El día más feliz de la vida de Johan Van Summeren

Ninguno de los titanes de las piedras llegó a la París-Roubaix con las cuentas saldadas. El único en terminar satisfecho el pasado Tour de Flandes fue el ganador Nick Nuyens, quien se borró de Roubaix con el pretexto de preparar la disputar de la Amstel Gold Race de la semana que viene y se clasificó hoy tercero en la Klasika Primavera de Amorebieta. El resto, desde Boonen hasta Cancellara, desde Ballan hasta Flecha, tenían retos por completar y malos humores que enjugar.
Garmin – Cervélo no era una excepción de todo esto. La escuadra dirigida por Jonathan Vaughters, de hecho, era la gran decepción de la temporada de piedras. Su teórico equipazo, formado por una clase media envidiable, unos ‘outsiders’ reseñables y todo un campeón del mundo como Thor Hushovd ejerciendo de puntal, no había refrendado en la carretera las prestaciones prometidas sobre el papel. Los pinganillos abiertos en televisión, además, habían hecho un flaco favor a la dirección técnica del equipo mostrando como instaban a sus ciclistas a correr de forma conservadora.

En definitiva, la estructura estadounidense llegaba a la línea de salida de Compiègne con mucho por demostrar. Y las circunstancias se alinearon para que lo hiciera, eliminando a varios de los principales favoritos (Boonen, Chavanel, Pozzato) y con ello a sus escuadras. También generando una fuga compuesta de muchos secundarios donde supieron encontrar su hueco Gabriel Rasch y Johan Van Summeren. E incluso dando fuerza a ciclistas como Vanmarcke y Hushovd cuyas cualidades fueron importantísimas a la hora de controlar la prueba y permitir la victoria del citado Van Summeren.
Fue una Roubaix tensa, emocionante y emotiva; pero lo cierto es que no fue una buena carrera. Garmin, en efecto, tuvo buena culpa de ello. Sin embargo, no es menos cierto que la mayoría de equipos acusaron una falta de ambición manifiesta, corriendo a expensas de un Cancellara tan superior como abandonado por sus coequipiers. Leopard Trek no es una escuadra de clásicas, ya se vio en Flandes y ha vuelto a notarse hoy en el Infierno del Norte: desde el tramo de Mons-en-Pévele, situado a medio centenar de kilómetros de meta, ‘Espartaco’ estuvo solo.
Tuvo que sacar el cuchillo y ponérselo entre los dientes desde ese mismo instante para no ver escaparse a la victoria que llevaba en sus piernas. Primero dio un tirón para reavivar la marcha del grupo de favoritos; después se fue junto a Ballan y Hushovd y los remolcó hasta encontrarse a prácticamente doscientos metros de los fugados. Pidió el relevo a italiano y noruego y ninguno se lo concedió, pensando que los coequipiers que marchaban delante les eximían de cualquier responsabilidad. El suizo se hartó, se sentó, habló directamente con los directores de sus compañeros de fuga lanzando un órdago: “no pienso hacer la caza entera yo solo”. No la hagas, le dijeron. Y ‘Espartaco’ perdió todo el trabajo realizado.
En esa sucesión de acontecimientos residió la clave de la carrera, que pasó a decidirse delante. Restando apenas una veintena de kilómetros para el final la fuga se seleccionó, quedando Tjalingii (Rabobank), Bak (HTC), Rast (RadioShack) y Van Summeren por delante. Para dar una idea del calibre de la escapada basta observar que sólo Van Summeren había cruzado alguna vez entre los diez primeros la línea de meta del velódromo de Roubaix, mientras ni Bak ni Tjalingii se habían clasificado jamás por encima del vigésimo puesto.

Yasmin, la futura esposa de Van Summeren

La lógica indicada por el palmarés se cumplió en el Carrefour de l’Arbre. El corredor de Garmin rompió la baraja y nadie discutió su triunfo, ni aun viéndose obligado el belga a recorrer los cinco kilómetros finales pinchado. En el mismo tramo donde decidió Van Summeren intentó Cancellara realizar una aceleración; fue frustrado por la inoportuna moto de la televisión y el obstáculo representado por un Roelandts desfondado. Luego realizó ‘Espartaco’ un último ataque de pura rabia que le sirvió para clasificarse en segunda posición. Mientras el suizo conseguía su premio estéril, Van Summeren sacaba un momento de lucidez entre la emoción de la victoria y pedía matrimonio a su novia Yasmin, paciente espectadora en la línea de meta. Ella dijo sí y completó el que sin duda alguna es el día más feliz de la vida del modesto corredor belga.

