento, a pesar de su reconocida calidad. El ucraniano de Silence-Lotto Yaroslav Popovych parece haber perdido aptitudes para las grandes vueltas, aunque cuenta a su favor con las ganas de revindicarse que atesora tras su decepcionante Tour de Francia. Por último, el italiano Damiano Cunego (Lampre) tiene también ciertas ansias de revancha contra quienes le criticaron por su discreta actuación del último Tour.

Ningún foráneo más parece capacitado para entrar entre los cinco primeros de la Vuelta a España, si bien hay algunos que apuntan a posibles sorpresas; habrá que tener un ojo puesto en Pierre Rolland (Credit Agricole), Oliver Zaugg (Gerolsteiner), Mauricio Ardila (Rabobank), Matthew Lloyd (Silence) o los Tinkoff Evgeni Petrov y Walter Pedraza. Bazas poco consistentes pero que podrían dar la campanada.

Mención aparte merecen Carlos Barredo (Quick Step) y Marzio Brusheghin (Lampre). El asturiano tratará de repetir su impresionante papel de la Vuelta’07, cuando fue décimo contra todo pronóstico; contará para ello con la ayuda del irundarra Juanma Gárate, quien por cierto ya ha anunciado que dejará el equipo belga el año que viene para correr en Rabobank. Mientras, el italiano irá a por la machada de completar las tres grandes vueltas en un mismo año y podría, de paso, ser una baza importante para la general… y para el trabajo en favor de su coequipier Damiano Cunego.

Sin embargo, si algo aportan los equipos extranjeros a la Vuelta son cazaetapas y sprinters. En el bando de los hombres con instinto ganador encontramos destacadísimos clasicómanos como Paolo Bettini (Quick Step), Filippo Pozzato (Liquigas), Philippe Gilbert (Française des Jeux), Alessandro Ballan (Lampre), Davide Rebellin (Gerolsteiner), Sylvain Chavanel (Cofidis) o Rinaldo Nocentini (AG2R). Todos ellos pueden hacer saltar la sorpresa en cualquiera de los numerosos finales nerviosos de esta Vuelta a España. También habría que apuntar en este grupo al ruso Mikhail Ignatiev (Tinkoff), que podría aprovechar la condición física de los Juegos Olímpicos para dar la sorpresa en los últimos kilómetros de cualquier etapa llana con un ataque ‘a lo Recio’.


Y, en la parte de velocistas, la gran ronda española vuelve a contar con el mejor elenco posible. Los líderes del sprint mundial Daniele Bennati (Liquigas), Tom Boonen (Quick Step) y Óscar Freire (Rabobank) estarán presentes en carrera. A su sombra, otros hombres con gran punta de velocidad como Danilo Napolitano (Lampre), Juan José Haedo (CSC), Leonardo Duque (Cofidis), Alexandre Usov (AG2R), el ajado Erik Zabel (Milram) o los jóvenes Nicolas Roche (Credit Agricole) Heinrich Haussler y Óscar Gatto (Gerolsteiner). Una nómina de velocistas tremenda, más aún teniendo en cuenta que falta el auténtico equipo especialista en las volatas, Columbia.

Una Vuelta diferente, como reza el título de este artículo y sus dos “hermanos” precedentes, que a la postre dependerá de la voluntad de los corredores para confirmar si el cambio ha merecido la pena o ha sido más efectista que efectivo. A priori, la participación es de lujo. Pero del dicho al hecho…