Imágenes: Cyclingnews y @wielerman

Nuyens fue el más listo de un Tour de Flandes memorable

Los días previos al Tour de Flandes son una liturgia de creación de expectativas que, normalmente, no son satisfechas por una realidad tozuda en quitar la razón a la ilusión de los aficionados. Sin embargo, en ocasiones, el ciclismo trasciende y se convierte en mágico por obra y gracia de unos hombres, los esforzados de la ruta, que con sus virtudes y miserias, sus aciertos y errores, sus golpes de suerte y sus infortunios… Convierten una carrera en inolvidable.
La prueba de hoy ha sido un gran ejemplo de esto. Los corredores se han desempeñado con orgullo y coraje, fajándose unos contra los otros y, a su vez, contra una ruta dantesca con más de 250 kilómetros de calzada estrecha jalonada de cotas, pavé y muros.
La batalla ha iniciado muy pronto, con una fuga táctica en la cual Garmin y Sky introdujeron sendos elementos (Hammond y Hunt) para evitar responsabilidades. Siguió con una escaramuza, poco después, donde multitud de segundos espadas de diversos equipos se introdujeron forzando al Leopard Trek del gran favorito, Fabian Cancellara, a asumir el peso de la carrera y quemarse en pos de la neutralización.
Quick Step repitió la táctica de cada Flandes. Dejó a Boonen a rueda de Cancellara y mandó al segundo de a bordo, en este caso Sylvain Chavanel, por delante desde muy lejos. El francés encontró la compañía de un sorprendente Simon Clarke (Astaná) y otros sucesivos acompañantes. El fallo vino cuando Tommeke, ansioso y restando aún cuarenta kilómetros para meta, decidió romper la baraja para eliminar a todos aquellos rivales expectantes de los designios de Cancellara, incluyendo un Gilbert perjudicado por un inoportuno pinchazo.
La aceleración de Boonen fue el interruptor que encendió el motor de Cancellara. El suizo cogió su fusil y machacó al grueso del pelotón primero, a Pozzato después y a un Boonen que ejerció de cazador cazado y renunció a seguir la rueda de ‘Espartaco’, optando por buscar el amparo de un grupo mayor a expensas de la presencia de Chavanel en cabeza de carrera.
Cuando el superclase de Leopard Trek cazó al francés, éste se alojó a su rueda y le negó los relevos. Por detrás, el BMC de Ballan, el Katusha de Pozzato y el Vacansoleil de Leukemans (con un trágico Devolder) tomaron la iniciativa de la caza mientras los hombres de Garmin se escondían, cobardes, pensando en el tercer puesto; otros esperaban y lanzaban pequeñas escaramuzas de dudosa efectividad.
En las inmediacionse del mítico Kappelmuur, uno de los momentos culminantes de la temporada ciclista, la ventaja de Cancellara y Chavanel sobre el grupo de favoritos estaba por encima del medio minuto. Cuando se llegó a la subida adoquinada el suizo, desinflado, fue cazado por un grupo donde aquellos favoritos que veían la carrera perdida se encontraron con una segunda oportunidad e intentaron aprovecharla.
Un Gilbert impulsivo tomó la delantera durante unos kilómetros que le jibarizaron las piernas y fue atrapado definitivamente por Leukemans, Ballan, Hincapie, Flecha, Thomas, el sorprendente Scherinlinckx, Langeveld, Nuyens, Boonen y los quemados Cancellara y Chavanel. Las sensaciones eran desiguales: Ballan parecía fuerte, Flecha se antojaba decidido, Nuyens se escondía, Langeveld se la jugaba sabedor de su pobre ‘rush’.
Finalmente fue un poderoso demarraje de un Cancellara renovado el que decidió la carrera llevándose a Nuyens y un valiosísimo Chavanel, corajudo y siempre atento. Por detrás los equipos, aún llevando como en el caso de BMC y Sky dos corredores en el grupo, vacilaban; por delante había entendimiento, con Cancellara trabajando la parte del león, Chavanel la del ratón y Nuyens ejerciendo de rémora. Flecha y Boonen, los más fuertes del grupo trasero, acabaron por demarrar con impaciencia pero la suerte estaba echada y el triunfo estaba en cabeza.
Cancellara jugó su baza acelerando desde lejos. A casi 350 metros de meta encendió el suizo la mecha, y a punto estuvo a punto de sacar de punto a un Nuyens aparentemente débil y portador de un Chavanel tranquilo. A sólo 150 metros del final el belga de Saxo Bank remachó a Cancellara y, entonces, Chavanel cometió su error buscando la rueda suiza en lugar de la belga. Fracasó y, cuando intentó remontar, se quedó sin tiempo y sin espacio.
Nuyens consiguió, de esta manera, un triunfo inesperado que viene a refrendar que la arriesgada apuesta de Bjarne Riis fichándole como líder de Saxo Bank para las clásicas tras varias temporadas oscuras no era tan descabellada. El belga se llevó se ha llevado ya una A Través de Flandes agónica y, con esta victoria en De Ronde, confirma sus excelentes sensaciones.
Sin embargo, más allá del cajón más alto del podio, el segundo y el tercero de la carrera han sido los verdaderos protagonistas del día. Cancellara con su ataque, aun desaforado y desafortunado; Chavanel con su atención y sus infinitas fuerzas, aun marradas en la parte final… Han dignificado el ciclismo y elevado el espectáculo a un nivel insospechado y existentes únicamente en la imaginación de los aficionados más optimistas para configurar un Tour de Flandes histórico donde Nuyens fue el más listo.

La Quiniela de Flandes

Este domingo se disputa el Tour de Flandes, segundo Monumento de la temporada de clásicas y primero en el cual aparece el temible pavé, elemento durísimo para las piernas de los corredores cuya sublimación llegará el domingo 10 en la terrible París-Roubaix. Pero antes podremos disfrutar de 254 kilómetros, unas siete horas, de auténtica devoción por las carreteras y caminos flamencos, jalonadas como siempre de pequeñas cotas y adoquines, cuyo clímax arriba en el mítico Kappelmuur, con menos de una veintena de kilómetros por recorrer hasta la meta de Meerbeke… Quienes salgan de allí por delante tendrán gran parte de la carrera resuelta a su favor.
Leed y disfrutad esta “quiniela” con los principales nombres que se implicaran en la lucha por el Tour de Flandes e imaginad cuál podría ser el desarrollo de una carrera cuyos prolegómenos valen casi tanto como su disputa en sí.
Primera línea
Fabian Cancellara Indiscutible favorito número uno, el suizo llega a Flandes en su más absoluto pico de forma. En el Gran Premio E3 Harelbeke demostró que su ‘modus operandi’ sigue siendo el mismo, brutal y sencillo: demarrar en un momento de aparente calma, pillar al resto de favoritos desprevenidos y encender la moto hasta meta. Nadie pudo con él el pasado sábado, ni tampoco el año anterior en Flandes y Roubaix. Su punto débil es un Leopard Trek con ciertas carencias para las clásicas adoquinadas.
Tom Boonen El ‘flandrien’ por excelencia busca imponerse por tercera vez en De Ronde. Para ello cuenta con un recorrido que conoce a la perfección y un estado de forma casi óptimo que le llevó a ganar el pasado fin de semana la prestigiosa Gante-Wegelvem. Otro punto a su favor es su punta de velocidad que, si bien se ha visto limada con los años, sigue siendo superior a la de casi todos sus rivales.
Philippe Gilbert Aspira a ser el segundo valón de la historia en ganar el Tour de Flandes tras Criquelion después de varios años disparando al palo. Su estado de forma es envidiable, como demostró en Tirreno-Adriático y Milán-San Remo, y su adaptación al pavé más que aceptable. La introducción de más subidas en el trazado de la prueba jugaría a su favor.
Segunda línea
Allesandro Ballan El italiano parece haber dejado ya atrás la maldición del ‘arco iris’ y vuelve a pedalear con fuerza y esa característica falta de clase. Para ganar está obligado a ser valiente, dado que su punta de velocidad no es extraordinaria y en esfuerzos largos probablemente esté por debajo de otros favoritos. A su favor está contar con un equipo, BMC, repleto de buenos elementos capaces de mover la carrera desde lejos e incluso trabajar para él con efectividad como son Van Avermaet, Burghardt, Hincapie, Kroon, Quinziato… Los auténticos ‘dark horses’ de los adoquines
Sylvain Chavanel El segundo espada de Quick Step (tras Boonen) ha sido señalado por el tres veces ganador en Flandes Johan Musseuw como favorito para repetir las prestaciones de Devolder en 2008 y 2009, aprovechando la vigilancia entre los favoritos para dar la sorpresa con un ataque lejano. Lo cierto es que la leyenda belga no anda muy descaminada. Sylvain lo tiene todo para emular las proezas de Stijn: experiencia, calidad, valentía y un estado de forma excepcional, demostrado con un cuarto puesto en los durísimos Tres Días de la Panne.
Stijn Devolder El campeón belga aún no ha hallado el golpe de pedal esta campaña. Todas sus prestaciones han sido mediocres para el palmarés ostentado, auténtico baremo para valorar las actuaciones de un corredor cuyos mayores triunfos han sido tan espectaculares como inesperados… Motivo por el cual es mejor no descartarle para el domingo. A su lado, en el combativo Vacansoleil, estarán Bjorn Leukemans (cuarto el año pasado) y Lieuwe Westra, potentísimo rodador que viene de marcarse una gran actuación en la Panne.
Thor Hushovd El actual campeón del mundo no ha tenido una aproximación demasiado rutilante al Tour de Flandes, lo cual no deja de ser una mala señal. Sin embargo, cuenta con la calidad y la experiencia necesarias para rayar a buen nivel el domingo. Además, tiene un valioso consejero en Peter Van Petegem (asistente de su escuadra estas semanas) y un buen equipo para apoyarle, Garmin – Cervélo, con compañeros como…
Heinrich Haussler El australiano tiene buenas piernas y gusto por esta carrera. Ya fue segundo en 2009 tras Devolder y aspira a mejorar su actuación. Su cualidad diferencial respecto al resto de integrantes de la segunda línea es su polivalencia. En caso de que su compañero Farrar (a quien dediqué un artículo ayer) anduviera bien, la táctica de Garmin le impulsaría a realizar un ataque lejano; si el americano no se encontrara en su mejor día, Haussler tendría permiso para reservarse pensando en un posible esprint.
Daniel Oss El italiano lleva toda la campaña deslumbrando en el calendario italiano, lo cual ha favorecido que no se generen muchas expectativas sobre él. De hecho, la mayoría de focos dirigidos hacia el equipo Liquigas se centran en el jovencísimo Peter Sagan, debutante en De Ronde y candidato a brillar en el futuro… Pero, sin duda, el número uno del potente equipo verde para esta edición del Tour de Flandes es el prodigioso Oss, que el año pasado condujo el esprint de Milán – San Remo con sólo 23 años y es un auténtico enfermo de las piedras.
Filippo Pozzato El corredor de Katusha llega precedido de cierta polémica que en los últimos días ha desembocado en su “enemigo” Gilbert instándole a “marcar a Cancellara para hacerle perder Flandes”. Será el puntal conservador de un Katusha muy guerrero, con Hoste, Ivanov ó Gusev dispuestos a forzar al máximo el ritmo de la carrera.
Juan Antonio Flecha Como siempre, el ‘Arquero’ tiene ganas de rayar al máximo nivel en las pruebas de las cuales está enamorado. Sin embargo, el golpe moral recibido en la Omloop Het Nieuwsblad (donde fue derrotado por Langeveld a pesar de ser claramente más fuerte que el holandés) podría pesarle en las piernas. De hecho, el catalán ya ha rebajado sus ambiciones y dice conformarse “con un podio”. A su lado tendrá tres jóvenes que constituyen deliciosas incógnitas como son Edvald Boasson Hagen, Geraint Thomas e Ian Stannard.
Nick Nuyens Parecía enterrado tras sus decepcionantes temporadas en Cofidis y Rabobank (en las cuales consiguió, eso sí, un podio en Flandes 2008) y el reto encomendado por Bjarne Riis de sustituir a Cancellara como líder de Saxo Bank en las clásicas se antojaba excesivo para él. Pero la realidad se empeña en llevar la contraria a los teóricos, y Nuyens dejó caer una excelente actuación con victoria incluida en A Través de Flandes para revindicar un lugar en la élite. Asaltar la victoria en Flandes parece demasiado, pero es probable que esté en la pomada.
Las sorpresas
Hay un montón de corredores capaces de dar la sorpresa y aparecer en el grupo de los mejores en determinados momentos de la carrera. Para empezar, tres equipos potentes como Rabobank, HTC y RadioShack cuentan con buenos ‘outsiders’ en las figuras de Lars Boom y Sebastian Langeveld en el caso de los holandeses, Jan Ghysellinck en el de los americanos y el potente Sebastian Rosseler en el de la escuadra de Bruyneel.
Respecto a los conjuntos profesionales invitados, siempre hay algún integrante de estos que se codea con los gallos. Landbouwkrediet tiene dos expertos sólidos como Fréderic Amorison y Bobbie Traksel, Totsport cuenta con el combativo y talentoso Steven Van Vooren y Skil-Shimano, por su parte, lleva a un Bert De Backer cuya lenta y silenciosa progresión oculta un corredorazo para el pavé. Punto y aparte es un FDJ cuyo principal líder, Yoann Offredo, cayó lesionado en los pasados Tres Días de la Panne merced a un fotógrafo imprudente. Sin embargo, Madiot tiene en sus filas a otros dos corredores que han lucido al máximo en citas previas como son Steve Chainel y Dominique Rollin… y cuya combatividad está asegurada.

Pocos trajes y muchos trapos

En una decisión ciertamente sorprendente por inusual, los organizadores de la clásica A Través de Flandes han retirado su invitación al equipo BMC para otorgársela a Xacobeo. El motivo: BMC iba a “faltar el respeto” alineando su “tercera formación” en la prueba belga. Dejando aparte que este no es ni más ni menos que el tira y afloja normal entre organizadores y escuadras (sólo que hecho público) y que la solución es cuanto menos llamativa y no parece resolver nada (Xacobeo no está hecho para esta clase de carreras, y mediáticamente es nulo Mosquera aparte), esta anécdota deja al descubierto una situación que hasta ahora había pasado inadvertida: BMC carece casi totalmente de fondo de armario y no puede lucir buenas galas cada día.
Nacido en 2007 con una base americana, la llegada al cargo de mánager de John Lelangue en 2008, merced a las relaciones que mantenía con la marca de bicicletas patrocinadora desde la época de Phonak, dio un tono distinto al equipo BMC. Su estatus ascendió en todos los sentidos. Administrativamente pasaron de la categoría continental a la profesional; a los ojos del ciclismo, abandonaron la calificación de equipo formado para los critériums, típico en Estados Unidos, para adquirir la de estructura seria y en crecimiento. En base a eso actuaron: ayudados por los contactos de Lelangue en ASO, empresa organizadora del Tour de Francia donde el suizo trabajó antes de embarcarse en el proyecto de Phonak, no sólo actuaron como una formación modesta sino que además dispusieron de carreras al máximo nivel (Vuelta a Suiza, Tour de Romandía, París-Roubaix) donde demostrar y demostrarse que aún les quedaba mucho camino por recorrer para llegar a la élite.
Sin embargo, este invierno los rectores de la escuadra suiza optaron por hacer ese camino no ya a pasos agigantados, sino a grandes zancadas. Corriendo. La comunión de intereses con George Hincapie, el año pasado corredor de Columbia y enfrascado en la promoción de su marca de ropa Hincapie Sports, precipitaron el crecimiento de BMC. Con la aspiración de alcanzar la posición de Pro Tour fáctico que posee Cervélo, se realizaron fichajes de campanillas como los del propio Hincapie, Karsten Kroon, Marcus Burghardt, el campeón del mundo saliente Alesandro Ballan y el vigente arcoiris Cadel Evans. Una cuarteta de miedo para las clásicas y un líder sólido para las grandes vueltas.
Sin embargo, no hubo nada más. Lelangue e Hincapie hicieron una preciosa fachada pero dejaron la casa hueca. A la pobre base del año anterior (el veterano Moos, el joven croner Brent Bookwalter, el polivalente Jeff Louder y los prometedores suizos Wyss, Frei y Kohler) apenas se le añadieron unos cuantos bisoños como los sprinters John Murphy, Simon Zahner y Alexander Kristoff, los indefinidos Michael Schar y Steve Morabito y un ‘passista’ consagrado con gran margen de progresión como Mauro Santambrogio, que dejó Lampre enfrentado con las vacas sagradas de la escuadra ‘blufucsia’. Muy poca base para una torre que se presumía muy alta.
En estos días en que se especula con la lista de invitados del Tour de Francia, cabe preguntarse hasta qué punto hay que contar con BMC como posible participante en la ‘grande boucle’. Toda vez que parece confirmado que estará presente en todas las grandes clásicas y en el Giro de Italia, carrera en la que ha prometido centrarse su líder Cadel Evans, ¿qué puede ofrecer el joven equipo suizo? Hay por delante dieciséis conjuntos con la presencia garantizada de antemano gracias a un contrato que seguramente ASO desearía no haber firmado, súper estructuras de reciente creación e imprescindibles como RadioShack, Sky, Garmin, Katusha y Cervélo… más algunos ‘outsiders’ vistos con buenos ojos por la familia Amaury y beneficiados por su nacionalidad como Saur-Sojasun (francés), Vacansoleil y Skil (holandeses, punto a favor saliendo la ‘grande boucle’ desde el país de los tulipanes)… No parece haber sitio en el Tour de Francia para una escuadra que se asemeja a un armario con unos pocos trajes elegantes colgados y varios, demasiados, cajones llenos de trapos.

Evans culmina la temporada en Mendrisio

27 de Septiembre, Arueda.com

La situación en la que Cadel Evans tomaba hoy la salida en el Mundial de Mendrisio era de desesperanza. Su gran objetivo de la temporada, el Tour de Francia, fue un chasco: después de un inicio poco prometedor, acabó por hundirse para finalizar en la anónima posición número 30. La Vuelta donde podía desterrar aquellos fantasmas la terminó tercero, buena actuación que generó una duda que incluso podía resultar resquemor: ¿qué habría pasado si no hubiera pinchado en Monachil, perdiendo un minuto en la cima de Sierra Nevada? De nuevo un fracaso, aunque menor que el anterior. Llevaba un año de decepciones e incluso de lágrimas. Hoy las ha enjugado todas con un trapo arcoiris.

Conseguir la victoria ha sido un pequeño galimatías para Evans, como por otra parte también lo era para la quincena de corredores que llegaban con opciones de victoria a la última vuelta. No sólo se trataba de fuerza, que también, sino de una adecuada lectura táctica de una carrera que había quedado oscura e imprevisible, bajo el dominio de la superioridad numérica española (representada con cuatro corredores) y el inenarrable vigor de un Fabian Cancellara que inspiraba auténtico terror a los grandes favoritos como Damiano Cunego, Alejandro Valverde ó Philippe Gilbert. El mejor marcaje sobre Espartaco, sin embargo, lo realizó el asturiano Samuel Sánchez, el único capaz de mantenerle el pulso en los descensos.

Hasta este punto, el Mundial había seguido el guión típico de un Mundial. De inicio, una fuga de diez corredores que formaban parte de equipos menores, tales como Mehels (Letonia), Kvasina (Croacia) ó un Stangelj (Eslovenia) que fue capaz de mantenerse en cabeza hasta la penúltima vuelta. Sólo un ciclista se saltaba esta norma, el poderoso sprinter alemán André Greipel, que decidió quemar sus naves desde lejos ante la imposibilidad de lucir en la parte final por la dureza del recorrido.

A mitad de carrera se formó un corte peligroso que anunció el inicio de la batalla. Una veintena de corredores se situaban entre el pelotón, con Tom Boonen (Bélgica), Kim Kirchen (Luxemburgo) y el campeón del mundo saliente Alessandro Ballan (Italia) como hombres más destacadas. España iba bien representada, con Joaquín Rodríguez, Juanjo Cobo y Carlos Barredo aguardando dándole al equipo la presencia pertinente. Fue la Italia de Ballan quien más apostó por el corte, sacrificando a valiosos gregarios como Paolini, Scarponi y Visconti para la quimérica causa de que esa fuga fuera la buena. El seleccionador transalpino, Franco Ballerini, no jugó bien sus cartas en ningún momento a pesar de la ayuda prestada por Paolo Bettini en calidad de asesor.

Llegados a la penúltima vuelta, el corte de Ballan seguía caminando entre demarrajes varios. Italia había quemado ya sus naves, no había acuerdo y la fuga iba al pairo. Dos hombres destacaban entre los de cabeza: el esloveno Stangelj por su combatividad y el español Purito Rodríguez por su inmensa fuerza. Por detrás, el trabajo incomprensible de Bielorrusia era continuado por Juanma Gárate y Dani Moreno. Pero el remate llegaba en el paso por el primer repecho de los dos que componían el circuito, cuando el tremendo Cancellara dinamitaba la carrera demarrando sentado; a su rueda, todos los favoritos. Se neutralizaba así a los fugados, quedando un grupo de unas veinte unidades en cabeza.

El galimatías estaba planteado. Italia no lo supo aclarar y volvió entonces a jugar torpemente sus bazas. Ballerini contaba con cuatro hombres en cabeza además de su líder Cunego, y optó por hacerlos trabajar en cabeza. El resultado no pudo ser más desalentador: al final del segundo repecho Cunego ya se había quedado solo. Rodeado de enemigos que atacaban en falso, sin convicción, siempre con un corredor español a rueda y mirando a Cancellara para ver cuándo decidía acelerar. El suizo tomó la iniciativa en el descenso, pero Samuel Sánchez le siguió, secándolo y provocando que el intento quedara en agua de borrajas.

El siguiente ataque corrió a cargo de Vinokourov y sí tuvo éxito. El kazajo abrió hueco, llegó en cabeza al último paso por meta y por un momento pareció tener alguna opción de victoria. Pero todo se abortó cuando el ruso Alexandr Kolobnev, un corredor que se crece en las citas que se disputan por selecciones, demarró y le rebasó; Vinokourov claudicó, terminando 26º en meta. Un contraataque de Cancellara, verdadero juez de la carrera, capturaba a Kolobnev y seleccionaba el grupo de favoritos. Quedaban en cabeza nueve hombres: los mencionados Cancellara y Kolobnev, Cunego, Gilbert, Breschel, Evans y los españoles Sánchez, Valverde y Rodríguez.

El galimatías se complicaba para todos, España partía con ventaja para resolverlo. Sólo hacía falta clarividencia, conseguir un corte donde entraran uno de los dos hombres rápidos del combinado español, Valverde ó Sánchez. Pero no hubo lugar, porque el primer corte que se formó fue el bueno. En la bajada del primer repecho atacó una vez más Kolobnev, que se llevó a rueda a Joaquín Rodríguez y a Cadel Evans. El australiano, una vez llegados al segundo repecho, aprovechó un momento de dudas para marcharse. Hacia la victoria. Recorrió siete kilómetros triunfales hasta hacer su entrada en meta, mientras Kolobnev y Rodríguez perseguían. Mientras los favoritos esperaban que un nuevo arreón de Cancellara les llevara hasta la cabeza. Cuando este tuvo lugar, en el descenso y una vez más con la única compañía de Samuel Sánchez, era demasiado tarde.

Evans entró en meta sentado. Tranquilamente incrédulo, saludó un poco con el brazo derecho al público. Después besó su anillo de boda, que siempre lleva colgado al cuello cuando compite. Veintiocho segundos después, arribaban Kolobnev y Rodríguez, batiendo el primero al segundo y subiendo su cotización ambos gracias a sendas medallas de plata y bronce. A su estela, Samuel Sánchez llegaba cuarto tras remachar a un Cancellara que fue el más fuerte pero pagó ser la rueda más vigilada. El gran favorito, Alejandro Valverde, se clasificaba noveno, seguramente lamentando haber desperdiciado una ocasión casi irrepetible de llevarse el maillot arcoiris. Sólo hubiera hecho falta una mejor lectura táctica de la carrera…

Una vez más, España se marcha del Campeonato del Mundo lamentándose. A pesar de haber sido el combinado más fuerte, la toma de decisiones alejó el oro de las vitrinas nacionales. Para el aficionado al ciclismo, sin embargo, nada más lejano del lamento. El espectáculo vivido hoy ha sido excepcional, el colofón de una temporada ciclista bastante mejor que las anteriores. Para Evans, el Mundial de hoy ha sido la manera de resarcirse de las dudas y las críticas y conseguir el premio que su cambio de actitud en carrera merece.

Los equipos anglosajones, protagonistas del mercado

Arueda.com

El día 1 de septiembre, según las normas de la UCI, los ciclistas pueden empezar a negociar con otros equipos. Es por ello que, en ese día, un torrente de información sobre compromisos, avenencias y, en definitiva, fichajes, salen a la luz.

Si el mercado de fichajes del año pasado tuvo como protagonista a Cervélo y Katusha, esta temporada ha sido el turno para cuatro equipos cuyo denominador común es su lengua: inglés. Cuatro estructuras, una inglesa y tres estadounidenses; dos de nueva creación, dos en fase de crecimiento. Se trata de Sky, RadioShack, Garmin y BMC. Cuatro escuadras cuyos movimientos en el mercado van dirigidos, como no podría ser de otra forma, a establecerse en la élite del ciclismo mundial. Una élite donde países tradicionalmente ajenos tienen cada vez una mayor representación gracias a grandes inversiones de dinero que, generalmente, son gestionadas de manera cuando menos eficaz.

BMC, ¿un nuevo Cervélo?

De licencia suiza y patrocinador también suizo, cuando hablamos del BMC Racing Team estamos refiriéndonos a un equipo prácticamente americano. En principio creada por la marca de bicicletas BMC con objeto de introducirse en el mercado estadounidense, la estructura controlada por el ex mánager de US Postal Jim Ochowicz y dirigida en la carretera por el ex Phonak John Lelangue ha decidido dar un salto de calidad para formar parte de la primera fila del ciclismo mundial.

Sin embargo, no lo hará a través de la adquisición de una licencia Pro Tour, sino siguiendo el modelo de Cervélo: reunir una gran plantilla que seduzca a los organizadores para que cuenten con ellos en sus carreras. Y, por supuesto, disponer de un buen ramillete de contactos dentro del mundillo, algo de lo que Lelangue y Ochowicz pueden alardear sin rubor. Más aún viendo cómo con una plantilla mediocre ha corrido este año pruebas tan prestigiosas como París – Roubaix.

El primer refuerzo de relumbrón del conjunto suizo ha sido nada más y nada menos que el vigente campeón del mundo Allessandro Ballan. El corredor italiano deja Lampre, donde ha estado desde su salto a profesionales en 2004, motivado por la posibilidad de “aprender inglés y ver mundo”; dicho sin paños calientes, desea cambiar de aires porque su relación con Beppe Saronni, mánager de Lampre, no es la mejor. Otra incorporación destacada hecha por BMC ha sido la de George Hincapie, reciente campeón de Estados Unidos de fondo en carretera y antiguo amigo de Ochowicz que posiblemente pasará a ser director de la escuadra cuando se retire.

BMC se ha reforzado además con un hombre de gran nivel para las clásicas de las Árdenas, el holandés de Saxo Bank Kastern Kroon. Y ha fichado al joven especialista en pavés Marcus Burghardt, también del Team Columbia como Hincapie. Sin embargo, a pesar de las incorporaciones citadas y de las de las promesas suizas Morabito, Schär y Zahner, aún queda mucho por fichar si quiere construir un bloque decente. Sobre todo, teniendo en cuenta que la plantilla de este año era muy mala, pudiendo rescatarse para la alta competición apenas al americano Jeff Louder y a jóvenes suizos como Thomas Frei, Danilo Wyss ó Matthias Frank.

Garmin intenta solventar sus carencias

Señalado por muchos como uno de los equipos más débiles del Pro Tour, el conjunto Garmin – Slipstream ha salido desde el principio al mercado para intentar cubrir esa debilidad. Capitaneado por el sprinter Tyler Farrar y los vueltómanos Christian Vandevelde y Bradley Wiggins (sobre este último, ya veremos más adelante, hay rumores), el bloque de Garmin está formado esencialmente por contrarrelojistas. Ello deja al equipo algo huérfano en la montaña ó las clásicas, terreno este último donde sólo Martijn Maaskant parece apto para brillar.

La receta de los refuerzos, así, parecía clara. Escaladores y clasicómanos. Para lo primero, se ha firmado al sorprendente sueco Frederik Kessiakoff (Fuji) y al holandés Michael Kreder (Rabobank III), que también posee una apreciable punta de velocidad. En lo relativo a clasicómanos, los elegidos han sido el sudafricano Robert Hunter (Barloworld), que apurará los últimos estertores de su carrera, y el belga Johan Van Summeren, abnegado gregario en Silence que tendrá en Garmin la ocasión de brillar individualmente. Otro fichaje del conjunto dirigido por Jonathan Vaughters ha sido el prometedor contrarrelojista y sprinter australiano Jack Bobridge (AIS), mientras que una posible incorporación es la del actual ciclista de Cofidis Bingen Fernández… como director deportivo.

Lance Armstrong, el reclamo de RadioShack

También al otro lado del Atlántico ha nacido como una práctica escisión de Astaná el Team RadioShack, nueva estructura conformada alrededor del siete veces ganador del Tour Lance Armstrong. El tejano llevará consigo, como parte del staff técnico, a su antiguo gregario José Azevedo y a su eterno director y guía Johan Bruyneel, que finalmente conseguirá librarse del contrato que tenía firmado con Astaná por mor de un pacto suscrito con la federación kazaja, según el cual la participación de Alexandre Vinokourov en la Vuelta en las filas de Astaná traía aparejada la rescisión del contrato de Bruyneel.

El equipo, que contará con un presupuesto millonario suministrado por la cadena de tiendas de electrodomésticos RadioShack y la marca de bicicletas Trek, ya posee una plantilla base. En ella, siete de los ocho confirmados pertenecen actualmente a la disciplina de Astaná: el factótum Lance Armstrong, Leipheimer, Brajkovic, Rast, Vaiktus, Paulinho y el asturiano Chechu Rubiera. De fuera viene únicamente, de momento, Sébastian Rosseler (Quick Step). En cuanto a rumores, la estructura conocida como ‘The Shack’ ha generado un ciento, habiéndose relacionado con ella a otros Astaná como Klöden ó Popovych y a otros buenos ciclistas como Geert Steegmans.

La nueva superestructura británica

2010 verá el nacimiento de otra superestructura además de RadioShack, pero ésta sí a este lado del Atlántico. Se trata del Team Sky, patrocinado por la poderosa multinacional de televisión por satélite y dirigido por Dave Brailsford, el hombre que ha llevado al ciclismo en pista inglés a su actual posición hegemónica dentro del panorama mundial. Sky ha puesto a disposición de Brailsford un presupuesto millonario con un único objetivo a medio plazo: ganar el Tour con un ciclista británico. Para ello se ha querido contar con Bradley Wiggins, que sin embargo parece haberse visto obligado a rechazar la oferta al no poder desligarse de su actual contrato con Garmin.

Siendo también prácticamente imposible la contratación del gran sprinter de la Isla de Man Mark Cavendish, contratado por Columbia hasta 2011, Sky ha realizado hasta ahora únicamente incorporaciones de perfil medio. Barloworld ha sido su gran vivero, y de ahí llegarán Steve Cummings, John-Lee Augustyn, Geraint Thomas y el keniano Chris Froome. Además, Brailsford ha firmado a Chris Sutton (Garmin), que tendrá a su padre Shane en calidad de director de equipo, al rodador Matthew Hayman (Rabobank), al todoterreno Simon Gerrans (Cervélo) y a un sprinter de corto recorrido aunque buenos resultados como Greg Henderson (Columbia). No parece suficiente para que el equipo pueda correr el Tour el año que viene…

… Pero es ingenuo pensar que esta será la línea de incorporaciones de Sky para completar la plantilla de 25 hombres con la que, en principio, quiere contar el equipo. Quedan por venir los mejores. Para empezar, se habla de Kurt-Asle Arvesen (Saxo Bank), Serge Pauwels (Cervélo) ó Thomas Lökvist (Columbia) como posibles incorporaciones. Pero también del clasicómano de piedras por excelencia del panorama español, Juan Antonio Flecha (Rabobank)… y de todo un proyecto de dominador mundial del terreno que él elija como el noruego Edvald Boasson Hagen (Columbia).

Mientras tanto, en España…

En territorio nacional, las novedades llegan con cuentagotas. Caisse d’Épargne es el único equipo que se ha movido en el mercado, quizá porque es el único que tiene el patrocinio garantizado y, por tanto, puede moverse. Ha realizado tres incorporaciones prestigiosas que se antojan, sin embargo, poco rentables. El italiano Marzio Brusheghin (Lampre) y el francés Christophe Moreau (Agritubel) llegan al conjunto bancario en la parte final de su carrera, prácticamente con el único objetivo de hacer equipo y contentar a los patrocinadores, si bien podrían realizar funciones destacadas en determinados momentos de la temporada. Por su parte, el escalador colombiano Juan Mauricio Soler arriba de Barloworld con el objetivo de recuperar el nivel que diera en el Tour de 2007; es un fichaje que, por desgracia, recuerda mucho a aquel fracaso con José Rujano. Estos tres hombres compensan las bajas de Charteau, Marlon Pérez y Joaquín Rodríguez, que se marcha a Katusha.

Pero no ha sido esta la última noticia que ha dado Caisse d’Épargne. También se ha anunciado la creación de un equipo continental a partir del actual conjunto amateur Caja Rural que hará las veces de filial de Caisse y contará con destacados amateurs como Rubén Martínez ó Rubén García. Y, por otro lado, se comenta en el mundillo que el año que viene puede ver la luz en España una estructura que, aunque afincada lejos del ProTour, poseerá una organización impresionante y podría marcar un ejemplo de cómo debe ser una escuadra de primer nivel. Mantengámonos atentos…

La historia de amor de Cunego tiene final feliz

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A veces ocurre en el ciclismo que un corredor y una carrera se enamoran. Año tras año se ven y parece que llevaban toda la vida esperándose: el ciclista está en un momento excepcional, el terreno se amolda perfectamente a lo que él necesita. Como si estuvieran diseñados el uno para el otro. Y, cuando todo termina, el corredor besa al trofeo, a la carrera, y la estampa recuerda a dos enamorados que desde ese instante cuentan las horas hasta el próximo reencuentro.


El idilio de Damiano Cunego con el Giro de Lombardía ha tenido hoy su tercer capítulo. Todo empezó en 2004, cuando el ciclista de origen veronés culminó una temporada de ensueño (Giro del Trentino y Giro d’Italia, entre otros triunfos) batiendo a Michael Boogerd, Ivan Basso, Cadel Evans y Daniele Nardello. Su siguiente cita no acabó tan bien como la primera: Damiano llegó hundido, dentro del grupo principal del cual se habían burlado Paolo Bettini, Gilberto Simoni, el por aquel entonces emergente Frank Schleck y Giampaolo Caruso. En 2006, Lombardía ni siquiera esperó a un Cunego que renunció a ella desde el principio para centrarse en unas grandes vueltas que siempre fueron traidoras con él, desde aquel Giro soñado de 2004…

Sin embargo, esa historia de amor no podía terminar así. El año pasado, Damiano volvió a participar en el Giro de Lombardía. Preparó con mimo el final de temporada, compitió en la Vuelta a España y el Campeonato del Mundo… Llegó a la cita lo mejor que pudo. Y la historia volvió a tener final feliz. Se presentó en la recta de meta acompañado por un Ricco’ que había sido el principal animador de la carrera desde el paso por la Madonna del Ghisallo. Y, una vez allí, Damiano sólo tuvo que echar mano de su sprint, mucho mejor de lo que se puede esperar para un escalador como él.

Esta mañana en Varese todos los papeles daban a Cunego como gran favorito. Bueno, a Cunego y a su compañero de equipo en Lampre Alessandro Ballan. Plata y oro en el Campeonato del Mundo disputado en la propia Varese hace tres semanas: prácticamente el mejor dúo posible para afrontar esta carrera. De ello se aprovechó Damiano durante toda la carrera, de que la mitad de los ojos estaban puestos en el arcoiris ostentado por Ballan.

No apareció hasta tres cuartas de carrera. Su coequipier Mauro Santambrogio se filtró en la fuga lejana del día junto a otros buenos ciclistas como Michael Rogers (Columbia) o el español Pablo Lastras (Caisse d’Épargne). El resto de sus compañeros trabajaban en el pelotón para controlar las distancias: desde el prometedorcísimo Francesco Gavazzi hasta un Marzio Brusheghin que neutralizó la escapada y seleccionó el grupo casi en solitario durante las primeras estribaciones de la penúltima dificultad de la jornada, Civiglio.

Alessandro Ballan dio la cara en todo momento: el último de la fila del Lampre, el puesto teóricamente reservado para el líder del equipo. Damiano, por su parte, andaba a medio pelotón y, sólo de vez en cuando, asomaba a las primeras posiciones. Fue en el propio Civiglio donde se intercambiaron los roles; Cunego pasó a primer plano y Ballan se dejó ir hasta posiciones intermedias. Chris Horner (Astaná) realizó un movimiento que a la postre fue decisivo, atacando y llevándose consigo a un Francesco Failli (Acqua e Sapone) que comienza a demostrar su clase, similar a la de Bettini, Rebellin y otros buenos clasicómanos italianos. Entonces fue Damiano quien se movió, viendo claro que era clave demarrar en esos instantes. Arribó a cabeza de carrera, y tras él lo hizo el madrileño de Caisse d’Épargne Dani Moreno.

Se enfiló el descenso de Civiglio, ratonero y peligroso a pesar de la ausencia de lluvia. Cunego se puso en cabeza del grupo; Horner, Failli y Moreno, por este orden, le seguían en su vertiginosa travesía. Por detrás, el campeón olímpico de Euskaltel Samuel Sánchez se lanzaba haciendo honor a su enorme y merecidísima fama de descendedor. Y fue mediada la bajada cuando tuvo lugar el hecho clave de la carrera: Chris Horner tomaba mal una curva, demasiado abierto, modificaba la trazada y frenaba. Esto perjudicó a Failli y Moreno, que debieron hacer lo propio. Perdieron la referencia de Cunego, quien marchaba con el cuchillo entre los dientes. Y ni la llegada al grupo de Samuel Sánchez pudo evitar que el ciclista de Cerro Veronese hiciera un hueco que después se revelaría como insalvable.

Y es que lo que vino después fue sencillo para Damiano. La colina de San Fermo Della Batagglia afianzó al italiano; por detrás, el grupo fue cazado por otro más grande en el cual se sucedieron escaramuzas. El joven colombiano Rigoberto Urán (Caisse d’Épargne), un escalador pata negra aún por definir en algunos sentidos, atacó poderosamente en pos del inalcanzable Cunego. Se unió a él un Janez Brajkovic que, ya en meta, se reveló como el protagonista ingenuo del día: esprintó con locura, maniobró peligrosamente para cerrar a Urán… y alzó los brazos. Pensó haber ganado. Pero realmente fue el primero de los pretendientes a los que Lombardía rechazó para besar a Cunego.

Ballan campeón ante las vergüenzas del ciclismo

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Todo un Campeonato del Mundo desvirtuado por la actitud del capo del pelotón. Mientras Alessandro Ballan se imponía con un ataque de caballo en el hipódromo haciendo valer la superioridad italiana, aplastante y reflejada en cada instante de carrera, Paolo Bettini se retiraba entre los honores rendidos por el resto de los líderes del ciclismo mundial. Su compañero de retirada Erik Zabel, Tom Boonen, Frank Schleck y los españoles Óscar Freire y Alejandro Valverde. Todos llegaban cinco minutos después del campeón, admirando al Don, restando mérito a la victoria de un Ballan que posiblemente estaba ante el cénit de su carrera deportiva.


El nuevo campeón se impuso a un grupo de rivales de menor postín, ciclistas que ahora mismo figuran en la segunda o tercera fila mundial. Sólo Davide Rebellin, Damiano Cunego y el propio Ballan se escapaban de esta norma; ciclistas de clase, con un palmarés más que digno para ser campeones del mundo. Matti Breschel les aguó la fiesta, se coló segundo en el sprint del grupo e impidió que los italianos llevaran a cabo un triplete histórico, la mayor exhibición desde aquella París-Roubaix de 1996 donde Mapei copó las tres primeras plazas con Museeuw, Bortolami y Tafi.

El resto de sus acompañantes, directamente, no tenían la altura necesaria para las circunstancias. Escaladores como Robert Gesink, Chris Anker Sörensen, Thomas Lövkist, Jurgen Van Goolen o el nacional Joaquín Rodríguez poco tenían que hacer en el llano. Nick Nuyens, Stefan Pfannenberger, Andrei Grivko y Fabian Weggman, sencillamente, no tenían la categoría ni la potencia para meterse en la lucha por las medallas. Sólo Breschel, aspirante a superclase con 24 años, pudo poner un cierto contrapunto a la fiesta italiana que tuvo lugar en Varese. Y al bochornoso espectáculo de los grandes favoritos. Y al ridículo de España.

Nada hacía presagiar, en principio, que este Mundial se convirtiera en un chasco absoluto para la selección española. El conjunto de Antequera presentaba un nueve de garantías, con cuatro medallistas en potencia como Óscar Freire, Alejandro Valverde, Samuel Sánchez y Alberto Contador. Este último renunció a sus posibilidades al poco de rebasar el ecuador de la carrera. Con él, los tres gregarios más débiles para el recorrido: Benjamín Noval, Ezequiel Mosquera y Luis León Sánchez. Sin embargo, a la par de esta decepción llegaba una agradable sorpresa: Juanma Gárate, con unas prestaciones insospechadas, tomaba una relevancia mucho mayor de la prevista.

Sobre todo cuando, a falta de cinco vueltas para el final, un grupo de nueve ciclistas donde se incluían tres italianos y tres españoles abortaba el intento de los tres valientes del día. Tres valientes que se escaparon y cubrieron más de ciento cincuenta kilómetros destacados con respecto al resto: Ricardo Ochoa (Venezuela), Chris Poos (Luxemburgo) y el ucraniano de Canet Oleg Chuzda. Éste fue el último en claudicar, y dejó en cabeza de carrera a ese grupo que parecía capaz de llegar hasta el final a poco que hubiera un cierto desacuerdo por detrás… y acuerdo en él.

Paolo Bettini, Alessandro Ballan y Damiano Cunego formaban el triplete italiano; Joaquim Rodríguez, Alejandro Valverde y el mencionado Juanma Gárate eran los representantes españoles. Junto a ellos, sólo otro hombre realmente peligroso: Alexandr Kolobnev (Rusia). Situación positiva tanto para España como para Italia: Boonen eliminado, Zabel y Ciolek eliminados. Además, ambos países contaban con dos balas ganadoras en la recámara: Davide Rebellin y Óscar Freire. Sin embargo, no hubo acuerdo: en lugar de colaborar, España torpedeó al grupo en un principio con los ataques de Joaquín Rodríguez. El objetivo, que fuera Italia la única que tirara del grupo para reservar así al resto de corredores españoles. El resultado, ‘Purito’ renunciando a su intentona y pasando a colaborar junto a Gárate para mantener con vida la fuga. Sin embargo, fue demasiado tarde: Bélgica y Alemania sí aunaron fuerzas desde el principio para anular esta escaramuza y consiguieron hacerlo.

Después, momentos de nervios. Lucha constante, ataques por parte de distintos ciclistas de países que no podían aspirar al triunfo. Geoffrey Lequatre, Kristian Fajt… Juanma Gárate… todos ellos intentaron burlar al pelotón, conscientes de que no lo iban a hacer salvo milagro. Algo similar debían pensar los que, en el falso llano final de la penúltima vuelta, tensaron el grupo. Greg Van Avermaet, Matti Breschel y tres omnipresentes: Alessandro Ballan, Joaquín Rodríguez y Fabian Weggman, hicieron camino para su propia sorpresa. Por detrás fueron formándose grupos perseguidores. Algunos llegaron, como el de Rebellin y Cunego; otros, como el del asturiano Samuel Sánchez, no. Los favoritos, mientras tanto, rodaban y saludaban a un Bettini que se autoerigía como la mayor estrella de estos Campeonatos del Mundo de Varese gracias a su retirada y al poder derivado de una especie de caciquismo.

Un grupo de quince afrontaba en esta situación la subida a la ‘salita di Ronchi’, un repecho relativamente sencillo cuya dureza se vio aumentada por la acumulación de kilómetros. Los ataques constantes de los ciclistas italianos, con la participación de secundarios como Pfannenberger, eliminaron al mejor velocista que viajaba en cabeza, Greg Van Avermaet. Amén de mermar a algunos corredores que podrían haber tenido algo que decir. Aunque el movimiento decisivo no llegaría hasta a falta de tres kilómetros de meta.

Fue entonces cuando Alessandro Ballan se puso de pie durante apenas tres segundos, siguiendo con los incontables demarrajes por parte de los azzurros en los últimos kilómetros. Después, puso el plato más grande y el piñón más pequeño. Sentado, imperturbable, se abrió casos por los falsos llanos hasta el hipódromo donde se situaba la meta. Allí levantó las manos. Allí Cunego golpeó el manillar un instante después, algo así como rabioso por no haber ganado.

Allí, tras cinco minutos de espera, llegaban Bettini y Tosatto erguidos sobre la bici y sonrientes. Gran parte del resto de ciclistas que les acompañaban no aplaudió porque aún le quedaba cierta vergüenza. No se puede reventar todo un Campeonato del Mundo para darse un homenaje rodeado de amigos y siervos. Y eso algunos lo sabían.

Las Bielas de la Rabassa

1. Cabreo general con Televisión Española. Si ya era un poco mosqueante que antepusieran la ceremonia de inauguración de los Juegos Paralímpicos a su producto estrella del mes, emitiendo sólo una hora de uno de sus momentos álgidos, la no-retransmisión ofrecida no hace sino acrecentar la sensación de que la Vuelta no está demasiado bien tratada por el Ente.

2. Dentro de la fuga, poco nivel para las circunstancias que acaecían. Meersman y De Maar son muy jóvenes, sin el brillo de los superclases y más rodadores que escaladores. Alessandro Ballan, clasicómano de gran nivel, no parecía el más adecuado para ganar una etapa en los Pirineos. Y, por parte española… Por un lado Iñigo Landauze, acusado desde su propio equipo de no haber dado en toda la temporada su máximo nivel, aquel que le permitió imponerse en una Dauphiné Liberé aguantando heróicamente la diferencia obtenida gracias a una fuga también heroica…

…Y, por el otro, el navarro Xabier Zandio, excelente ciclista de equipo que, sospecho, no acaba de saber correr para sí mismo. Sus resultados individuales son pobres, no corresponden con su valía: figuran en su palmarés la Clásica de los Puertos 2005, obtenida tras estirar un magnífico estado de forma que le llevó a terminar segundo y cuarto en dos etapas del Tour que, precisamente, ganaron otros dos españoles (Pereiro, en Pau, y Serrano, en Mende); y una Vuelta a Burgos, que se adjudicó hace más o menos un mes gracias a la renta acumulada con la fuga del primer día. También a que su oponente fue su hoy compañero de fuga Landaluze, quien confió demasiado en sus posibilidades y sólo empezó a demarrar en el terrible último kilómetro de las Lagunas de Neila. Demasiado tarde, victoria para un Zandio que hoy era el mejor escalador de la fuga… y fue el primero en quedarse.

3. Cedió Valverde y se animó la cosa. Selección natural provocada por el ataque del pundonoroso Ezequiel Mosquera, que quiso buscar unos segundos de renta sabedor de que los favoritos se habían quedado como los gatos cuando están en peligro: quietos, mirando fijamente al infinito a la espera de novedades. El estado de alerta felina se rompió, aceleración provocada por la inercia de la competición. Cede Valverde, se queda con él Losada; Dani Moreno y Joaquim Rodríguez no. Esto deja bien a las claras quién no es el líder del equipo Caisse d’Épargne; coherencia con respecto a las declaraciones pre-carrera.

Finalmente, sólo un demarraje de Alberto Contador impidió que todos llegaran de la mano. Detrás llegaron Antón, Leipheimer y Rodríguez; un poquito descolgado respecto a ellos, un Carlos Sastre al cual le faltó cambio de ritmo. Seguidamente, Dani Moreno, Van Goolen…

4. La victoria de Ballan es un indicador. Ni más ni menos. Deja bien a las claras el desinterés que ha habido hoy por mover el pelotón, que sólo ha existido en el momento en que Valverde ha cedido. No es que Alessandro sea un corredor de poca monta; sencillamente, la alta montaña no es su terreno y, si gana, es porque el nivel de los escaladores no ha sido excesivamente alto. Lo mismo se podría decir a bote pronto de Davide Rebellin; sin embargo, olvidaríamos que fue 7º en el Giro hace más o menos una década. También que, físicamente, con el paso de los años se pierde explosividad y se gana en fondo, necesario para aguantar con los mejores en montaña.

5. Capítulo de decepciones. Robert Gesink, colocado como candidato a todo por los que más seguimos el ciclismo, nos dejó un poco mal. Pero si hablamos de quedar mal… De todas mis apuestas de ayer, sólo cumplió Moreno. Popovych, Pedraza, Eskov y Velasco no aparecieron. Cunego perdió tiempo, si bien pocos contaban con él para la general. Andalucía – Cajasur hizo buenos los pronósticos, no metió a nadie en carera; y no ya luchando por la etapa, sino en la fuga. La Vuelta puede ser un via crucis para el bloque de Martínez Oliver y Cabello.

Destacable el comportamiento de Chavanel. Para nada decepcionante; ha defendido el maillot oro con dignidad y finalmente lo ha cedido por omisión de sus compañeros de equipo, demasiado confiados en la combatividad de Astaná en busca de neutralizar a la fuga.

Edición: Andalucía – Cajasur sí ha metido a alguien entre los primeros. Se trata del jienense Javier Moreno, que ha llegado en una dignísima 16ª posición. Muy buenas prestaciones para el ex Extremadura, buen finalizador cuando la carretera se empina que hoy ha demostrado aptitudes para la alta montaña.